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TENSIÓN LABORAL EN FRANCIA

Nueva jornada de huelga en los trenes franceses

El enfrentamiento entre los ferroviarios y el Ejecutivo de Macron se recrudece

Irene Casado / París

Trenes en la estación de Sotteville-les-Rouen.

Trenes en la estación de Sotteville-les-Rouen. / CHARLY TRIBALLEAU / AFP

La batalla entre el Ejecutivo de Emmanuel Macron y los trabajadores del ferrocarril está lejos de apaciguarse. Mientras la Asamblea Nacional adoptaba, el martes 17 de abril, en primera lectura, el proyecto de reforma de la empresa estatal del ferrocarril, la SNCF, los sindicatos se han movilizado este miércoles en una nueva jornada de huelga.

Los trabajadores de la SNCF, el equivalente de Renfe en Francia, rechazan el grueso de esta reforma: la supresión del estatuto especial de los empleados de la compañía y la apertura de diferentes líneas a la competencia. Los sindicatos temen que la apertura del sector termine desembocando en su privatización, un miedo que Macron se apresuraba a minimizar el pasado domingo 15 de abril: “No quiero privatizar la SNCF, no tendría ningún sentido”, aseguraba durante una entrevista concedida a BFMTV y Mediapart. Un pasaje televisado donde anunció, además, que el Estado asumirá parte de la deuda de la empresa a razón de 10 millones de euros durante diez años.

Si bien el presidente francés trataba de calmar los ánimos con sendos anuncios, el tono conciliador se desvanecía al referirse al estatuto especial del que gozan los ferroviarios y que está en el centro de sus protestas: “Todos los regímenes especiales terminarán desapareciendo (…) No se trata de estigmatizar a los ferroviarios. Nos encontramos frente a unas reglas donde no hay polivalencia. Sus horarios de trabajo no son coherentes con los del resto de la sociedad”, apuntaba. Un discurso que cuadra con su intención de “llegar hasta el final” en esta polémica reforma.

Así, por ahora, Macron no dará su brazo a torcer, tampoco lo harán los trabajadores y sindicatos que este miércoles inician su séptima jornada de huelga intermitente. El cuarto episodio de esta inédita forma de protesta, donde los parones en los servicios de transporte ferroviario se limitan a dos días por semana, ha sido secundado por el 32% del personal de la SNCF, entre ellos el 63% de los conductores. Su incidencia está lejos de ser desdeñable: sólo circula uno de cada tres trenes de alta velocidad (TGV), el tráfico de los trenes de cercanías se encuentra “muy perturbado”, según un comunicado de la SNCF, y la circulación de los Intercités se limita a uno de cada cinco.

Reclamación del reembolso

En este contexto, los usuarios, afectados desde principios de abril por estos parones, piden cuentas a la compañía ferroviaria. Una treintena de asociaciones de usuarios y de colectivos reclaman el reembolso integral de los bonos de transporte de la compañía: “Los usuarios son las víctimas colaterales en este conflicto y, a menudo, la SNCF no es ni siquiera capaz de asegurar nuestros asientos, ni los horarios, ni advertirnos de las cancelaciones o retrasos”, protestan en una petición publicada en la web change.org,  que reúne la mañana de este miércoles más de 42.000 firmas.

El descontento de los usuarios no sólo se traduce en críticas dirigidas a la empresa, sino también en un frágil apoyo de la opinión pública a las protestas de los ferroviarios. Según un sondeo realizado por IFOP, los pasados días 12 y 13 de abril, sólo el 46% de los franceses considera legítima esta huelga.

Frente a estas cifras, los sindicatos apuestan por “una convergencia de luchas”. Para ello, el sindicato CGT ha convocado, el jueves 19 de abril, una primera jornada nacional de movilización interprofesional. A los ferroviarios, estudiantes, trabajadores de Air France, empleados de Carrefour, que desde hace semanas protestan por las diferentes reformas que les conciernen, se sumará el sector de la energía y la RATP (la compañía responsable del transporte público en París e Île de France).

"Convergencia de luchas"

El martes 17 de abril, Sébastien Menesplier, secretario general de la CGT Minas-Energía, anunciaba su apoyo a la “convergencia de luchas”: “Restableceremos los servicios de energía a las familias que son víctimas de los impagos (…) cortaremos la electricidad a las empresas que criminalicen las huelgas”.

Medidas destinadas a obtener el visto bueno de la opinión pública y a mostrar que las protestas de los ferroviarios contra las reformas del Ejecutivo no son un caso aislado, sino un importante malestar social que Macron no puede ignorar. 

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