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Indiferencia ante el cambio

Los cubanos asisten de reojo al relevo presidencial por el continuismo que se prevé del nuevo jefe del Estado

RICARDO MIR DE FRANCIA / LA HABANA (ENVIADO ESPECIAL)

Un cubano sigue en su restaurante la sesión de la Asamblea Nacional.

Un cubano sigue en su restaurante la sesión de la Asamblea Nacional. / REEUTERS / STRINGER

En las calles de Centro Habana, el barrio tantas veces retratado en las novelas sucias, crudas y supurantes de sexo de Pedro Juan Gutiérrez, las grúas tiran abajo un edificio que se había vuelto inhabitable por la propia inercia del tiempo. "A esos les van a dar una casa, fuera de aquí, pero una casa, no se pueden quejar", exclama un jubilado que bebe ron en un vaso de plástico. Sentado en un descansillo, dice llamarse Luis a secas y, como tantos otros de su generación, siente nostalgia por Fidel, el hombre que le dio un futuro cuando tenía 12 años y se dedicaba a lavar ropa en un convento de monjas."Todo el mundo no es líder. Raúl era el segundo de Fidel. Era más militar. Hablaba poco. No es lo mismo, compadre". Luis se refiere al todavía presidente cubano en pasado, como si la historia ya hubiera pasado página, cuando todo indica que su sombra seguirá planeando inmutable sobre la isla.

La muerte del Comandante hace dos años sumió a los cubanos en un profundo silencio, una suerte de luto colectivo donde se mezclaban la incertidumbre y el desgarro emocional por los sentimientos viscerales que su figura deparaba. Pero este cierre de época no parece despertar más que indiferencia.

El aparato oficial no ha preparado grandes actos ni ceremonias para escenificar la trasferencia de poder. En la calle pocos quieren hablar del tema en público. Y hay incluso quien dice desconocer que Raúl Castro se despida de la presidencia esta semana. Después de más de medio siglo de poder personalizado, lo que podría tener hechuras de acontecimiento sísmico, se percibe como un capítulo más en un libro donde el cubano de a pie no es más que un personaje secundario.

Salarios de 30 euros al mes

"Estoy acostumbrado a que todo sea de la misma manera. Nací en 1983, no espero muchos cambios. Siempre el mismo gobierno y las mismas doctrinas. Esto es un disco rayado", dice un treintañero que trabaja en una tienda del Estado. Las reformas de Raúl Castro para abrir la economía a iniciativa privada, atraer la inversión extranjera y renegociar la deuda con el exterior han dinamizado ligeramente la economía. El problema es que las carencias y las estrecheces siguen abundando.

Por más que cerca de los grandes hoteles proliferen las tiendas de lujo, la mayoría de cubanos no pueden permitirse sus dulces, con unos salarios que rondan de media los 30 euros al mes.Y el que puede pagarse una vida más holgada no siempre encuentra lo que busca por el desabastecimiento. "Aquí hay bastante gente que sigue pasando necesidad. Mucho más que libertades políticas, la gente quiere que suban los salarios y mejore la economía”, afirma un taxista de nuevo cuño.

El nuevo Gobierno planea acabar con la doble moneda, un auténtico quebradero de cabeza para los cubanos, no solo porque hay tasas de cambio distintas para diferentes sectores de la economía, sino porque muchos cobran el devaluado peso cubano y tienen que comprar artículos que ya son de primera necesidad en pesos convertibles, con precios más propios de Europa o EEUU. Pero el embargo estadounidense y el estrecho control estatal de la economía siguen limitando el desarrollo cubano.

"Si protestas, te llevan preso"

"Raúl ha hecho más que Fidel. Ha mejorado el transporte, ha permitido los negocios por cuenta propia y hay más posibilidades para moverse. Si tienes dinero puedes viajar", dice un músico que se busca la vida con los turistas. "Pero en lo político, nada ha cambiado. Si protestas, te llevan preso y nada indica que eso se vaya a acabar con el nuevo presidente". El músico no quiere que el capitalismo arrase con el modelo cubano, que se lleve la educación y la sanidad gratuitas o la seguridad que impera en el país, pero sí le gustaría ver una transición hacia la socialdemocracia. Un término que emplean otros al plantearse su ideal de futuro.

En los últimos años, no obstante, se han abierto espacios de diálogo que antes apenas existían con los cambios tecnológicos. La censura sigue viva, pero hay blogueros críticos con el sistema que escriben desde Cuba o artistas que pueden expresarse entre líneas. "Yo creo que es necesario que los cubanos salgan más de Cuba para poder apreciar lo que tenemos. Es verdad que las cosas están cambiado demasiado lentamente, pero esto se está moviendo", dice un pintor veinteañero en una galería del Paseo del Prado. 

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