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LIBRO POLÉMICO

El exjefe del FBI compara a Trump con un capo mafioso

Comey realiza en su libro de memorias un relato demoledor del presidente estadounidense

El presidente y sus aliados responden con una campaña para atacar la reputación del antiguo republicano

Idoya Noain

Imágenes de archivo del exdirector del FBI, James Comey, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 

Imágenes de archivo del exdirector del FBI, James Comey, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.  / NICHOLAS KAMM (AFP)

James Comey, el director del FBI al que el presidente de Estados Unidos despidió en mayo del año pasado, no puede asegurar que Donald Trump haya violado la ley. Deja determinar eso en manos de Robert Mueller, el fiscal especial nombrado tras su cese fulminante para investigar el 'Rusiagate'. Pero en ‘Una lealtad superior’, su libro de memorias, Comey hace un devastador retrato moral del ocupante de la Casa Blanca, un líder al que compara con capos mafiosos y al que acusa de no tener valores éticos ni respeto a las instituciones y a la verdad.

Aunque el libro sale a la venta el martes varios medios se han hecho ya con ejemplares. Y la guerra que se anticipaba a partir del domingo, cuando se emite en ABC la primera entrevista de la gira promocional de Comey, se ha adelantado. Trump ya ha tuiteado furioso, acusándole de haber mentido bajo juramento y de haber filtrado información clasificada e insultándole como “un gusano”. El Comité Nacional Republicano ha lanzado una web atacando también al antiguo republicano. Y hay orquestada una campaña mediática conservadora para contrarrestar las apariciones, declaraciones y entrevistas de Comey.


Prostitutas y lluvia dorada

Los medios estadounidenses ya están llenos de pasajes de las 304 páginas y algunos es seguro que van a sacar de quicio a Trump. En especial, aquellos en los que Comey cuenta como el presidente obsesivamente, en al menos cuatro ocasiones, intentó que el director del FBI probara como falsas acusaciones incluidas en el llamado dossier ruso preparado por el exespía británico Christopher Steele que dicen que Trump estuvo con prostitutas rusas en un hotel de Moscú y les instó a hacer una lluvia dorada en la cama donde habían dormido Barack y Michelle Obama.

Contando los detalles de ese supuesto encuentro, las explicaciones de Trump de que era impensable que hubiera ocurrido por su fobia a los gérmenes y su supuesta falta de necesidad de recurrir a prostitutas y su empeño en que lo desmintiera porque “le molestaba que hubiera incluso un 1% de posibilidades de que su esposa, Melania, pensara que era verdad”, Comey demuestra que sabe como meter el dedo en la llaga.

Su libro, no obstante, va más allá del morbo. Profundiza en algunos episodios que ya narró ante el Congreso, como la petición de Trump de que "dejara pasar" la investigación de Michael Flynn, entonces su asesor de seguridad nacional y luego imputado por Mueller. Y compone un demoledor retrato de una presidencia que define como un “incendio forestal” y de un presidente que denuncia que “ha creado un capullo de realidad alternativa en la que va metiendo a todos” y que le despertó recuerdos de la Mafia que conoció en su época como fiscal. “El pacto de silencio. El jefe en control absoluto. Los juramentos de lealtad. La visión de un mundo nosotros contra ellos. La mentira sobre todo, lo pequeño y lo grande, al servicio de algún código de lealtad que pone a la organización sobre la moralidad y la verdad”.

Comey apunta también a la responsabilidad de los republicanos por quedar “callados mientras un presidente busca sin pudor minar la confianza pública en instituciones de ley que se establecieron para mantener controlados a nuestros líderes”. Alerta de que “lo que está pasando no es normal. No son noticias falsas. No está bien”. Y dicta su sentencia de condena en el epílogo: “Este presidente no es ético, está desvinculado de la verdad y de valores institucionales. Su liderazgo es transaccional, dirigido por el ego y construido sobre la lealtad personal”.

Obama, Kelly y la Administración Bush

Comey aborda la polémica por la investigación sobre los correos de Hillary Clinton, que reabrió y cerró a unos días de los comicios, y cuenta que el presidente Obama le dijo que mantenía su percepción sobre su integridad.

También asegura que John Kelly, entonces secretario de Seguridad Interior, le llamó y se declaró “enfermo” por su cese y le “dijo que no quería trabajar para gente deshonrosa”. Comey le urgió a no hacerlo. “El país necesita gente con principios alrededor de este presidente”. Kelly es hoy jefe de gabinete.

Mirando más hacia atrás, Comey culpa a la Administración Bush de haber justificado con la guerra contra el terrorismo “estirar la ley, cuando no romperla".

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