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decisión judicial

Brasil contiene el aliento ante la posible condena a prisión de Lula da Silva

El Tribunal Supremo debe pronunciarse si el exmandatario es culpable o no en un caso de corrupción

De la decisión judicial final depende su carrera a la presidencia, de la que es el claro favorito

Abel Gilbert

Un ciudadano representa a Lula encarcelado, en una manifestación frente al Supremo. / VÍDEO: EFE / FOTO: AP / DOUGLAS MAGNO

El Supremo Tribunal Federal (TSF), la principal autoridad judicial de Brasil, debe resolver este miércoles si el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva,  favorito según las encuestas en las elecciones del próximo 7 de octubre, ingresará o no en prisión para cumplir una condena de 12 años por corrupcion, una acusación de intercambio de favores que no ha podido ser probada.  El país está pendiente de la decisión de 11 magistrados. Los enemigos declarados de Lula ya se encomiendan a la Providencia. Imploran que el TSF rechace el habeas corpus pedido por su defensa.

El fiscal Deltan Dallagnol,  un confeso evangélico que encabeza el equipo de investigadores de la causa “Lava Jato” que sacó a luz una extensa y compleja trama de corrupción política, se ha entregado al ayuno y a la oración para que el candidato que cuenta con una intención de voto cercano al 40% entre en un calabozo en Curitiba, en el estado sureño de Paraná. 

“No estoy aquí por mi derecho a ser candidato. Quiero que dejen de mentir y me devuelvan la inocencia”, dijo el lunes por la noche Lula en Río Janeiro durante un acto que contó con la presencia de la viuda de Marielle Franco, la activista asesinada días atrás. Lula fue sentenciado en dos instancias por haber aceptado como soborno un departamento en el balneario paulista de Guarujá de parte de una constructora, aunque no se encontró una sola prueba incriminatoria. El expresidente nunca ha ocupado ese inmueble, ni siquiera lo conoce. A los jueces les ha bastado sin embargo con tener la “convicción” de la existencia del delito.

Los medios brasileños, en especial la influyente cadena 'O Globo' ha promovido el dictamen. Hasta en Netflix se propaga como verdad revelada la culpa de Lula. “El mecanismo”, la serie sobre el entramado de corrupción descubierto en la petrolera estatal Petrobras, presenta a una sosías de Lula y de Dilma Rousseff. Lula ha anunciado que demandará a la plataforma de 'streaming'. Rousseff, por su lado, ha dicho que  “El mecanismo”, dirigida  por José Padilha, es una acumulación de las mismas “fake news” que dieron pie al golpe parlamentario en su contra.

Hablan los militares

La antesala de las deliberaciones de la principal instancia judicial no están exentas de presiones que llegan más allá de los principales medios de comunicación. El general Eduardo Villas Bôas, comandante del Ejército, habló en las vísperas del pronunciamiento del Supremo  como si lo hiciera en nombre de su fuerza. El Ejército, dijo, “comparte el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, a la paz social ya la democracia, así como se mantiene atento a sus misiones institucionales”. Y añadió: “en esa situación que vive Brasil, queda preguntar a las instituciones y al pueblo quien realmente está pensando en el bien del país y de las generaciones futuras y quién está preocupado sólo con intereses personales?”. Horas antes, otro general, Luiz Gonzaga Schroeder Lessa, se aventuró a predecir qué pasaría si el dictamen favoreciera a Lula. “Si ocurre semejante apartamiento de la ley, ahí no tengo duda de que sólo queda el recurso a la reacción armada. Ahí es el deber de la Fuerza Armada restaurar el orden. Pero no creo que lleguemos a eso”.

Escalda de violencia

El tribunal está dividido en dos grupos simétricos. El voto de uno de sus miembros, la jueza Rosa Weber es el que acabará decidiendo el futuro del expresidente. El juez Sergio Moro, quien inició la cruzada contra Lula, le ha pedido públicamente que siga su ejemplo y baje el pulgar al fundador del Partido de los Trabajadores (PT).

Las discusiones del Supremo en Brasilia están precedidas por inéditos episodios de violencia política. No solo por el asesinato de la activista Marielle  Franco en Río de Janeiro. Una caravana encabezada por Lula ha sido atacada a tiros en el sur del país. “El límite de la confrontación es provocar daño a la integridad física de un opositor. En Brasil no hemos establecido ese límite”, ha advertido el sociólogo Sergio Adorno.

“Hay una escalada protofascista en Brasil, animada fundamentalmente por Internet”, ha asegurado el candidato presidencial Ciro Gomes.  “Entramos claramente en una fase cada vez más explícita de guerra civil. Espanta que el gobernador paulista Geraldo Alckmin naturalice el atentado al considerar que Lula lo merecía, ignorando completamente la diferencia entre la violencia simbólica y real del exterminio”, ha señalado el ensayista Vladimir Safatle. Seguidores de Jair Bolsonaro, un exoficial del Ejército que exalta la tortura y repudia a los homosexuales y las minorías de toda clase, no han sido ajenos al ataque contra el expresidente. Bolsonaro  tiene una intención de voto del 15%.

El PT todavía confía en un milagro: que el TSF tarde meses en aclarar su resolución e incluso que el juicio que acorrala a Lula pueda ser revisado. Aunque el exmandatario evite este miércoles la cárcel, su postulación de cara a octubre no está garantizada. En virtud de una ley promovida por el mismo PT años atrás, un ciudadano con condena en segunda instancia no puede presentarse a las elecciones. Lula mantiene su convicción de que puede desafiar al destino. En cada mitin repite: “si me matan, seré mártir; si me meten preso, seré héroe; si me dejan libre, seré presidente”.

Los sueños de Temer

El presidente interino Michel Temer vuelve a estar en apuros por cuestiones de corrupción. El reciente arresto de dos amigos de extrema confianza sospechados de ser sus testaferros, el abogado José Yunes y el coronel del Ejército João Batista Lima Filho, volvió a trazar un cerco a su alrededor.  Temer ha asegurado que se trata de una conjura con la que se busca disuadirlo de presentarse en las elecciones de octubre. Las últimas encuestas no lo invitan al optimismo: su popularidad no pasa el 5%.

Temas: Brasil

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