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FUERZA DEL GIGANTE ASIÁTICO

El presidente Xi advierte que China está preparada "para pelear guerras sangrientas"

El líder chino dice que "cualquier acción o truco encaminado a dividir el país están condenadas al fracaso"

El mandatario muestra su cara más nacionalistay populista ante los 3000 delegados de la Asamblea Popular

Adrián Foncillas

Xi Jinping camina frente a los delegados de la Asamblea Popular.

Xi Jinping camina frente a los delegados de la Asamblea Popular. / REUTERS / DAMIR SAGOLJ

El presidente chino, Xi Jinping, se ventiló un discurso sobre el auge de China en la clausura de la sesión parlamentaria anual que había servido para certificar el suyo. El mensaje es claro: presidente y país van de la mano en busca de la grandeza que la Historia les debe, solo él puede pilotar China por la senda pedregosa y cualquier obstáculo es eliminado en nombre de su cometido mesiánico. Lo mismo dan los límites temporales de la presidencia que Xi se ha fumado para eternizarse que la casuística que reservaba el protagonismo de la Asamblea Nacional Popular al primer ministro. La interesante rueda de prensa que ofreció Li Keqiang sobre economía cuando Washington alienta la guerra comercial fue empujada a los márgenes mediáticos por los titulares disparados por Xi, alfa y omega de la política china desde que emergió cinco años atrás.

La intervención de Xi dará munición a los que airean el peligro amarillo. “China está preparada para luchar guerras sangrientas contra sus enemigos”, dijo ante los casi 3.000 delegados. “El pueblo chino ha entendido desde la antigüedad que nada es gratis. Para ser feliz, tienes que pelear por ello”, añadió. El presidente ahondó en ese nacionalismo populista que cala fácilmente en un pueblo que aún recuerda la rapiña colonialista y el salvaje imperialismo japonés.

Conceptos manidos

Xi frecuentó conceptos ya manidos como el prometido “rejuvenecimiento” de la nación y la ocupación del “lugar debido en el mundo”, descrito como un entorno de resentidos hacia el auge chino. No extraña que el presidente se detuviera en Hong Kong y Taiwán, asuntos obligados de la política nacional. Un movimiento juvenil independentista cada vez más fragoroso ha arraigado en la excolonia mientras Estados Unidos ha revuelto el estrecho de Formosa con la ley que permite a sus altos cargos visitar a sus homólogos en la “isla rebelde”. Donald Trump sabe que el camino más corto para sulfurar a China es Taiwán.

“Cualquier acción o truco encaminados a dividir China están condenados a fracasar y se toparán con la condena del pueblo y el castigo de la historia”, advirtió. “Los chinos comparten la creencia de que nunca será permitido separar una sola pulgada del territorio de nuestro gran país”, añadió. La integridad territorial es un asunto muy serio para los chinos, que asimilan unidad con fortaleza y cualquier escisión a aquella debilidad que Occidente aprovechó para cuartearla. Con ese discurso inflamado Xi pretende satisfacer a la audiencia interna más que asustar al mundo y en ese contexto debe ser interpretado. También matizó que el auge chino no debería preocupar a nadie y que "solo los que están acostumbrados a amenazar ven a los demás como una amenaza".

Invento chino

En el discurso nacionalista cabía de todo, desde la pólvora a Confucio, hasta desembocar en el socialismo. No es un invento chino pero nadie enarbola su bandera hoy como Pekín. “La Historia ha probado y continuará probando que sólo el socialismo puede salvar a China, y que sólo defendiendo y desarrollando el socialismo con características chinas puede ayudarnos a conseguir el gran rejuvenecimiento de la nación china”, avanzó.

Li Keqiang, un primer ministro cada vez más arrinconado por la hambre mediática de Xi, tocó los dos temas de la agenda con mucha más mesura. Sobre el primero, la guerra comercial a la que aboca Donald Trump, aclaró que es preferible “actuar racionalmente antes que dejar llevarse por las emociones”. Washington estableció recientemente aranceles al acero y aluminio y prepara nuevas medidas restrictivas dirigidas concretamente a bienes chinos que, en opinión de Trump, derivan del robo de tecnología estadounidense. El escenario está, pues, preparado para un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles. “Nadie emergerá como ganador de una guerra comercial”, avanzó Li.

El primer ministro también defendió el libre comercio cuando Estados Unidos o Londres regresan al rancio proteccionismo. “La economía china se ha integrado tanto en la mundial que cerrar la puerta sólo serviría para bloquear nuestro desarrollo. Li prometió que las compañías locales y extranjeras competirán en el mercado chino en igualdad de condiciones.

En la rueda de prensa, coreografiada como el resto de la asamblea, casi una decena de periodistas extranjeros tuvo la oportunidad de preguntar al primer ministro las cuestiones que antes habían pactado. Ninguno hizo referencia al final del límite temporal presidencial por el que será recordado esta edición. 

Temas: Xi Jinping China

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