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MOTOR ECONÓMICO

Trump viaja a su principal frente de guerra: California

El presidente de EEUU llega este martes al estado que encabeza la resistencia en inmigración y medioambiente

El fiscal general californiano ha presentado 28 demandas para frenar iniciativas de la Administración

Idoya Noain

Activistas durante una concentración contra la visita de Trump a California, en San Diego, el 12 de marzo.

Activistas durante una concentración contra la visita de Trump a California, en San Diego, el 12 de marzo. / REUTERS / MIKE BLAKE

California es el estado más poblado de Estados Unidos y el más diverso, con más de 10 millones de inmigrantes (un cuarto del total nacional) y con el 27% de sus 39 millones de habitantes nacidos fuera. Es también el motor económico del país, uno que puede presumir de que, si fuera independiente, representaría la sexta economía más grande del mundo. Bastión histórico progresista, es también el núcleo de la resistencia a la presidencia de Donald Trump, con 28 demandas presentadas por la fiscalía estatal contra las políticas de su Administración, desde en inmigración hasta en medioambiente. Y este martes Trump viaja finalmente al frente de batalla.

La tensión precede a la visita, de escasas 24 horas, que incluirá una parada en la frontera entre San Diego y Tijuana para observar los ocho prototipos que está probando el Departamento de Seguridad Nacional para el polémico muro con México, que Trump alzó como una de las promesas centrales de su campaña y ha seguido impulsando en la presidencia. Y se esperan manifestaciones tanto a favor como en contra de Trump, que en las elecciones de noviembre del 2016 obtuvo los peores resultados de un republicano en California (con un voto por cada dos de Hillary Clinton, que acabó con 4,3 millones de papeletas más).

Guerra verbal y legal

Esa tensión la han alimentado en los últimos días Trump y su equipo, enfrentados a California sobre todo por la política migratoria y por los esfuerzos locales y estatales para proteger a los inmigrantes sin papeles en los llamados territorios “santuarios”. Y es una guerra verbal y legal.

En su discurso semanal este sábado, el presidente acusó a California de estar “dando refugio a peligrosos criminales en un descarado e ilícito ataque al sistema constitucional”, denunció que sus líderes están en “desafío abierto de la ley federal” y aseguró que “no les importa el crimen, no les importa la muerte y los asesinatos, no les importan los robos”.

Ya la semana pasada, su hombre al frente del Departamento de Justicia, el fiscal general Jeff Sessions, acudió en persona al estado para anunciar una demanda contra tres leyes californianas que impiden que municipios y empresas asistan a agentes federales en sus esfuerzos para deportar inmigrantes sin papeles. Según la Administración, esas normas no solo violan la Constitución sino que ponen en peligro a agentes federales. Y Sessions llegó a hablar de “secesión” y de una “agenda radical de fronteras abiertas”.

En el otro lado del duelo se situa el gobernador californiano, el demócrata Jerry Brown, que la semana pasada acusaba a Washington de “ir a la guerra”. Este lunes, en un tono más diplomático, ha enviado una carta abierta al presidente donde ha recordado los éxitos del estado donde “el futuro pasa primero”, como dijo un predecesor de Trump, George W. Bush. “Nuestra prosperidad no se construye sobre el aislamiento. California prospera porque damos la bienvenida a inmigrantes e innovadores de todo el mundo”, ha escrito Brown, que ha instado a Trump a no centrarse en muros sino en “puentes y viaductos” y le ha animado a visitar proyectos como el del primer tren de EEUU de alta velocidad (un proyecto que uniría Los Ángeles y San Francisco pero que va muy por detrás del calendario previsto y muy por encima del presupuesto, que se calcula que se puede disparar a entre 77.000 y 93.000 millones de dólares).

La atmósfera está caldeada también por otros enfrentamientos. El gobernador Brown se ha alzado como abanderado de iniciativas de lucha contra el cambio climático, especialmente tras la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París. Sacramento y Washington también han chocado por la legalización de la marihuana para uso recreativo, que entró en vigor el 1 de enero y tras la que Sessions retiró varias iniciativas federales de Barack Obama. Y entre las 28 demandas del fiscal estatal, el también demócrata Xavier Becerra, hay retos también a nuevas regulaciones federales en sanidad, educación o internet.

Apoyos y distanciamientos  

A Trump (el primer presidente desde Dwight Eisenhower que no ha visitado California en su primer año de mandato) no le van a faltar muestras de apoyo, tanto por parte de defensores de la línea dura en inmigración como en la cena de recaudación de fondos que va a mantener en Beverly Hills y posiblemente en su paso por una base aérea de los Marines. Sin embargo, muchos políticos republicanos en el estado están marcando distancias con el presidente, especialmente los que enfrentan carreras complicadas en las elecciones de noviembre.

California, además, puede resultar desagradable para Trump por otros motivos. Es la cuna del Hollywood progresista con el que está sumido en una guerra cultural. Y en la ciudad de Los Ángeles es donde ha presentado una demanda para poder romper su silencio Stormy Daniels, la estrella del porno a la que un abogado del presidente pagó 130.000 dólares justo antes de las elecciones para acallar una relación sexual con Trump en el 2006.

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