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CRISIS EN CARACAS

El éxodo venezolano eleva la tensión en las fronteras con Colombia y Brasil

Más de medio millón de personas cruzan a Colombia y Brasil y decenas de miles llegan a Argentina, Chile y Perú

Las derivaciones políticas de la diáspora están teniendo un fuerte impacto regional

Abel Gilbert

Colas de personas que intentan cruzar la frontera desde Venezuela hacia Colombia, a través del puente internacional Simón Bolívar, en Cúcuta (Colombia), el 13 de febrero.

Colas de personas que intentan cruzar la frontera desde Venezuela hacia Colombia, a través del puente internacional Simón Bolívar, en Cúcuta (Colombia), el 13 de febrero. / REUTERS / CARLOS EDUARDO RAMIREZ

No retrocedemos ni pa’agarrar impulso”, dicen los que cruzan las fronteras sin volver la vista atrás. La diáspora venezolana se ha convertido en una bomba de relojería para el chavismo y en un problema regional que puede tener inesperadas derivaciones políticas. Colombia y Brasil reciben multitudes a diario en las ciudades de Cúcuta y Boa Vista, respectivamente. Hombres y mujeres, adultos, niños y ancianos, ingenieros y sin estudios; políglotas y con educación básica, alimentados o desnutridos,  buscan alcanzar ese “otro lado” al precio de trabajar de lo que sea o a la espera de una providencial ayuda pública, dispuestos a mendigar e incluso prostituirse, entrar en el circuito delictivo o terminar sus días en una fosa común, como les ocurrió a dos jóvenes en Cúcuta. Más de medio millón de venezolanos han entrado en Colombia. Unos 40.000 en Brasil. La salida en masa es un problema social, cultural y, también, electoral. La Mesa de Unidad Democrática (MUD) estima que, si se presentara a los comicios presidenciales del 22 de abril, contaría con medio millón de votos menos.

El Gobierno atribuye este flujo constante a una conjura de Estados Unidos con la colaboración de los países vecinos. Lo cierto es que este proceso tiene capítulos previos que suelen explicar el presente. El éxodo venezolano tuvo una primera oleada entre el 2000 y el 2005, en medio del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez y la huelga en la petrolera PDVSA que concluyó con el despido de 18.000 empleados. Una nueva ola se inició en el 2010 e involucró a empresarios y profesionales de clases media y alta. Tras la muerte de Chávez, en el 2013, tuvo lugar un nuevo impulso del flujo migratorio, especialmente hacia Colombia. Pero nada hacía prever lo que comenzó en el 2016. “El éxodo aumentó de manera exponencial”, señaló la revista bogotana 'Semana'. La prensa colombiana cuenta historias estremecedoras, de los que se van para siempre y aquellos que traspasaron la frontera solo para buscar comida y, al volver con sus pescados o quesos en maletas o mochilas, temen ser requisados. La comida suele estar en el centro de los relatos. 

Frontera caliente

El presidente Juan Manuel Santos anunció días atrás la militarización de la frontera colombiana y medidas de riguroso control que provocaron perplejidad en los venezolanos acostumbrados a llegar a Colombia por San Antonio de Táchira como si atravesaran un patio. “Colombia nunca vivió una situación así. Es un problema serio que está creciendo”, dijo. Santos calificó de “una locura” la denuncia del fiscal general venezolano, Tarek William Saab, de que la crisis fronteriza es uno de los pretextos para lanzar un ataque  militar contra su país. Por lo pronto, el presidente Nicolás Maduro ordenó realizar una vez más el próximo sábado los ejercicios de defensa civicomilitar Independencia para “demostrarle al mundo” que su país “se respeta”.

La diáspora venezolana trae, salvando distancias y contextos, el recuerdo de otras en Cuba y en la disuelta República Democrática Alemana (RDA). Unos 125.000 cubanos (el 1,3% de la población) salieron en 1980 por el puerto de Mariel hacia Estados Unidos con la bendición de James Carter después del masivo asilo que desbordó la embajada peruana en La Habana y derivó en una crisis diplomática bilateral. En septiembre de 1989, casi 20.000 ciudadanos de la RDA llegaron a campos de acogida de Austria y Hungría. A diferencia de lo que ocurrió en Cuba, la presión migratoria de los alemanes del Este fue el principio del fin del régimen. Menos de dos meses después, el 10 de noviembre, caía el Muro de Berlín. No faltan opositores al presidente Maduro que le asignan a los problemas derivados de la diáspora un potencial político capaz de incidir en la estabilidad del chavismo.

Hostilidad y discriminación

Los venezolanos no solo atraviesan fronteras terrestres a pie. Toman buses y aviones. La llegada de venezolanos creció un 1.600% en Argentina, donde ya se encuentran 31.000 personas. “Estamos facilitando el ingreso para que aquellos venezolanos que se ven prácticamente expulsados de su país puedan venir a Argentina a trabajar y formar parte de este proceso de desarrollo y crecimiento”, señaló el ministro de Interior, Rogelio Frigerio. De acuerdo con las autoridades chilenas, 13.159 venezolanos entraron en ese país por diversos pasos fronterizos. Una realidad que también se hace sentir en Perú. Y en todos estos países empiezan a aflorar situaciones de xenofobia y discriminación, hasta el punto que obligó al papa Francisco a hacer un llamamiento a chilenos y peruanos a evitar la intolerancia. “Vuélvanse”, escuchan, perplejos, muchos venezolanos que llegaron casi sin nada. Tragan saliva y se dicen para sí: “No retrocedemos ni pa’agarrar impulso”.