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TERREMOTO EN LA COOPERACIÓN

Oenegés en el huracán

Las organizaciones de ayuda humanitaria han introducido protocolos para prevenir abusos

Oxfam-Intermón en Catalunya denuncia una ofensiva de las élites contra un sector incómodo

Montserrat Radigales / Alba Sanfeliu / Barcelona

Un peatón pasa por delante de una tienda de Oxfam, en Londres, el 12 de febrero.

Un peatón pasa por delante de una tienda de Oxfam, en Londres, el 12 de febrero. / REUTERS / PETER NICHOLLS

El escándalo de abusos sexuales cometidos por miembros de Oxfam en Haití ha supuesto un cataclismo para las oenegés, un sector para el que el márchamo de respetabilidad es fundamental. Aunque los hechos afectan a la matriz británica de esa organización, es el conjunto de oenegés el que ha quedado en el punto de mira y el que, para evitar una injusta generalización, se defiende mostrando estrictos códigos de conducta con los que pretenden blindarse ante este tipo de comportamientos execrables.

Más allá del escándalo de Haití, 'The Sunday Times' reveló el pasado domingo que más de 120 trabajadores de oenegés británicas habían sido acusados de abusos sexuales el año pasado. De estos, 87 afectaban a Oxfam en Gran Bretaña. «Somos la organización a la que se le han detectado más casos, pero esto es porque ahora tenemos mecanismos para detectarlos que son muy efectivos», asegura a EL PERIÓDICO Francesc Mateu, director de Oxfam Intermón para Catalunya. «No estamos hablando de orgías [como en Haití]», precisa. «Puede que se trate simplemente de un piropo obsceno. Hay que tratarlo y darle respuesta, pero son cosas de gravedad muy distinta». Reconoce que el año pasado hubo en la oenegé en España unos cuatro o seis casos de esta índole.

El buzón

Mateu explica cuáles son los mecanismos de prevención que se han establecido. «Todos los trabajadores firmamos un contrato con cláusulas adicionales, que hay que cumplir tanto en la vida laboral como en la privada. Está prohibido contratar servicios sexuales aunque esté permitido en el país donde se trabaje. Además, se dispone de un buzón donde cualquiera en la organización puede denunciar un caso. Y estas denuncias las conocen quienes las tienen que conocer, no el jefe de quien denuncia. Hay unas personas específicas que se ocupan de esto, independientemente de la línea jerárquica. Ha funcionado bien».

Otra de las organizaciones salpicadas en el Reino Unido ha sido Save the Children. De las 31 denuncias recibidas, 16 terminaron en despidos y 10 se denunciaron a la policía. El director de esta oenegé en España, Andrés Conde, sostiene que pese a que los casos de abusos «son casos puntuales y aislados» no por ello son «menos condenables y repugnantes». «Aunque no hay entorno profesional libre del acoso sexual a mujeres, ni siquiera el nuestro, quizás en nuestro caso es más inaceptable que en cualquier otro. Nuestras organizaciones tienen el deber de tener protocolos de actuación mucho más exigentes que cualquier otra organización, porque trabajamos con colectivos muy vulnerables», añade este responsable.

Save the Children también ha establecido protocolos. Lleva a cabo procesos de selección en los que se hace «un escrutinio muy exigente sobre la persona y su perfil psicológico». Así, en España, «se exige un certificado negativo del registro de delincuentes sexuales». Hay un código de conducta que establece sanciones e incluso el despido para los distintos tipos de faltas. Conde explica que, al trabajar la organización con niños y niñas, hay una serie de normas de obligado cumplimiento: «Por ejemplo, no podemos estar en un espacio solos con los niños si no hay otra persona o otro profesional de Save The Children con nosotros. Y hay otras medidas». La política es de «tolerancia cero» ante cualquier comportamiento incorrecto.

Resulta incomprensible que cooperantes y trabajadores humanitarios, a los que se les supone una serie de valores, cometan actos execrables y que estos comportamientos se hayan reiterado en diversos conflictos y catástrofes. «Yo no lo entiendo», admite Mateu. Y añade. «No hemos de olvidar que, desgraciadamente, estamos en una cultura mundial machista y de poco respeto a la mujer. Si le sumas una situación de vulnerabilidad muy alta de la víctima, todo ello facilita que ocurra».

Mateu reconoce que hechos como lo de Haití afecta a las oenegés porque «socava la confianza por parte de la ciudadanía e incluso de los socios» y hará falta volver a ganar esta confianza. Pero deja también de manifiesto que hay sectores interesados en dañar a dichas organizaciones. «A ellos les vale cualquier excusa, y esta es perfecta».

Caza de brujas

«Es algo que me parece evidente», responde Mateu a la pregunta de si cree que hay una caza de brujas contra las oenegés. «Con esto no quiero quitar el foco de atención al problema. No es una excusa y asumimos la gravedad de los hechos. Pero, dicho esto, con una entidad como Oxfam que tiene una incidencia política importante -por ejemplo hizo un informe para la cumbre de Davos sobre las desigualdades en el mundo- hay toda una serie de élites, tanto económicas como políticas, que han visto en todo ello una excusa perfecta para el 'acoso y derribo', no solo de Oxfam. He visto que es una ofensiva contra las oenegés en su conjunto. He oído declaraciones del tipo ‘todas son iguales’».

Hay otros signos de esta ofensiva. Por ejemplo, las organizaciones humanitarias que rescatan a inmigrantes en el Mediterráneo y a las que algunos países (Italia, por ejemplo) acusan de tráfico de personas. O el caso de Helena Maleno, la activista y periodista, que salva vidas en el estrecho de Gibraltar alertando de la presencia de pateras o que denunció hechos como el de Tarajal, perseguida por la justicia inicialmente en España y ahora en Marruecos.

¿Cómo evolucionará todo esto? «Todas las tormentas acaban, pero cuando son fuertes como esta dejan rastro. Y me sabe muy mal porque a quien acabará perjudicando no es a las oenegés, que también, sino al destinatario del trabajo que hacemos y este será más vulnerable».