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¿DESHIELO EN CURSO?

Kim Jong-un aboga por alentar la reconciliación entre las dos Coreas

El líder norcoreano expresa sus satisfacción por el resultado del viaje de su delegación a los Juegos Olímpicos de Invierno

Adrián Foncillas

El líder norcoreano, Kim Jong-un, ha recibido con honores a su hermana y a la delegación que realizó un histórico viaje al Sur.

Corea del Norte digiere mal el fracaso y sus atletas no han hecho aún nada descatable pero a Kim Jong-un se le intuye exultante. Ocurre que el deporte nunca fue su prioridad en los Juegos Olímpicos de Invierno y sobre su corpachón podría colgar ya la medalla de oro a la diplomacia. Los acontecimientos se ajustan al plan trazado el mes pasado cuando ofreció por sorpresa enviar una delegación al sur: ha roto el frente enemigo, exhibido la versión más dulce del régimen y entusiasmado al mundo con la esperanza de paz.

Kim ha expresado su “satisfacción” con el informe entregado por la delegación que regresó el lunes, según la agencia oficial KCNA. Ha agradecido a Seúl el “trato prioritario” dispensado y dado “importantes instrucciones” para perseverar en la mejora de las relaciones. “Es importante que sigamos esforzándonos para avivar el clima de reconciliación y diálogo”, ha dicho.

El paso por PyeongChang del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y de la hermana del dictador, Kim Yo Jong, subraya el contexto actual. Pence decidió acudir para evitar que Pyongyang “secuestrara el mensaje olímpico” con su propaganda y se hizo acompañar del padre del universitario que murió después de ser liberado por Corea del Norte. Fue el único en todo el estadio que siguió sentado el desfile de la delegación coreana en la ceremonia de inauguración, se ausentó a los cinco minutos de la cena de recepción para evitar compartir mesa con los representantes de Pyongyang y ha encadenado regates en las zonas mixtas para ahorrarse saludos. Incluso Shinzo Abe, presidente japonés, cumplió la cortesía diplomática de darle la mano al presidente honorario norcoreano, Kim Jong Nam. Pence, solitario en varias ocasiones, parecía más preocupado en arruinarle la fiesta a Seúl que en participar del clima de júbilo.

La función de Kim Yo Jong

La hermanísima ha pasado como un tsunami. La primera representante de la familia Kim que traspasaba el paralelo 38 desde la invasión de su abuelo ha recibido la atención de prensa y aficionados. Su discreta elegancia, con abrigos oscuros y sin maquillaje, han sido ensalzada en contraste a las veinteañeras surcoreanas que acumulan operaciones quirúrgicas y no pisan la calle sin varias capas de pintura. Kim Yo Jong ha robado el foco olímpico sin remedio, tanto en detalles banales como su sonrisa y caligrafía como en su febril tarea diplomática. Este fin de semana trasladó al presidente surcoreano, Moon Jae-in, la invitación de su hermano a Pyongyang. No hay una cumbre presidencial coreana desde el 2007, cuando la política de acercamiento de Seúl permitió el mayor periodo de distensión en la península. La subida al poder de los conservadores arruinó el clima y la situación se degradó hasta que el admirable y paciente Moon ocupó la Casa Azul.

Es habitual que Occidente califique a los líderes norcoreanos de locos imprevisibles cuando su política es racional y calculadísima. Su última jugada ha roto el cerco enemigo. Seúl ha atemperado su hostilidad e incluso Washington ha acabado por ceder al coro internacional que pide diálogo. En un entrevista a su regreso, Pence ha recordado que sigue vigente la política de “máxima presión” pero ya no descarta sentarse a negociar. “Si quieren hablar, hablaremos”, ha dicho. Esa afirmación tendría más valor si Washington no hubiera cambiado su táctica con Corea del Norte una docena de veces desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca.

Dureza de Japón

En la línea dura incondicional queda Japón, comprensiblemente preocupada por un país que el pasado año lanzó dos misiles sobre sus islas. El jefe del Gabinete, Yoshihide Suga, ha aclarado este martes que no caerá bajo el embrujo norcoreano, que “el diálogo por el diálogo carece de sentido” y que este requiere una renuncia expresa a su programa nuclear.

La hemeroteca aconseja embridar el optimismo. Los “Juegos de la Paz” suponen apenas un alivio atmosférico en una región de pertinaces borrascas y el problema de fondo no lo tienen las dos coreas sino Pyongyang con Washington. El tiempo dirá si Kim Jong-un sólo buscaba ganar tiempo para completar en calma su programa de misiles y aligerar las sanciones internacionales o si perseguía honestamente el deshielo. Dos certezas son ya claras: Pyongyang ha ganado la batalla diplomática y Seúl disfruta de unos juegos tranquilos y mediáticos.

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