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Deshielo en Asia

Seúl propondrá a Pionyang reanudar los encuentros de familiares separados por la guerra

El conflicto separó a millones de coreanos a ambos lados de la frontera

Ambas coreas se reúnen mañana por primera vez en dos años

Adrián Foncillas

El líder norcoreano, Kim Jong-un, durante el discurso de bienvenida del 2018.

El líder norcoreano, Kim Jong-un, durante el discurso de bienvenida del 2018. / periodico

Seúl pedirá a Pionyang la reanudación de los encuentros entre familiares separados por la guerra durante la esperada reunión que celebrarán mañana en la frontera. El orden del día de la cumbre sólo incluye la participación de deportistas norcoreanos en los inminentes Juegos Olímpicos de invierno pero el deshielo empuja a tantear otros asuntos.

Ninguno es más emotivo que los millones de coreanos que setenta años atrás amanecieron con una frontera física aislándoles de sus familiares. Los pocos que sobreviven albergan como último deseo verlos una vez más y sus esperanzas son muy vagas. La lista en Corea del Sur incluye a 60.000 ancianos y sólo un puñado de ellos son agraciados para cada una de las reuniones en las que durante unas horas podrán intercambiar abrazos, besos, fotografías y regalos con sus familiares. Son cada vez más raras porque dependen de la temperatura en la península. Pionyang suele suspenderlas cuando emergen las primeras asperezas como medida de chantaje. Su reanudación certificaría el giro en la dinámica del conflicto e insuflaría algo de esperanza a esos admirables ancianos, principales víctimas de la geopolítica coreana en general y de la podredumbre moral de Pionyang en particular.

"Nos prepararemos para discutir sobre el asunto de las familias separadas y las formas de aliviar las tensiones militares", ha confirmado el ministro de Unificación surcoreano, Cho Myoung-gyon.

Cita en una ciudad fronteriza

Todo está preparado para que ambas coreas se reunan en la ciudad fronteriza de Panmunjeom por primera vez desde que el cuarto ensayo nuclear norcoreano agotara la paciencia de la anterior presidenta surcoreana, Park Geun-hye, en 2016. La cumbre empezará a las 10.00 a. m. mM (hora local) con el programa elaborado tras varias consultas. Por el sur acudirá Cho y su segundo, Chun Hae-sung. Será la primera vez que los dos funcionarios de mayor rango acudan a una reunión con el norte. El bando contrario lo encabeza Ri Son-gwon, máximo encargado de los asuntos intercoreanos. No se han registrado esta vez las áridas discusiones sobre la elaboración de los equipos.

La reunión se gestó en el discurso de año nuevo de Kim Jong-un. El líder norcoreano señaló los Juegos Olímpicos como una vía para aliviar las tensiones en la península y propuso enviar a sus deportistas. Seúl invitó a conversaciones formales y Pionyang reactivó la línea telefónica directa. Los indicios amistosos se suceden pero la historia recomienda embridar el optimismo.

"Muchas altas montañas y caminos accidentados se tienen que atravesar aún", resume el diario surcoreano 'The Hankyoreh', que recuerda que las sanciones de la ONU limitan la maniobra de actuación de Seúl.

"En estos tiempos es más importante mantener viva la llama  del diálogo que conseguir grandes resultados", continúa el editorial. El contexto ha resucitado el tradicional debate entre los sectores progresistas, partidarios de la inminente reunión, y los más conservadores, que la ven como la última maniobra dilatoria de Pionyang y exigen mano dura permanente. Para el medio 'Hankyoreh', el diálogo es especialmente recomendable cuando Washington carece de más recetas que las amenazas militares y la guerra dialéctica.

El botón nuclear de Trump

La reacción de Trump a la nueva vía diplomática coreana ha incluido groseras alusiones a la potencia de su botón nuclear, la desvergonzada asunción del mérito y las instrucciones de que no vayan más allá del asunto olímpico. "El responsable de la mejora en las relaciones intercoreanas no son los foráneos sino la propia nación coreana", ha dicho en uno de sus rarísimos editoriales sensatos la agencia oficial norcoreana KCNA. "La idea de dependencia de agentes de fuera es el veneno que convierte nuestra nación en servil y sin alma", ha concluido.

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