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DISCURSO EN WASHINGTON

Trump señala como "rivales" a Rusia y China en su estrategia de seguridad nacional

El presidente resucita la visión de la guerra fría y afirma: "Estamos en una nueva era de competición"

La filosofía del 'América primero' y el fuerte énfasis en la economía interior marcan el documento

Idoya Noain

El presidente de EEUU, Donald Trump, aborda la seguridad nacional en Washington.

El presidente de EEUU, Donald Trump, aborda la seguridad nacional en Washington. / AFP / SAUL LOEB

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presentado este lunes con un discurso su estrategia de seguridad nacional, un documento que está requerido a realizar por el Congreso y que, aunque no es vinculante, es visto como una declaración de intenciones que ayuda a entender la visión del mundo del ocupante de la Casa Blanca y el camino político que se propone seguir. Y esa estrategia, que ha definido como “realismo con principios”, marca un retorno al nacionalismo no visto en EEUU en décadas. Resucita también la visión de un mundo de bloques enfrentados como en la guerra fría, con Trump señalando a China y Rusia como “potencias revisionistas” y “competidores estratégicos” que quieren “dar forma a un mundo antitético a los valores e intereses de EEUU” .

“Nos guste o no estamos en una nueva era de competición", ha dicho Trump, en cuya estrategia se denuncian “dos décadas de complacencia estratégica” y se acusa a “adversarios y competidores” como Pekín y Moscú de ser “adeptos a operar en el umbral de un conflicto militar abierto y en los márgenes del derecho internacional”.

Nacionalismo y campaña

Aunque la estrategia de seguridad nacional suele interpretarse como una guía de política exterior, el foco de Trump sigue puesto en su filosofía de “América primero”. El documento, de 67 páginas, pone fuerte énfasis en consideraciones económicas internas. Y el presidente ha reafirmado su creencia de que “la seguridad económica de EEUU es seguridad nacional”, un campo en el que ha incluido la reforma fiscal que el Congreso está a punto de aprobar o su impulso a la desregulación.

El hecho de que, a diferencia de sus dos predecesores, Trump haya decidido presentar un documento tradicionalmente destinado al consumo interno en Washington con un discurso muestra su objetivo de reforzar ante sus votantes las promesas que les hizo en campaña. Y en esa clave electoralista hay que entender también que haya presumido de ser el primero que incluye en la estrategia políticas dirigidas a reforzar las fronteras y restringir y controlar la inmigración, otro de sus ejes programáticos.

China y Rusia

Sobre el papel la Administración de Trump presenta como “rivales” a China y Rusia y en el documento se lee que las dos potencias “retan el poder, la influencia y los intereses estadounidenses. Están decididos a hacer sus economías menos libres y menos justas, a expandir sus ejércitos y a controlar información y datos para reprimir sus sociedades y expandir su influencia”. Pero hay más diagnóstico que recetas.

Aunque se asegura que “el Kremlin está desarrollando nuevos sistemas militares, capacidades cibernéticas y tácticas subversivas que incluyen el uso de gente pagada en redes sociales para interferir en los asuntos políticos internos de otras naciones”, el discurso de Trump y su estrategia han pasado de puntillas sobre esa injerencia en las propias elecciones estadounidenses. Y en la intervención Trump ha preferido destacar la conversación que mantuvo el domingo con Vladimir Putin (la segunda en cuatro días) en la que el presidente ruso le agradeció la colaboración de la CIA para frustrar un atentado en San Petersburgo.

También su buena relación personal con el líder chino, Xi Jinping, contrasta con el lenguaje duro contra China que se registra en la estrategia, donde se critican no solo acciones militares expansivas y esfuerzos por extender su influencia geopolítica sino, sobre todo, “prácticas económicas y comerciales injustas”. Pekín es acusado de “robar cada año cientos de miles de millones de dólares en propiedad intelectual”.

Ruptura con Obama

La estrategia de Trump, que cubre también Corea del Norte e Irán y el combate contra el terrorismo yihadista, representa una clara ruptura con su predecesor, Barack Obama. En uno de los terrenos donde es evidente el giro de 180 grados es en la lucha contra el cambio climático, que Trump, que sacó a EEUU del acuerdo de París, ha eliminado como factor de seguridad nacional (aunque el Pentágono sigue considerándolo una amenaza). En el documento se sugieren medidas para llegar al “dominio energético” y esas incluyen la relajación de regulaciones y la resistencia a políticas para luchar contra el cambio climático, que el documento denuncia como “anticrecimiento”.

Otro terreno de ruptura es la apuesta de Trump por las armas nucleares, que en la estrategia se definen como “la fundación para preservar la paz y la estabilidad”. El documento apuesta por “modernizar las fuerzas y la infraestructura nucleares”, parte de un esfuerzo por reforzar las fuerzas armadas.

La estrategia, además, plantea una apuesta por la “diplomacia competitiva”, aunque los planes presupuestarios de Trump plantean un recorte del 30% de los fondos del Departamento de Estado

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