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Tensión nuclear

Estados Unidos empieza sus mayores maniobras militares en la península coreana

Un senador estadounidense pide que se traslade a las familias de los militares destinados a Corea del Sur

Adrián Foncillas

Un avión de combate estadounidense en la base aérea de Pyeongtaek.

Un avión de combate estadounidense en la base aérea de Pyeongtaek. / AHN YOUNG-JOON

No falta leña en la caldera. Estados Unidos y Corea del Sur han comenzado este lunes sus ejercicios militares más ambiciosos en la península apenas unos días después de que Corea del Norte probara su misil más potente. Ambos bandos se deslizan hacia otra de las cíclicas espirales de tensión mientras desprecian las tozudas llamadas al sosiego de Pekín y Moscú.

El volumen de las maniobras conjuntas conocidas como Vigilant Ace carecen de precedente. Se alargarán hasta el viernes y participarán 12.000 soldados y más de 230 aviones de guerra llegados de ocho bases militares. Servirán para que Estados Unidos muestre su escaparate armamentista y estimule las órdenes de compra de sus aliados en la zona. Los caza F-35 Lightning alcanzan los 1.931 km/h y cargan bombas nucleares mientras los F-22 Raptors vuelan a 2.414 km/h y llevan misiles Sidewinter. También participarán los bombarderos B1-B de última generación. Las maniobras buscan “mejorar las capacidades bélicas conjuntas en cualquier escenario”, ha aclarado el Ministerio de Defensa surcoreano.

Los ejercicios militares han integrado durante años el paisaje de la península y descomponen sin remedio a Pyongyang, que los interpreta como ensayos de invasión. Seúl y Washington se han esforzado menos en los últimos años en disimularlo. Algunas maniobras del pasado año ensayaban ataques quirúrgicos a las presuntas viviendas de los líderes e instalaciones más sensibles del régimen. Las presentes, según revelaciones de los aliados, se centran en silos nucleares y bases de lanzamientos de misiles.

Siguen las celebraciones por el misil

Las maniobras nunca intimidaron a Corea del Norte y es improbable que lo hagan cuando aún no han concluido las celebraciones por el misil lanzado con presunto alcance para golpear Estados Unidos. Sí que servirán para soliviantarla de nuevo. Un portavoz del Comité de Corea del Norte por la Reunificación Pacífica opinó que el objetivo de los ejercicios es “la destrucción total” de su país y la agencia de noticias oficial añadió que Washington estaba “suplicando por una guerra nuclear”. Pyongyang considera “seriamente” las contramedidas y hará pagar las provocaciones a Seúl y Washington, añadió. Será una semana fragorosa.

La propuesta más sensata que se ha escuchado en la península en los últimos meses consiste en una moratoria norcoreana de sus desmanes misilísticos y nucleares a cambio de que Estados Unidos cancele sus recurrentes maniobras militares en la zona. Fue ofrecida por China, secundada por Rusia y olímpicamente ignorada por Pyongyang y Washington. Los dos meses y medio sin misiles norcoreanos alimentaron las esperanzas de una aceptación tácita pero los últimos acontecimientos han devuelto el conflicto a la casilla de salida.

China rechaza el rol de salvador

Uno de los indicios tranquilizadores esgrimidos tradicionalmente para desmentir la inminencia de una guerra mil veces anunciada son los familiares de los 28.500 militares estadounidenses que siguen en la zona. Un senador republicano ha pedido al Pentágono que los saque de ahí. “Es de locos enviar a las esposas y niños a Corea del Sur dadas las provocaciones de Corea del Norte. Corea del Sur debería ser un destino sin compañía”, ha dicho Lindsey Gragam. “ Es hora de llevarse a los familiares”, ha resumido.

China, por su parte, ha rechazado de nuevo el rol de salvador que pretende imponerle Estados Unidos. “No podemos persuadir a Pyongyang ni cambiar la opinión de Washington. Lo único que puede hacer China es aferrarse férreamente a sus principios, esforzarse en aliviar las tensiones y prepararse para lo peor”, asegura el diario Global Times. El diario, que de vez en cuando publica algún editorial sensato, subraya la paradoja de que Estados Unidos incendie el patio trasero chino y al mismo tiempo le transfiera la culpa a Pekín. China, añade el medio, no está obligada a cooperar con Washington en el plan “poco práctico” del embargo absoluto de petróleo que podría colapsar el régimen norcoreano. “Estados Unidos no tiene derecho a dirigir a China ni al Consejo de Seguridad de la ONU”, concluye.

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