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TRAGEDIA EN ARGENTINA

Los familiares de los tripulantes del submarino acusan al Gobierno de haberles "mentido"

Los allegados de los 44 marineros del Ara San Juan estallan de dolor e ira al recibir la noticia sobre la explosión en el sumergible

Abel Gilbert

Varias personas se reunen alrededor de la Base Naval donde han dejado mensajes a los tripulantes del submarino ARA San Juan.

Varias personas se reunen alrededor de la Base Naval donde han dejado mensajes a los tripulantes del submarino ARA San Juan. / MAURICIO ARDUIN

El portavoz  de la Armada Argentina, capitán de navío Enrique Balbi, ha leído en Buenos Aires el comunicado con voz entrecortada. Después de decir “evento violento consistente con una explosión”, sus palabras ha provocado en la base naval de Mar del Plata, 400 kilómetros al sur, el devastador y previsible efecto. Los familiares de los 44 tripulantes que esperaban ansiosos el informe no han podido contenerse. “Mataron a mi hermano, hijos de puta”, ha exclamado alguien. “Desgraciados”, ha añadido otro de los allegados. Ha habido quienes han utilizado la palabra “perversos”.  La abogada Itatí Leguizamón, esposa del cabo primero de la Armada, Germán Oscar Suárez, tampoco ha podido frenar su ira: “nos mintieron”, ha exclamado.

El miedo de los oficiales navales a decir en voz alta las palabras tan temidas no llegó a mitigar el desconsuelo ni las certezas internas. Nadie se había atrevido a decir oficialmente “muerte”, pero parecía no hacer falta. Brenda Salva, amiga de Alejandro Tagliapietra, teniente de corbeta, uno de los tripulantes del submarino, ha asegurado no obstante al canal de televisión C5N que el capitán Rossi, jefe de la base de Mar del Plata, se lo comunicó al padre de Tagliapetra. “Están todos muertos”, le señaló cuando, impotente, no pudo responder a las preguntas de los familiares sobre el momento y el lugar de la explosión. 

Amagos de trifulca

“¿Por qué no dicen toda la verdad?”, ha exigido entre lágrimas una de las esposas de las víctimas. Las mujeres y hombres que rezaban por la vuelta de sus seres queridos han creído a esas horas de dolor lacerante que habían sido engañados por los militares. “Los jefes se roban toda la plata, ¡(Mauricio) Macri, hacelos mierda!”, ha bramado un hombre.  A su lado otros familiares también lloraban y se abrazaban. Ha habido desmayos y hasta amagos de trifulca. También se ha informado de destrozos dentro del edificio marplatense. “Si alguien te mintió ¿cómo esperan que vas a reaccionar?”,  ha razonado Leguizamón.  “Mataron a mi hermano”,  ha gritado uno de los presentes.  

Ocho días después de que el submarino ARA San Juan perdiera contacto con su base en el Atlántico Sur, la palabra “milagro” ya es raramente escuchada. “A mí no me van a venir a callar, esto está mal desde hace 15 años”, ha dicho una mujer. Leguizamón, cuyo marido es radarista del submarino, ha recordado que el cabo Suárez le contó una vez que el sumergible, adquirido a Alemania en 1985, y completamente reparado en 2014, había tenido un problema el mismo año en que volvió a lanzarse al mar. Y que ese percance era de conocimiento en la comunidad que rodea al ARA San Juan. “Todo el mundo sabe eso. Cualquier persona que trabaja ahí sabe; otra cosa es que no lo quieran decir. Cualquier persona, allegada o familiar sabe muy bien en las condiciones en que trabajan ellos. Ahí es moneda corriente, todo el mundo sabe. Habían reinaugurado un submarino al que solo pintaron de afuera”, ha señalado.  La nave, ha dicho Leguizamón, está “atado con alambre”, expresión coloquial en Argentina para aludir a algo sin consistencia. Leguizamón ha querido seguir hablando en presente. No pudo decir “estaba”.  

"Se acabaron las palabras"

De acuerdo con el diario 'La Nación', el presidente Macri ha ordenado “seguir buscando y que no se abandone la tarea hasta encontrar” al sumergible.  Pero en el Gobierno es a estas alturas indisimulable el “ánimo de tragedia”. La Comunidad Submarinista Latinoamericana ha divulgado imágenes del equipo del ARA San Juan dentro del navío en 2014. “Antes de zarpar... se acabaron las palabras y llegó el momento de los hechos”, dice Jorge Ignacio Bergallo, segundo subcomandante. Tres años más tarde, ese mensaje de optimismo significaba lo contrario. 

A diferencia de los “33 mineros” chilenos que salieron con vida de las entrañas de la tierra después que se derrumbara un yacimiento, “los 44”, como los ha bautizado Fernanda Valacco, la esposa del cabo principal de operaciones del ARA San Juan, Cristian David Ibáñez, podrían estar perdidos en las profundidades del mar para siempre. “No puedo ni llevarle flores”, ha dicho otra esposa, y lo resumió todo.

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