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PERFIL

Ratko Mladic, el 'carnicero de Srebrenica'

El exgeneral serbobosnio se imaginó como un héroe del pueblo serbio, pero su nombre quedará asociado para siempre a los crímenes de guerra, el sitio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica

El Periódico / Belgrado

El exgeneral serbobosnio Ratko Mladic, durante una sesión del juicio contra él en La Haya, en una captura de vídeo de archivo del 3 de junio del 2011.

El exgeneral serbobosnio Ratko Mladic, durante una sesión del juicio contra él en La Haya, en una captura de vídeo de archivo del 3 de junio del 2011. / EFE

Ratko Mladic se imaginó como un héroe del pueblo serbio, pero su nombre quedará asociado para siempre a los crímenes de la guerra de Bosnia, el asedio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica. Detenido en el 2011 tras 16 años huyendo de la justicia, el general rocoso y arrogante que fue se ha convertido en un hombre viejo y enfermo. Pero su juicio no ha eliminado la convicción que expresó en su primera aparición ante el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) en La Haya: "Soy el general Mladic. He defendido a mi país y a mi pueblo".

Hombre colérico y brutal o jovial y truculento según quien se le acercaba, también dijo un día que "las fronteras siempre han sido trazadas con sangre y los estados, delimitados por las tumbas". Aun a su pesar, está considerado como el tercer arquitecto de la limpieza étnica contra croatas y musulmanes durante un conflicto interétnico que entre 1992 y 1995 provocó más de 100.000 muertos y 2,2 millones de desplazados.

Desde Belgrado, el presidente serbio Slobodan Milosevic, fallecido a los 64 años bajo custodia en el 2006, incendiaba los Balcanes con su retórica sobre la Gran Serbia mientras lidiaba con la comunidad internacional; en su 'capital' de Pale, el psiquiatra Radovan Karadzic, de 72 años, ideólogo de los serbios de Bosnia, condenado en el 2016 a 40 años de cárcel, derramaba su propaganda fanática. Y Mladic, de 74 años, era el brazo armado de ambos, el único del trío nacido en Bosnia, en Bozanovici, una aldea de campesinos pobres del sur del país.

Huérfano precoz

Huérfano temprano de un partisano asesinado por los ustashas croatas pronazis, Mladic se integró en el Ejército yugoslavo. Cuando la guerra estalló, tras haber combatido contra los croatas, se trasladó rápidamente a Sarajevo, sometido a un asedio interminable de más de cuatro años. Más de 10.000 habitantes, entre ellos 1.500 niños, murieron por los disparos de los francotiradores o los proyectiles que llovían sobre la capital bosnia desde las montañas ocupadas por las tropas de Mladic.

Sin embargo, las camisetas estampadas con su rostro todavía se venden en Belgrado, como ha testificado la agencia AFP, y sus partidarios siguen transmitiendo la imagen de un soldado rural enamorado de su tierra, respetuoso con los códigos de honor de la guerra, sin otro objetivo que una Yugoslavia unida para la protección de "su" pueblo contra aquellos a los que llamaba "turcos", los bosniomusulmanes.

Una descripción rechazada en La Haya por el fiscal Alain Tieger, que reclamó para él la cadena perpetua: "Su preocupación no era que los musulmanes pudieran crear un Estado, su preocupación era hacerlos desaparecer por completo", afirmó Tieger.

"Su guerra fue una guerra cobarde", escribió el periodista británico Tim Judah, en su libro 'The Serbs' ('Los Serbios'). Pese a algunos combates auténticos, sobre todo persiguió "a cientos de miles de personas desarmadas en sus hogares", señaló Judah.

El suicido de su hija Ana

En 1994, su hija Ana se suicidó. Para muchos, esta estudiante de medicina no pudo soportar más el peso de los crímenes imputados a su padre, una tesis refutada por su familia. Un año después tuvo lugar la masacre de Srebrenica, la peor matanza en Europa desde la segunda guerra mundial, calificada de genocidio por la justicia internacional.

En fotografías de la época se puede ver a Mladic dirigiéndose a la población civil, mujeres y ancianos, después de la toma de aquel enclave musulmán por sus tropas en julio de 1995. "No tengáis miedo. Despacio, despacio, dejad que las mujeres y los niños salgan primero", les decía. Incluso se le vio acariciar paternalmente la mejilla de un pequeño bosníaco.

Otras imágenes le muestran con porte militar en Srebrenica, felicitándose por aquella "revancha contra los turcos". En los alrededores, en pocos días, sus hombres asesinaron a más de 8.000 hombres y adolescentes bosníacos mientras huían.

Protegido y entregado

Tras los acuerdos de paz de Dayton que silenciaron las armas, Mladic permaneció en Bosnia, refugiado en su escondite de Han Pijesak, una instalación medio enterrada en un bosque de pinos en el este del país. Luego se instaló en Belgrado, protegido por el Ejército. Allí, oficialmente buscado por la justicia, apenas se escondía: se le vio cortando rosas, en la panadería, cenando en un restaurante, en un campo de fútbol... Pero cuando Milosevic fue expulsado del poder en el 2000, Mladic pasó a la clandestinidad. Los arrestos debilitaron sus redes de apoyo y para Serbia, que aspiraba a entrar en la UE, Mladic se convirtió en un problema.

El 26 de mayo del 2011, Mladic fue llevado a casa de un primo suyo, en el pueblo de Lazarevo (norte), y luego entregado a la justicia. En el 2012 comenzó el juicio en su contra por 11 cargos de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.