NUEVO SISTEMA DE ADMISIÓN

Las reformas de Macron llegan a la universidad

El presidente francés quiere acabar con el "mito" del acceso universal a la enseñanza superior

El sindicato estudiantil UNEF lanza una campaña contra el establecimiento de criterios de selección y organiza una protesta para el próximo jueves

Macron y la presidenta de la Universidad París-Sud, Sylvie Retailleau, descubren la placa inaugural del Instituto de Matemáticas de Orly, el pasado octubre.

Macron y la presidenta de la Universidad París-Sud, Sylvie Retailleau, descubren la placa inaugural del Instituto de Matemáticas de Orly, el pasado octubre. / EFE / ETIENNE LAURENT

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Emmanuel Macron sigue desplegando su programa reformista con el ritmo imparable que le condujo al Elíseo hace seis meses y el estilo provocador que se ha convertido en una especie de marca de la casa. La última reforma que el Gobierno ha puesto encima de la mesa rompe con la tradición del acceso generalizado a la universidad pública estableciendo un nuevo sistema de admisión.

Macron incluyó ese principio en su programa electoral y lo defendió el pasado agosto en una entrevista en ‘Le Point’ al insistir en que había que “poner fin al mito del acceso a la universidad para todos”. “Hay que dejar de creer que la universidad es la solución para todo el mundo”, añadió.

Entrada por sorteo

Hasta ahora, la enseñanza superior en Francia forma parte de esa excepción europea que mantiene abiertas las puertas de la universidad pese al aumento del número de alumnos con un título de bachillerato que aspiran a continuar sus estudios. Un sorteo determinaba la suerte del candidato a entrar en una facultad saturada.

Esa práctica será sustituida a partir del curso académico 2018 por un sistema que establece una serie de requisitos previos, decididos por el centro universitario, para asignar las plazas de cada facultad. La reforma incluye mejoras en la orientación e información del alumno para ayudarle a elegir carrera y un presupuesto de 500 millones de euros.

Movilización estudiantil

Para no romper un tabú en un país donde el derecho a la educación para todos es sagrado, el Ejecutivo evita hablar de proceso de “selección”. Sin embargo, a pesar de casi cuatro meses de concertación con la comunidad educativa, todavía está lejos de ganar la partida.

Uno de los principales sindicatos estudiantiles, la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), ha lanzado una campaña en contra de la reforma y ha convocado una movilización el próximo jueves, 16 de noviembre, seis días antes de que el proyecto de ley se presente en el Consejo de Ministros.

Las principales víctimas de la reforma serán los estudiantes de familias con pocos recursos. Bajo el pretexto de buscar un mayor nivel de éxito se reduce el acceso a la universidad a determinada población y eso es un tipo de discriminación social”, explica a este diario Dimitri Champion, miembro de la comisión de universidad de la UNEF, que reclama aumentar el número de plazas y un cambio en el método pedagógico.

"O ingenuidad o ideología"

El otro gran sindicato estudiantil, la Federación de Asociaciones Generales de Estudiantes (FAGE), ve las cosas de otra manera, porque aplaude el fin del sistema de sorteo y cree que la última palabra la tendrá el alumno. El Gobierno insiste en que los estudiantes tendrán libertad para elegir carrera pero que su opción tendrá que concertarse con la universidad durante el periodo de orientación.

Los rectores, mientras, no tienen ningún problema en hablar de selección porque muchos llevan años reclamando que haya requisitos de entrada. “Decir que las universidades tienen que admitir a todo el mundo con cualquier tipo de bachillerato en cualquier carrera es o ingenuidad o ideología. Desde hace tres años ningún estudiante que viene de un bachillerato de letras ha aprobado en las carreras de ciencias. No se dan más oportunidades por dejar entrar a todo el mundo en la facultad”, resaltaba en ‘Le Monde’ el presidente de la Universidad París-Descartes, Frédéric Dardel.

Grave crisis

Prácticamente gratuita (el precio medio del curso académico es de 400 euros) y abierta a todos los titulados en bachillerato, la universidad francesa arrastra una grave crisis desde hace años por el creciente número de alumnos. Entre el 2016 y el 2017 su aumento fue de 40.000 y los sindicatos estudiantiles dan la cifra de 200.000 más de aquí al 2020.

Esa tensión demográfica satura muchas facultades, especialmente las de psicología, derecho, ciencias y técnicas deportivas, y prácticamente todas las de la región parisina.

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A ello se añade un fracaso académico del 60% en el primer año de carrera, que el Gobierno vincula al sistema de sorteo porque muchos estudiantes se ven obligados a matricularse en disciplinas alejadas de sus verdaderos intereses. Sin embargo, hasta la fecha todos los intentos por introducir algún tipo de selección han fracasado.

“No podemos continuar así”, dijo el primer ministro, Édouard Philippe, durante la presentación del nuevo sistema. La titular de Enseñanza superior, Fréderique Vidal, por su parte, dejó claro que “la idea no es solamente que todo el mundo entre en la universidad sino, sobre todo, que pueda salir con un diploma”.