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Escalada en Oriente Próximo

El pulso entre Arabia Saudí e Irán arrastra al Líbano

El presidente libanés exige a Riad que aclare si tiene detenido ai primer ministro Hariri

El Periódico

Simpatizantes de Hizbulá escuchan por videoconferencia a su líder, Hasán Nasralá, en Beirut.

Simpatizantes de Hizbulá escuchan por videoconferencia a su líder, Hasán Nasralá, en Beirut. / NABIL MOUNZER

El Líbano vuelve a verse al borde de una grave crisis política, convertido en el último escenario de la intensificada lucha por el control de la región que libran el regimen suní de Arabia Saudí y el chií de Irán. La sorprendente dimisión el pasado sábado del primer ministro libanés, Saad Hariri, quien la anunció desde Arabia Saudí, ha disparado la inestabilidad. Y es el último capítulo confuso tras otras serie de episodios desconcertantes que han hecho escalar las tensiones en Oriente Próximo y que se dispare el temor a un nuevo conflicto.

Hariri anunció su dimisión alegando que temía ser asesinado y acusando a Irán y a Hizbulá (la fuerza chií con la que había formado un Gobierno de coalición) de estar sembrando el conflicto en el mundo árabe. Desde entonces no ha hecho declaraciones públicas. Y aunque Arabia Saudí asegura que es libre, varias fuentes aseguran que se encuentra en arresto domiciliario en la casa que tiene en Riad.

Este sábado el presidente libanés, Michel Aoun, aliado de Hizbulá, ha reclamado a Arabia Saudí que “aclare las razones que evitan que el primer ministro Hariri vuelva” al país, y ha advertido que “el Líbano no acepta que su primer ministro esté en una situación que incumple tratados internacionales”. Según fuentes libanesas citadas por Reuters, Aoun ha dicho a embajadores extranjeros que cree que Hariri está “secuestrado”.

Acontecimientos confusos

Las oscuras circunstancias de la dimisión y de la actual situación de Hariri se suman a una serie de acontecimientos que han disparado la ansiedad sobre la situación en la región. Estos incluyen el arresto en Arabia Saudí de 200 ministros, príncipes y empresarios, que oficialmente se explicó como una purga contra la corrupción pero que muchos interpretan como una consolidación del poder del príncipe Mohamed bin Salman, que ha elevado las tensiones en la lucha por el poder regional con Irán.

Horas después de la dimisión de Hariri un misil lanzado desde Yemen por rebeldes hutís fue interceptado cerca de Riad y el lunes Arabia Saudí responsabilizó de ese lanzamiento, que consideró un acto de guerra, a Irán y al Líbano. El jueves el reino ordenó a sus ciudadanos en el Líbano a abandonar el país. Este viernes era el líder de Hizbulá, Hasán Nasralá, quien acusaba a Riad de haber declarado la guerra, y de forzar la dimisión de Hariri para desestabilizar el Líbano.

Aunque con una guerra abierta en Yemen nadie espera que Arabia Saudí empiece otro conflicto militar, la alerta por la escalada es real, especialmente ante las cada vez más frecuentes expresiones de Israel de que considera a Hizbulá una amenaza a la que podría responder militarlmente. Los analistas observan también con preocupación las señales de apoyo a los movimientos políticos de Arabia Saudí que llegan desde la Administración de Donald Trump.

Oficialmente, no obstante, Washington llama a la calma. La portavoz de la Casa Blanca instaba este sábado a “todos los estados y partes a respetar la soberanía, independencia y procesos constitucionales del Líbano”. Reconociendo que se vive “un momento delicado”, EEUU asegura que rechaza “cualquier acción de milicias dentro del Líbano o de cualquier fuerza extranjera que amenace la estabilidad del Líbano, mine las instituciones libanesas o use el Líbano como base para amenazar a otros en la región”.