03 abr 2020

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Matanza en EEUU

Un exmilitar mata a 26 personas a tiros en una iglesia de Texas

El asaltante irrumpió en el templo durante la misa y fue abatido por la policía cuando huía

Ricardo Mir de Francia

Un total de 26 personas fueron asesinadas cuando asistían a un servicio dominical en un templo baptista. / EFE VÍDEO

Nueva matanza de inocentes en Estados Unidos, un país que parece condenado a sufrirlas eternamente mientras la laxa interpretación que se ha dado a la Segunda Enmienda siga amparando el derecho de la ciudadanía a estar armada. Esta vez ha sido en una pequeña iglesia baptista de Sutherland Springs, un pueblo diminuto a 50 kilómetros de la ciudad tejana de San Antonio.

El tiroteo se produjo durante la la misa del domingo cuando un exmilitar de 26 años, Devin Kelly, con chaleco antibalas y un rifle semiautomático comenzó a disparar desde fuera del templo y acabó haciéndolo dentro del mismo. Un total de 26 personas murieron y otras 20 resultaron heridas, según el gobernador  de Texas, Greg Abbot que dijo que entre las víctimas había niños y septuagenarios. El homicida fue abatido cuando huía con su vehículo a pocos kilómetros del escenario de la masacre.

Sutherland Springs es literalmente un pueblo de siete calles con una gasolinera, una oficina de correos y nada más. Tiene una población censada de 362 habitantes, y como le dijo al 'The New York Times' un vecino, es la clase de aldea donde todo el mundo se conoce. "La gente está muy desolada. Todos estamos preocupados". A pesar de las pequeñas dimensiones del pueblo, un vídeo con la misa del pasado domingo puede verse en YouTube. Una banda de música flanquea al párroco, vestido con ropa de calle, ante una veintena de feligreses. Frente al altar hay una moto de estilo Harley Davidson y el pastor comienza la ceremonia diciendo: "El Señor es alegría".

Disparos a diestro y siniestro

Nada que ver con lo que sucedió este domingo. Según un concejal del condado de Wilson, al que pertenece el pueblo, un individuo entró aparentemente en la iglesia durante el servicio y se puso a disparar a diestro y siniestro. Más tarde salió por su propio pie y huyó del lugar de la masacre hasta que la policía le dio caza. El asaltante está muerto, aunque por el momento se desconoce si fue abatido por los agentes o se suicidó.

Esta es la segunda masacre de grandes dimensiones que se produce desde que Trump es presidente. La anterior acaeció a principios del mes pasado en Las Vegas, cuando un jubilado aficionado al juego se parapetó en una habitación del hotel Mandalay Bay y disparó contra las miles de personas que asistían a un concierto de country, matando a 58 e hiriendo a 546. Para encontrar otro tiroteo con múltiples víctimas en una iglesia hay que retrotraerse al verano del 2015. Un veinteañero ultraderechista que quería poner en marcha una "guerra racial" mató a ocho feligreses negros, además del párroco, de una iglesia metodista episcopal de Charleston (Carolina del Sur).

Trump se encuentra de gira por Asia, pero a través de Twitter expresó sus condolencias por lo sucedido. "Que Dios esté con la gente de Sutherland Springs", escribió. "Estoy monitoreando la situación desde Japón". La respuesta del presidente la emularon con palabras muy similares otros responsables políticos, todos republicanos. El gobernador de Tejas, Gregg Abbot: "Nuestras oraciones están con todos los que han sufrido este acto malvado". O el fiscal general tejano, Ken Paxton: "Los pensamientos y oraciones de todos los tejanos están con la gente de Sutherland Springs". El problema es que las matanzas indiscriminadas no se acaban rezando, por más que especialmente los conservadores recurran siempre a la misma fórmula para responder a estas tragedias, como no tuvieran solución y fueran producto del fatalismo.

Tras el tiroteo de Las Vegas, Trump se opuso a reabrir el debate sobre las armas, diciendo que no quería politizar el incidente, una frase sacada del manual de la Asociación Nacional de Rifle (NRA), uno de los principales donantes de su campaña. Y tampoco nada cambiará en esta ocasión porque, ya sea por convicción o miedo electoral a activistas de las armas, no hay apoyo en el Congreso para abordar el problema seriamente. Lo que no cambia es el desconsuelo y el dolor de las familias y las comunidades martirizadas por el culto a las armas. “Esto es horrible para nuestro pequeño y muy unido pueblo”, le dijo a Associated Press, Alena Berlanga. “Todo el mundo se verá afectado y todo el mundo conoce a alguien que ha perdido a alguien”.