Ir a contenido

Guerra en Siria

Asad se queda

El régimen sirio, gracias a Irán y Rusia, ganará la guerra, pero la comunidad internacional sigue estando en su contra

Adrià Rocha Cutiller

Momento de la entrevista de Asad con la cadena estadounidense NBC.

Momento de la entrevista de Asad con la cadena estadounidense NBC. / EFE

Ya lo había dicho en abril y, hace un par de semanas, lo volvió a repetir: «El tiempo de la familia Asad ha acabado», dijo el secretario de Estado de Estados UnidosRex Tillerson, que dijo lo que dijo como quien dice algo que no se acaba de creer.

Lo dijo, lo repitió y, lo más probable, lo volverá a decir. Pero Bashar al-Asad sigue gobernando en Damasco y, parece, nadie está en disposición de quitarle la silla.

«La Administración Trump ya sabe que Asad no se va a marchar por la fuerza. Saben que eso ya no es posible. Por eso, su estrategia actual es intentar presionarle e influir para intentar que se vaya por las buenas», explica Nick Heras, analista del Centro para una Nueva Seguridad Americana.

Al inicio de la guerra, en 2011, todos los actores internacionales apostaban por echar al dictador sirio e instaurar un régimen democrático en Damasco. Todos, menos dos: Irán y Rusia. Es gracias a ellos, a su intervención directa en la guerra -Rusia por aire y con algunos soldados en tierra e Irán con las famosas milicias chíis, además de Hizbulá-, que Asad, después de siete años de conflicto, sigue en pie. Teherán y Moscú han salvado al dictador Asad y, de hecho, han sacado parte de beneficio.

Rusia la guerra en Siria le ha servido como escaparate de sus últimos avances en tecnología militar. Ha probado sus armas nuevas y, como país exportador de armamento militar, ahora se dedicará a venderlas: a sacar dinero.

Gracias, Rusia

Moscú, además, mantendrá una figura amiga en Oriente Medio, en una región donde, hasta hace poco, no tenían ninguno. «En los últimos meses se ha establecido un consenso internacional que acepta que Asad se mantenga. Eso lo ha conseguido Rusia. Aunque, sin embargo, aunque Asad gane, Occidente no le dará nunca apoyo directo al régimen. Es posible que, mediante una negociación con Washington, Moscú consiga que Trump se acerque a sus posiciones, pero un apoyo total es imposible», dice el experto Julien Barnes-Dacey, investigador del ‘think tank’ European Council on Foreign Relations.

Para intentar conseguirlo, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha estado multiplicándose: en pocas semanas se ha reunido con sus homólogos turco e iraní, y ha hablado de la cuestión siria por teléfono con Emmanuel Macron.

Pero, según los expertos, Putin está aún muy lejos de convencer a nadie. «La Administración Trump considera que, mientras Asad esté en el poder en Damasco, Siria será un país seguro para los yihadistas que se queden. Por lo tanto, su prioridad actual es influir al régimen para modificarlo, abrirlo a la oposición», considera Heras.

«La Unión Europea está aún más alejada de las posiciones de Asad de lo que lo está Estados Unidos. Bruselas se niega a considerar a Damasco como un interlocutor válido, y sus relaciones cuando acabe la guerra no se normalizarán. Siria, mientras esté Asad, será un Estado paria, sin ningún amigo en Occidente», dice Barnes-Dacey, que matiza: «Aunque es posible que, en un futuro, por pragmatismo, sí que haya contactos de bajo nivel entre la UE y Asad. Pero serían, sobre todo, por razones humanitarias».