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Monarquía tailandesa

Una masiva procesión culminará con la cremación del rey de Tailandia

El monarca tailandés Bhumibol Adulyadej falleció el 13 de octubre del 2016 a los 88 años

El funeral ha costado más de 90 millones de dólares y cuenta con 2.500 participantes

Adrián Foncillas

Soldados portan la urna real del fallecido rey Bhumibol Adulyadej  durante su ceremonia de cremacion en el Crematorio Real en Sanam Luang en Bangkok  Tailandia  hoy 26 de octubre de 2017 

Soldados portan la urna real del fallecido rey Bhumibol Adulyadej  durante su ceremonia de cremacion en el Crematorio Real en Sanam Luang en Bangkok  Tailandia  hoy 26 de octubre de 2017  / EFE / NARONG SANGNAK

El País de las Sonrisas despide al monarca Bhumibol con unas ceremonias fúnebres a la altura de su relevancia histórica y la devoción de su pueblo. Cientos de miles de tailandeses vestidos de riguroso negro han acudido la procesión celebrada en los aledaños del Palacio Real para mostrar sus respetos hacia la enorme carroza dorada que portaba los restos del difunto. El gigantismo de los actos contrasta con la imagen frugal que se esforzó en cultivar Bhumibol: una factura que ronda los 90 millones de dólares, participación de casi 2.500 personas incluyendo militares, músicos y monjes, y un monumento funerario  que necesitó diez meses para ser terminado. Consiste en varios pabellones y nueve torres con representaciones del icónico monte Meru y cientos de figuras de dioses e incluso de los perros del monarca.

Hasta Bangkok se han acercado los representantes de 42 países, muchos de ellos provenientes de monarquías de buena parte del planeta. El rey Vajiralonkorn, hijo del finado, prenderá la pira a las 22.00 (hora local) donde será incinerado. Será el momento cumbre de unos actos que empezaron a prepararse con todo detalle cuando Bhumibol murió un año atrás.  

El más longevo y el más querido

Bhumibol fue el monarca más longevo (70 años en el trono desde que lo ocupara a los 18), el más rico (30.000 millones de dólares en 2014, según 'Forbes') y, probablemente, el más querido. Su muerte desató una orgía de dolor y derrumbó la cotización de la bolsa y la moneda nacional. Una propaganda de tintes norcoreanos y la amenaza de 15 años de cárcel por criticarle explican sólo en parte la devoción popular. Bhumibol abrillantó una Corona que había heredado desprestigiada. Por su longevidad y la conflictividad del país, lo había visto todo. En sus dos últimos años convivió con una Junta Militar que tomó el poder con su anuencia para frenar un deterioro social insostenible. Sólo la figura incuestionable del monarca pudo mantener los conflictos en unos márgenes gestionables.

Tailandia es la segunda economía del sudeste asiático pero el desarrollo se limita a la capital y las islas paradisiacas mientras en las provincias del sureste persiste una pobreza solorosa. En las clases bajas anida el resentimiento porque todos sus gobiernos democráticos han sido descabalgados por asonadas o el poder judicial.

Vajiralongkon, en las antípodas de su padre

Su heredero no ha contribuido a mitigar el pesar del pueblo. El rey Vajiralongkon es un bala perdida en las antípodas de la formalidad de su padre. Mientras Bhumibol recorría provincias agrícolas y se fotografiaba con campesinos, Vajiralongkon derrochaba en fiestas y banquetes pantagruélicos; si el primero sufragaba infraestructuras, el segundo nombraba mariscal a su perro Foo Foo y lo llevaba a recepciones oficiales.

La muerte de Bhumibol acentuó el control de la Junta Militar. La ley de Lesa Majestad es un instrumento para silenciar a cualquier elemento disidente. Más de un centenar de tailandeses han sido encarcelados desde que el general Prayuth Chan-ocha tomara el poder en 2014.

Los militares habían justificado su asonada por el clima social irrespirable y prometieron convocar elecciones en el menor plazo posible, pero desde entonces no han dejado de atrasar la fecha. La persecución alcanza a la familia de Thaksin Shinawatra, el exprimer ministro en el exilio desde que fue expulsado por un golpe militar. En 2014 fue condenada a cinco años de cárcel su hermana, Yingluck, quien también había alcanzado el poder tras unas elecciones democráticas y ahora acompaña en el exilio a Thaksin. Incluso su hijo, Panthongtae, ha sido acusado de lavado de dinero en un intento de borrar cualquier amenaza de una estirpe que desafió a los tradicionales poderes fácticos del país y que es venerada por las clases más bajas. 

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