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TRAS LAS ELECCIONES

Kurz y la ultraderecha empiezan a negociar un nuevo Gobierno en Austria

Los conservadores (ÖVP) y los ultranacionalistas xenófobos (FPÖ) se sientan en la mesa con un programa antiinmigración común y con el enfoque europeo como escollo

Carles Planas Bou

El secretario general del ultra FPO, Herbert Kicki, y el líder del partido, Heinz-Christian Strache, en una rueda de prensa, este martes 24 de octubre. 

El secretario general del ultra FPO, Herbert Kicki, y el líder del partido, Heinz-Christian Strache, en una rueda de prensa, este martes 24 de octubre.  / EFE / CHRISTIAN BRUNA

Austria parece abocada a repetir el Gobierno ultraconservador que inquietó a la Unión Europea entre 1999 y el 2006. Apenas nueve días después de alzarse como gran vencedor de las elecciones legislativas e iniciar las primeras conversacioness exploratorias, el joven líder del Partido Popular Austríaco (ÖVP), Sebastian Kurz, ha invitado hoy al ultraderechista Partido por la Libertad (FPÖ) a sentarse en la mesa de negociaciones, quien no ha tardado en aceptar la propuesta. "Austria se ha ganado una formación de Gobierno rápida", ha apuntado.

Con tan solo 31 años, Kurz quiere construir una alianza que le permita ser el nuevo canciller de la república transalpina y coronarse así como el mandatario más joven del mundo. Para ello le hará falta el apoyo de una extrema derecha que también desea regresar al poder tras más de una década en la oposición. La compartida agenda contra la inmigración será el principal punto de acuerdo entre ambas partes. ÖVP y FPÖ coinciden en eliminar la inmigración ilegal, combatir el islam político y endurecer el sistema de asilo para hacer que Austria ya no sea un país atractivo para los extranjeros.

Giro a la derecha

Con Kurz, los conservadores han acentuado un giro radical en materia migratoria que se ha venido produciendo paulatinamente a lo largo de la última década como concesión a la creciente popularidad del discurso islamófobo. Su estrategia consiguió relanzar al ÖVP como fuerza más votada del país, algo que no sucedía desde el 2002. Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ y quien apunta a ser vicecanciller, criticó esa apropiación. Ahora el objetivo es compartido. Con las negociaciones empezando este miércoles, el acuerdo de gobierno podría conseguirse antes de Navidades.

La única condición que hasta ahora ha puesto el FPÖ es la de controlar el Ministerio de Interior, una cartera que podría ir a parar a las manos del mismo Strache. También se baraja la posibilidad de que el ultra Norbert Hoferderrotado ‘in extremis’ en las presidenciales de diciembre, ocupe Asuntos Exteriores. Entre sus propuestas también se incluye la democracia directa del modelo suizo. En enfoque euroescéptico del FPÖ puede ser un problema para un Kurz que, a pesar de rechazar una mayor integración europea, sigue tendiendo la mano a Bruselas. "El FPÖ asumirá el esquizofrénico rol de ser el partido de la oposición dentro del Gobierno", apunta el diario ‘Der Kurier’.

Socialdemócratas en la oposición

Las similitudes programáticas y la predisposición de la derecha austríaca a darse la mano condenará a los socialdemócratas (SPÖ) a la oposición, un rol que no asumen desde 1996. Tras una década siendo la formación más votada del país, el carisma de Kurz por un lado y el auge ultraderechista por el otro mermaron su posición. Los resultados electorales del 2013 y el 2017 son prácticamente idénticos. "Veremos una coalición ideológica de dos partidos de derechas que se han acercado en contenido e ideología desde hace tiempo", ha criticado el actual canciller socialdemócrata Christian Kern.

Hace una semana los socialdemócratas tendieron la mano a la ultraderecha para intentar formar un Gobierno de coalición que les permitiese seguir en el poder desplazando a Kurz. Con ello, la elite del partido rompió la tradición de actuar como cordón sanitario contra los ultranacionalistas, seguida durante 30 años. Aun estar prácticamente descartada, esa opción - solo pactada en 1983 - refleja como en Austria el discurso anti-inmigración e incluso islamófobo se está convirtiendo en algo transversal, no es patrimonio exclusivo de los ultras.

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