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LA HISTORIA

Un encaje de bolillos

El acuerdo nuclear con Irán puso fin a una década y media de confrontación internacional

Montserrat Radigales

La delegación de EEUU, presidida por el secretario de Estado, John Kerry, con la delegación iraní liderada por su homólogo Javad Zarif, el 16 de enero del 2016.

La delegación de EEUU, presidida por el secretario de Estado, John Kerry, con la delegación iraní liderada por su homólogo Javad Zarif, el 16 de enero del 2016. / AFP / KEVIN LAMARQUE

El acuerdo entre las grandes potencias internacionales (EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) e Irán puso fin a casi una década y media de confrontación internacional, política y diplomática, por el programa nuclear iraní. 

Los acuerdos

El llamado grupo 5+1 (en referencia a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania), que otros prefieren denominar UE+3 (o sea la Unión Europea más EEUU, Rusia y China) firmó en realidad dos acuerdos con Irán. El primero, llamado Acuerdo Marco, se alcanzó en Lausana (Suiza) el 2 de abril del 2015 (Jueves Santo) y sentó las bases fundamentales del pacto. El definitivo, denominado Plan de Acción General Conjunto, se firmó en Viena el 14 de julio del 2015. Pero aún quedaba otro momento estrella y llegó el 16 de enero del 2016, fecha en que el pacto se hizo efectivo cuando la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) certificó que Irán cumplía sus compromisos y fueron levantadas todas las sanciones internacionales relacionadas con la disputa nuclear.  La rehabilitación de Irán y su regreso a la escena internacional tendría un impacto estratégico en toda la región.

El contenido

En esencia, el acuerdo impone una serie de severas restricciones al programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales. El objetivo es impedir que Irán pueda desarrollar en secreto una bomba atómica. El pacto obligó a Teherán a reducir en un 98% el uranio enriquecido que tenía almacenado, de 10.000 Kg hasta 300 Kg. Durante 15 años, Irán solo puede enriquecer uranio al 3,67%, porcentaje suficiente para centrales nucleares civiles pero no para el arma nuclear. También preveía una reducción sustancial del número de centrifugadoras operativas y solo la planta de Natanz puede enriquecer uranio. El acuerdo permite a Teherán mantener y modernizar el reactor de agua pesada de Arak . La planta subterránea de Fordo también tiene prohibido enriquecer uranio durante 15 años y queda convertido en un centro tecnológico de investigación. Son precisamente los  límites temporales de 10 o 15 años y el mantenimiento de Arak los puntos más controvertidos del acuerdo. 

Los inicios

En agosto del 2002 el Consejo Nacional de Resistencia de Irán, un grupo opositor iraní en el exilio, reveló al mundo, con todo lujo de detalles, las actividades nucleares en las plantas de Arak y de Natanz. Puede decirse que fue el inicio del conflicto. En febrero del 2003 el entonces presidente iraní, Mohamed Jatamí, reconoció la existencia de Natanz y aceptó inspecciones de la OIEA. Empezó un tira y afloja entre Irán, que reivindicaba su derecho a la energía nuclear e insistía en que el programa solo perseguía fines pacíficos, y la comunidad internacional, que sospechaba que Teherán buscaba dotarse de la capacidad de fabricar la bomba atómica. 

El tira y afloja

La llegada al poder del extremista Mahmud Ahmadineyad, elegido en agosto del 2005 presidente de Irán, exacerbó la situación. El tira y afloja pasó por múltiples fases, de distensión, de confrontación y de amenazas. En julio del 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que prohibía a Irán enriquecer uranio. En años posteriores hubo múltiples rondas de negociaciones. La ONU decretó sanciones en cuatro ocasiones, EEUU añadió las suyas y la UE se subió al carro. Hubo una guerra encubierta de sabotaje (atribuida a Israel, EEUU y Gran Bretaña) que incluyó desde un virus informático que inutilizó un millar de centrifugadoras iranís hasta el asesinato de científicos iranís. Pero fue la elección de Barack Obama como presidente de EEUU (2008) y del pragmático Hasan Rohani como presidente de Irán (2013) lo que decantó la balanza del lado de la diplomacia.  El resto es historia. 

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