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DEBATE EN NUEVA YORK

Guterres aboga por una ONU "ágil, efectiva, flexible y eficiente"

Un total de 120 países apoyan el borrador de reforma propuesto por EEUU en consonancia con las posturas del secretario general de la ONU

Ricardo Mir de Francia

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres (izquierda), en la sede de la ONU.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres (izquierda), en la sede de la ONU. / EFE /JUSTIN LANE

Donald Trump no es el arquitecto de la reforma que ambiciona Naciones Unidas, pero sí podría ser su catalizador. Su llegada a la Casa Blanca, que vino precedida por un marcado escepticismo hacia la institución multilateral y la promesa de reducir significativamente las contribuciones estadounidenses, convirtió lo que era una aspiración del nuevo secretario general, António Guterres, en una necesidad imperiosa para evitar la espantada del mayor contribuyente al presupuesto de la ONU. Desde entonces, el equipo del socialista portugués se ha dedicado a tender puentes con Washington para buscar una fórmula consensuada a la reorganización de la ONU, unas gestiones que parecen haber dado frutos. Guterres aboga por una ONU "ágil, efectiva, flexible y eficiente".

En su primera incursión en las reuniones de la Asamblea General, donde el martes ofrecerá su discurso ante el plenario, Trump ha respaldado las reformas y ha aplaudido las iniciativas propuestas por su secretario general. “En los últimos años, las Naciones Unidas no han alcanzado todo su potencial debido a la burocracia y la mala gestión”, ha afirmado el estadounidense. “Animamos a todos los estados miembros a que adopten posiciones valientes en la ONU para cambiar la forma de trabajar y no repetir las fórmulas del pasado que no funcionaron”. Trump ha descrito a Guterres como un hombre con una “extraordinaria visión” y ha dicho que la institución “está cambiando rápidamente”.

Estados Unidos ha lanzado un borrador para reformar el funcionamiento de la institución creada en 1945, una propuesta que han apoyado 120 países, “un número milagroso”, en palabras de su embajadora ante la ONU, Nikki Haley. El documento llama entre otras cosas a reducir las duplicidades entre sus distintas agencias, a incrementar los poderes del secretario general, reducir la supervisión y transparencia de sus departamentos o promover la paridad de género. Propuestas, todas ellas, que ya había delineado Guterres. Ni Rusia ni China han suscrito por el momento el borrador.

La intención de la Casa Blanca pasa también por reducir la contribución de EEUU, que es el principal patrón de la ONU. Washington paga el 22% del presupuesto general y el 28% del coste de las misiones de paz. En agencias como la Organización Mundial de la Salud, la contribución es todavía mayor. “Debemos asegurarnos de que ningún estado miembro soporta desproporcionadamente la carga, tanto militarmente como financieramente”, ha dicho Trump durante su intervención. El tono empleado ha tranquilizado a todos aquellos que temían ver a un Trump desafiante y listo para reventar las ambiciones reformistas de Guterres.

Lo que no quita que el camino por delante esté lleno de obstáculos. “Creo que esto va a ser un show, una especie de producción conjunta de Broadway, para todo el mundo”, ha dicho Cédric Dupont, profesor de Relaciones Internacionales en el Graduate Institute de Ginebra, sede del cuartel general de la ONU en Europa. “Todos dirán que ‘estamos de acuerdo contigo’ y que ‘es muy importe’ y luego cada uno irá por su lado”.

La iniciativa, en cualquier caso, no aspira a reformar el Consejo de Seguridad, que otorga un anacrónico poder de veto a las cinco grandes potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, una prerrogativa que ha impedido hasta ahora solucionar problemas acuciantes como la guerra en Siria.