04 jun 2020

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SEGÚN FUENTES DE LA ADMINISTRACIÓN

Trump se dispone a liquidar el plan que regularizaba a los jóvenes 'dreamers'

El presidente suspenderá el programa de Obama que posibilitó a los menores inmigrantes sin papeles quedarse en EEUU con permisos de trabajo temporal

Idoya Noain

Cientos de manifestantes en una marcha a favor del programa DACA en Nueva York.

Cientos de manifestantes en una marcha a favor del programa DACA en Nueva York. / AFP / SPENCER PLATT

Donald Trump está a punto de convertir el sueño en pesadilla para cerca de 800.000 jóvenes adultos inmigrantes en Estados Unidos. Este martes se espera que el presidente anuncie la suspensión de DACA, un programa aprobado por decisión ejecutiva de Barack Obama en el 2012 que abrió la puerta a los menores que llegaron al país sin papeles a quedarse con permisos de trabajo. La tormenta política, por no hablar de la humana, se ha desatado ya.

Los detalles específicos de la decisión no se conocen aún y la impredecible volatilidad de Trump podría deparar alguna sorpresa, pero fuentes de la Administración han adelantado a diversos medios estadounidenses los planes. Y según esas filtraciones, lo que el presidente hará será suspender el programa que postergaba las deportaciones de quienes llegaron a EEUU antes del 2012 con menos de 16 años dando al Congreso un plazo de seis meses para que resuelva legislativamente el futuro de los afectados, conocidos como los 'dreamers' (soñadores).

Con la polémica decisión, Trump cumple una promesa de campaña y satisface a la base de votantes y el círculo de aliados políticos extremistas que defienden la línea más dura contra la inmigración. También, no obstante, desoye a otra parte de su círculo cercano (incluidos su hija Ivanka y su yerno, Jared Kushner) y a algunos republicanos, no solo moderados, que le han advertido seriamente en contra de la idea.

Trump, además, contradice la postura pública que ha mantenido desde que ganó la presidencia. En abril, en una entrevista con AP, Trump aseguró a los 'dreamers' que podían “estar tranquilos”. En repetidas ocasiones ha prometido abordar su situación con “enorme compasión”. Y hace solo tres días, en un encuentro con líderes religiosos, declaraba: “Los amamos. Son estupendos”.

Batalla política

Trump parece haber estado movido a actuar en este momento por la presión de varios fiscales generales estatales republicanos, que en junio le enviaron una carta amenazando con luchar contra DACA en los tribunales si no hacía algo para suspender el programa antes del 5 de septiembre. Eso habría colocado en una posición imposible al Departamento de Justicia, que habría que tenido que defender el programa ante los jueces, más aún cuando quien dirige ese departamento es Jeff Sessions, uno de los máximos exponentes de la línea dura en inmigración de la Administración.

El plan obvio de Trump es pasar al Congreso la responsabilidad de buscar una solución a la situación de los inmigrantes afectados, pero no está exento de complicaciones. Aunque congresistas republicanos podrían alinearse con los demócratas para intentar diseñar un camino a la regularización, las cámaras se han demostrado durante muchos años incapaces de alcanzar pactos bipartidistas que permitan avanzar legislación referente a inmigración.

El traspaso al Congreso, además, tiene mucho de maniobra de imagen. John Kelly, el jefe de gabinete de Trump, que ha estado dirigiendo las negociaciones políticas en la Casa Blanca sobre el programa de inmigración, ha dejado clara su convicción de que las cámaras hace tiempo que deberían haber hecho algo. Es decir, aunque la Casa Blanca no cree que el Congreso vaya a lograr una solución, pone sobre sus espaldas el peso de la responsabilidad.

Varios congresistas republicanos, incluyendo el 'speaker' Paul Ryan, han desaconsejado a Trump suspender DACA. Aunque entienden que existen bases legales para hacerlo, saben que están entrando en un terreno extremadamente complejo en términos humanos y emocionales. Y, además, son conscientes de que se abre un nuevo frente de guerra interna, en la que combatirán los partidarios de buscar una vía de legalización para los menores inmigrantes con los ultras que denuncian que hacerlo equivale a una “amnistía”.

Obama, dispuesto a romper su silencio

Lo que se da por seguro este martes es que el anuncio de Trump sacará a Barack Obama del respetuoso silencio con el que ha estado respondiendo, por lo general, a las actuaciones de su sucesor, incluso las más polémicas. En su última comparecencia ante la prensa antes de abandonar la Casa Blanca, Obama ya avanzó que cualquier intento de revertir DACA sería uno de los pocos temas en que se sentiría “moralmente obligado” a hablar y, según ha avanzado Politico, planea hacerlo mañana.

Su declaración probablemente llegará en forma de un comunicado en Facebook que el presidente también hará llegar a sus más de 94 millones de seguidores en Twitter. En esa misma red, su elegante crítica al racismo desatado en Charlottesville, en la que eligió replicar una cita de Nelson Mandela en vez de cuestionar directamente la polémica respuesta de Trump, su mensaje se convirtió en el más replicado de la historia.

Cerca de 800.000 'dreamers'

Nadie diría que no han nacido en Estados Unidos. Hablan un perfecto inglés, han sido escolarizados en centros estadounidenses, han incorporado las costumbres más arraigadas del país, incluso tienen hermanos con la nacionalidad norteamericana porque ya han nacido en suelo estadounidense. Son los 'dreamers', hijos de inmigrantes indocumentados que llegaron a EEUU siendo niños y ahora ya se han convertido en adultos. Las cifras oficiales hablan de unas 800.000 personas en estas circunstancias que, al alcanzar la edad adulta, vuelven a constatar que arrastran el sambenito de «indocumentados».

El apelativo de 'dreamers' tiene su origen en las siglas de un proyecto de ley que abordaba esta cuestión por primera vez hace más de una década. Así quedaron bautizados los afectados, jugando con el doble sentido de una palabra que apela a los sueños y esperanzas de estos jóvenes y niños indocumentados respecto a su futuro.

El programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) es un programa creado en junio del 2012 por el presidente Barack Obama que amparaba a los dreamers llegados a EEUU antes de junio del 2007. Según el programa –el mismo que ahora pretende borrar de un plumazo el presidente Donald Trump–, los afectados que no tengan antecedentes, vayan a la escuela o se hayan graduado y cumplan otra serie de condiciones no serán deportados, podrán solicitar un permiso de trabajo renovable cada dos años, tramitar el permiso de conducir y viajar fuera de EEUU y regresar y optar a becas y ayudas. MONTSE MARTÍNEZ