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ALTA TENSIÓN EN EL LEJANO ORIENTE

EEUU acusa a Corea del Norte de "suplicar la guerra"

China y Rusia rechazan en el Consejo de Seguridad la propuesta de Estados Unidos para aplicar nuevas sanciones

Ricardo Mir de Francia

Cho Tae-yui (izq), embajador de Corea del Sur en la ONU, saluda a sus homólogos de EEUU, Nikki Haley (derecha), y del Reino Unido, John Rycroft, el 4 de septiembre.

Cho Tae-yui (izq), embajador de Corea del Sur en la ONU, saluda a sus homólogos de EEUU, Nikki Haley (derecha), y del Reino Unido, John Rycroft, el 4 de septiembre. / AP / BEBETO MATTHEWS

El ensayo nuclear que Corea del Norte llevó a cabo el domingo, el sexto desde el 2006 y también el de mayor envergadura hasta la fecha, ha puesto a las Naciones Unidas contra la espada y la pared. Ni siquiera China y Rusia han condonado la actitud extremadamente provocadora del régimen de Kim Jong-un, que ha vuelto a saltarse sus obligaciones internacionales, pero como se ha visto esta mañana en la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad, sus miembros no se ponen de acuerdo en la forma de afrontar el desafío norcoreano. Estados Unidos ha acusado a Pionyang de "estar suplicando la guerra” y ha abogado por imponer las “sanciones más duras posibles”, una postura que respaldan Japón, el Reino Unido y Francia. Pero ni China ni Rusia están por la labor e insisten en buscar el diálogo.

En otras circunstancias podría esgrimirse que el mundo se está preparando para la guerra. El propio director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, uno de los organismos de la ONU, ha declarado que Corea del Norte se ha convertido en una “amenaza global”. Esa definición apela implícitamente a las responsabilidades del Consejo de Seguridad, que tiene potestad para autorizar una intervención armada si considera que la paz internacional y la seguridad están amenazadas. Pero Corea del Norte no es Libia ni Irak. Es una potencia nuclear, con suficiente artillería para lanzar una devastadora lluvia de misiles convencionales sobre Seúl en espacio de minutos y que ha amenazado con atacar las bases estadounidenses en Guam con armas nucleares si se siente provocado.

Todos esos factores deberían dar un respiro a los partidarios de la guerra. Por el momento, ni siquiera EEUU da por finiquitada la vía diplomática. “Ha llegado el momento de agotar todos los medios diplomáticos antes de que sea demasiado tarde”, dijo su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, durante la reunión de emergencia del Consejo. “El espacio para las medias tintas se ha acabado”. Haley sugirió que su país podría imponer sanciones unilaterales a los países que comercien con Corea del Norte, una posibilidad que afectaría especialmente a China, responsable del 80% del comercio con el Estado ermitaño.

Rondas de sanciones

En la recámara no quedan demasiados cartuchos tras siete rondas de sanciones, las últimas el mes pasado, cuando se prohibió el comercio de carbón, hierro, plomo y marisco norcoreano con la intención de reducir en un tercio los ingresos que recibe en materia de exportaciones. La ropa y los textiles son ahora la principal fuente de ingresos de Pionyang, según los expertos. Otro escenario mucho más extremo sería prohibir la venta de energía, pero China está cerrado en banda porque considera que podría provocar la caída del régimen y allanar el camino para que el país sea ocupado por tropas surcoreanas y estadounidenses, que pasarían a estar al otro lado de su frontera. También teme que, a las puertas del crudo invierno norcoreano, pueda desatar una crisis humanitaria que empuje a decenas de miles de sus ciudadanos a buscar cobijo en territorio chino.

Como alternativa, China y Rusia abogan por una solución negociada. “El contencioso de la península debe resolverse por la vía pacífica. China nunca permitirá el caos y la guerra”, dijo su embajador en la ONU, Liu Jieyi. Ambos países propusieron que Corea del Norte frene su programa nuclear a cambio de que Washington y Seúl hagan lo propio con las maniobras militares conjuntas que cada año llevan a cabo. Suiza se ha ofrecido a mediar, pero EEUU no tardó en rechazar la fórmula tildándola de “insultante”. “Cuando un régimen canalla tiene un arma nuclear y un misil interbalístico apuntados contra ti, no tomas medidas para bajar la guardia. Nadie lo haría, tampoco nosotros”, respondió Haley. Su país trabaja ahora en una nueva resolución que incluya sanciones adicionales, una propuesta que pretende someter a votación el próximo lunes.

Bomba de hidrógeno

El régimen norcoreano sostiene que el artefacto que detonó el domingo es una bomba de hidrógeno. Los expertos occidentales y asiáticos tienen dudas, pero sí han determinado que la deflagración fue como mínimo tres veces más poderosa que las bombas que devastaron Hiroshima y Nagasaki al final de la segunda guerra mundial. “La amenaza ha cambiado en su naturaleza y dimensión”, aseguró el embajador francés, François Delattre. “Ya no es una amenaza regional, sino global”. Aunque Corea del Sur insiste en que no quiere la guerra, se está preparando para lo peor. Este lunes su aviación y su infantería llevaron a cabo un simulacro de ataque contra las instalaciones nucleares de su vecino del norte, con el que siguen técnicamente en guerra desde 1953.

Mientras la diplomacia estadounidense busca aliados en Nueva York, Donald Trump se ha dedicado en los últimos días a enemistar a su principal socio en esta crisis: Corea del Sur. Trump ha acusado a su Gobierno de “buscar el apaciguamiento”, y ha amenazado paralelamente con romper el tratado comercial que une a ambos países. En Washington nadie entiende de qué sirve, en un momento crítico como el actual, distanciarse de un aliado al que EEUU ha prometido socorrer en caso de ataque inminente.