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PRÓXIMAS ELECCIONES EN ALEMANIA

La ultraderecha, a las puertas del Bundestag

La nacionalista y xenófoba Alternativa para Alemania (AfD) aspira a convertirse en la tercera fuerza política del país

Carles Planas Bou

Los dos principales candidatos AfD en las generales, Alexander Gauland (derecha) y Alice Weidel, antes de una rueda de prensa en Berlín, el 21 de agosto.

Los dos principales candidatos AfD en las generales, Alexander Gauland (derecha) y Alice Weidel, antes de una rueda de prensa en Berlín, el 21 de agosto. / EFE / FELIPE TRUEBA

El nacionalismo excluyente y racista nunca desapareció del mapa en Alemania, pero jamás desde 1945 había tenido una voz tan fuerte. Por primera vez desde el restablecimiento del orden democrático, todo indica que un partido político de ultraderecha como es Alternativa para Alemania (AfD) entrará el próximo 24 de septiembre en el Bundestag, el Parlamento alemán. Con un 8% en las encuestas, la formación xenófoba pelea no solo por obtener representación sino por convertirse en tercera fuerza y principal oposición al desgastado Gobierno de coalición entre democristianos y socialdemócratas.

Lejos del estereotipo ultra, AfD es mucho más que un grupo de radicales. El partido también agrupa a grandes segmentos conservadores de la población contrarios a la cancillera Angela Merkel y a su apertura de puertas a los refugiados, críticos con la burocrática Unión Europea (UE) y frustrados con el funcionamiento de un sistema que los ha excluido. “Gran parte del voto a AfD es porque, más allá de lo que dicen, representan el descontento político”, asegura Franco Delle Donne, autor del libro ‘Factor AfD’. Así, se entiende que AfD haya sabido robar votos de todos los partidos, de derecha a izquierda, y haya motivado a abstencionistas convirtiéndose en un movimiento transversal para lanzar un voto de protesta.

Islamofobia en campaña

Pero más allá de la crítica a Bruselas y a las élites de Berlín como responsables de los problemas alemanes, el chivo expiatorio señalado por AfD son los musulmanes. Desde mujeres en bikini diciendo 'no al burka' a fotos de cerdos acompañadas por el lema “El islam no cabe en nuestra cocina”, la campaña electoral de los islamófobos deja claro que el repudio y la criminalización de la religión islámica está en el centro de su discurso.

A pesar de captar el voto de los llamados perdedores de la globalización, AfD también es un partido de ultras. La estrategia de provocación ha encontrado un caladero de éxito en Alemania como también lo ha hecho en países vecinos como Francia o los Países Bajos. Las posiciones antisemitas y filonazis de varios sectores de la formación se han maquillado y han redirigido su odio hacia los nuevos inmigrantes, a quienes incluso han pedido disparar en la frontera.

A falta de un mes para que se celebren los comicios, el atentado terrorista en Barcelona puede darles un nuevo empujón que les sitúe como tercera fuerza del país. El ataque de diciembre en Berlín fue un ‘regalo’ que les permitió escalar hasta el 15,5% de los votos.

Marcar la agenda

Aunque Merkel y los otros partidos han descartado cualquier tipo de acuerdo con los ultras, el impacto político de la formación xenófoba ya se ha traducido en medidas concretas adoptadas por Berlín. La cancillera sabe que AfD puede avanzarla por la derecha y robarle votos de los sectores más conservadores de su partido, desencantados con sus políticas migratorias, y no ha dudado en adoptar parte del mensaje ultra.

Prohibir el burka, agilizar las deportaciones, reducir la llegada de refugiados y lanzar, a través del ministro del Interior, Thomas de Maizière, un mensaje nacionalista e identitario han sido algunos de sus gestos. Simbólicamente, la CDU ha dado la espalda a la hasta ahora respetada norma no escrita de no utilizar simbología nacional en campaña y ha decorado sus carteles electorales con los colores de una bandera alemana que AfD ha querido apropiarse. La claudicación silenciosa de Merkel y los suyos ha permitido a la ultraderecha marcar la agenda política de Alemania antes incluso de entrar en el Parlamento. Esta está siendo su gran victoria.

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