CARTA A EL PERIÓDICO

Hamza Yalçin, 40 años de lucha política

El veterano periodista y activista sueco-kurdo acumula condenas, huidas y persecuciones, desde la dictadura militar hasta ahora con Erdogan

Protesta en Estambul por la detención de Yalçin, el pasado día 13.

Protesta en Estambul por la detención de Yalçin, el pasado día 13. / AFP / OZAN KOSE

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Júlia Regué / Barcelona

En su carta a EL PERIÓDICO, Hamza Yalçin, el periodista sueco-kurdo preso en Brians tras ser detenido por una orden internacional a petición de Turquía, repasa su trayectoria personal y su lucha política ni más ni menos que desde 1975, cuando estudiaba en la academia militar y tuvo que afrontar las primeras represalias por su militancia socialista. Eran años convulsos, de violenta confrontación entre ultraderechistas e izquierdistas en las calles. Su situación se agravó con el golpe de estado militar de 1980. "Los generales me consideraban un traidor y me odiaban. Me querían ejecutar, pero huí de la prisión y durante mucho tiempo viví como un fugitivo", relata.  "A ojos de mis opresores me convertí en aún más infame. Presionaron constantemente a mi entorno para aislarme. Para castigarme, tomaban declaraciones mediante el uso de la fuerza tanto a personas que conozco como a otras que no conozco", añade.

En 1985 Yalçin viajó a Suecia, y consiguió su condición de asilado dos años más tarde –desde el 2005, es ciudadano del país escandinavo–. Pero siguieron sus idas y venidas y su actividad política, y en esos años acumuló varios juicios, tres años de cárcel y dos condenas a muerte.

Torturas y secuelas

En 1990 fue nuevamente detenido en Turquía y trasladado a la comisaría de asuntos políticos en Gayrettepe (Estambul), donde fue torturado durante una semana. Los malos tratos le dejaron secuelas permanentes en los hombros y en las muñecas. En 1995, durante otro arresto, fue torturado con un ahorcamiento simulado, denuncia.

En 1998, el periodista fue condenado a muerte "por ser el líder de una organización que nunca ha existido, el THKP-C Tercera Vía", recuerda. Aunque el tribunal no le consideró culpable en primera instancia, y tampoco al repetirse el juicio tras un recurso del fiscal, la Asamblea General del Tribunal Supremo de Apelación "'recomendó' el mayor castigo posible" y el tribunal cedió a la presión. Posteriormente la pena le sería conmutada por una cadena perpetua. En el 2004 volvió a ser condenado a muerte, "basándose en declaraciones tomadas bajo torturas".  

Yalçin, que hoy tiene 59 años, se asentó finalmente en Suecia. Su actividad política no ha cesado, tampoco las amenazas del Gobierno turco. A través del Movimiento de Educación y Solidaridad, vinculado a la revista 'Odak', en la que publica regularmente, mantiene su actividad desde el exilio, con el propósito de "unir a todas las fuerzas contra la dictadura de Erdogan". De hecho, la acusación de "terrorismo" que recae actualmente sobre el periodista, y que él rechaza con contundencia, se fundamenta en dos artículos que publicó en esa revista.

Coraje y devoción

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El veterano activista e intelectual se define como "preso político" y víctima de la voluntad del presidente turco de "acallar a la prensa de la oposición". Ahora espera de las autoridades españolas que le "liberen", de Suecia que medie para garantizarle protección de nuevo y de la Interpol que "se deshaga de las decisiones políticas" del presidente turco. "Erdogan no es el rey de todos los países, de la Interpol tampoco", ironiza.

En cualquier caso, con todas sus horas de vuelo, las circunstancias que está viviendo no le van a amedrentar, asegura Yalçin en su relato. "Soy consciente de a lo que me puedo enfrentar si me entregan a Turquía. Crecí en el movimiento revolucionario de Turquía, donde el coraje, la devoción y el no tener miedo a la muerte se convirtieron en cultura. Pagué un precio muy alto durante 40  años para luchar por la libertad. Si es necesario lo haré de nuevo", concluye.