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CRISIS MIGRATORIA

La tragedia del Mediterráneo central, visibilizada gracias a los fotoperiodistas

Las potentes imágenes de fotógrafos españoles han contribuido a explicar al mundo la crisis de los refugiados

Algunos profesionales dudan todavía del impacto real de sus trabajos entre la opinión pública

Martí Benach

El cadáver de una mujer, flotando en el Mediterráneo a 20 millas al norte de Zuwarah (Libia), el 21 de junio.

El cadáver de una mujer, flotando en el Mediterráneo a 20 millas al norte de Zuwarah (Libia), el 21 de junio. / EMILIO MORENATTI

Un puñado de fotoperiodistas españoles han logrado que la crisis humanitaria del Mediterráneo central, donde este año ya han muerto ahogados 2.242 migrantes en su travesía desesperada hacia Europa, haya alcanzado una enorme visibilidad. Sus imágenes han dado la vuelta al mundo, y han contribuido a explicar el sufrimiento de los inmigrantes durante su odisea. Su objetivo: abrir los ojos y sensibilizar a la opinión pública, empujar, tal vez, a una reacción social ante este drama sin fin. Pese a las dificultades, las dudas y el desánimo que, a menudo, conlleva su difícil labor, tienen claro que no piensan abandonar.

La mayoría de estos profesionales son veteranos fotógrafos especializados en conflictos, acostumbrados a moverse en situaciones de emergencia, pero todavía les impresiona presenciar un rescate a vida o muerte en alta mar. “Lo más impactante es ver cómo todos estos migrantes están dispuestos a jugarse la vida lanzándose al mar. Nadie lo hace si no está completamente desesperado. Y cuando les rescatan es brutal, alucinan, no saben ni dónde están”, afirma Ricardo Garcia Vilanova, que ha cubierto guerras en Siria Afganistán y retrata las migraciones en el Mediterráneo desde el 2012.

"Encontramos 168 personas en aquel bote de goma deshinchado, en alta mar, tratando de mantener el equilibrio sobre 13 cadáveres, 8 mujeres (2 de ellas embarazadas) y 5 hombres. Los muertos empezaron a ser visibles a medida que los vivos abandonaban la patera para subir a las lanchas de rescate". / SANTI PALACIOS

El fotoperiodista Santi Palacios, sociólogo de formación, lleva también cinco años fotografiando las rutas de refugiados. Ha recorrido los tres cruces del Mediterráneo, desde Marruecos, Turquía y Libia, y lo considera un “trabajo de vida, a largo plazo”: “Voy recorriendo el conflicto desde el origen, la ruta y el destino. Es la mejor manera de explicar el contexto y dar una explicación global a las migraciones”, explica.

El riesgo de la 'normalización'

Igual que su colega, Palacios reivindica el papel del fotoperiodismo en la crisis actual: “Desde el 2015 parece que estemos en una de las crisis humanitarias más mediáticas de la historia, y hemos contribuido a crear una ‘normalización’ de estas situaciones”. Sin embargo, esto también comporta un riesgo “peligroso”: “Parece que creemos imágenes de una invasión masiva, cuando en realidad el número de los que llegan es perfectamente asumible”, asegura.

El desafío, dice Palacios, es “conseguir imágenes a nivel emocional, crear empatía y una reacción positiva en la audiencia”. Las técnicas para lograrlo son las mismas que en la fotografía de guerra. “Actuamos con el mismo baremo: máxima empatía y respeto por la gente que está viviendo situaciones traumáticas. Ante el drama y el dolor ajeno, yo intento aproximarme desde la perspectiva de, si yo fuera la víctima, qué querría o cómo querría aparecer, y qué límites pondría. Tras los rescates tienes más oportunidades de interactuar, las situaciones siguen siendo muy dramáticas, aunque no tan extremas o salvajes como si te estuvieran disparando”, explica Garcia Vilanova.

"Esta imagen, tomada en julio de 2015,  muestra a un hombre dando las gracias tras haber sido rescatado. Al fondo, el rescate sigue. La mayoría de las personas rescatadas en el Mediterráneo han pasado meses, a veces incluso años, en el infierno libio, donde muchos son maltratados, esclavizados e incluso torturados". ANNA SURINYACH

Vinculaciones culturales

Anna Surinyach, editora gráfica de la revista 5W, que acaba de regresar de una misión en el Mediterráneo con la oenegé Proactiva Open Arms, utiliza “la misma técnica que siempre”: “Buscar imágenes que nos vinculen con las víctimas, familiares, que vinculen diferentes culturas aunque no se entiendan demasiado sus códigos específicos y que describan muy bien la situación”, afirma, para añadir: “Y sobre todo, no violentar a las víctimas, que nunca tienen que salir perjudicadas”. Otra cosa es la opinión pública. “Que se sienta violentada a veces incluso me parece bueno”, agrega.

El debate recurrente sobre el equilibrio entre mostrar la cruda realidad y no ofender a la audiencia no tiene cabida en las reflexiones de estos fotógrafos: “Vamos a trompicones, y cada persona lo ve diferente: hay quienes no entienden que se fotografíen cadáveres, y otros que creemos que la mortandad, la muerte en el mar, es periodísticamente muy relevante, tanto como para difundir imágenes duras”, afirma Palacios, cuyas fotografías de cadáveres de inmigrantes amontonados en pateras levantaron polvareda en las redes sociales.

Angustia y estrés

En sus misiones por el Mediterráneo, ‘empotrados’ con las oenegés que surcan el mar en busca de náufragos, todos se han topado con historias espeluznantes. “El primer rescate nunca se olvida, siempre es angustiante, estresante... Luego te quedas con las miradas, con las historias personales, y quieres que la gente las conozca”, explica Surinyach. Historias como la de Sara, que publicó en ‘The New York Times’: una niña libia de 2 años, cuya madre murió quemada y aplastada en la travesía y cuyo hermano cayó al agua y se ahogó. O como la de un joven que se rompió las dos piernas huyendo de una cárcel en Libia, “y aún decía que era lo mejor que había hecho en su vida”, recuerda.

"Samir, de 8 años, procedente de Somalia,  en el barco de rescate Astral de Proactiva Pro Arms, hace 20 meses. Al fondo y a su izquierda, más refugiados exhaustos. Su mirada al vacío y perdida transmite que realmente es imposible imaginar el terror que deben sentir unas personas que de repente se encuentran en el medio de la nada". / RICARD GARCIA VILANOVA

Emilio Morenatti, jefe de fotografía de Associated Press en España y Portugal, confiesa que la primera vez que acudió al Mediterráneo central le “transformó”. “De todas las crisis que he cubierto, es la que más me ha marcado a la hora de involucrarme. Se crea una situación muy compleja, y al final te inclinas hacia el activismo sin caer en él”, explica. También él se vio sin querer involucrado, cogiendo en brazos a bebés o niños de 4 años, la misma edad que sus hijos. “Conocí a un niño de 6 años cuya madre murió, ahogada, y estaba totalmente desconsolado, con la mirada perdida. No sé si la recuperará”, rememora.

'Feedback' inesperado

Tras la publicación de estas imágenes, el ‘feedback’ no siempre es el esperado. “Cuando una historia como la de Sara no te sensibiliza, ya poco puedes hacer”, se resigna Surinyach, que admite su “impotencia y preocupación” al observar las polarizadas reacciones en torno a la inmigración que asaltan últimamente las webs y las redes sociales. Para Palacios, lo más impactante de todo es la “falta de empatía” en las sociedades europeas, la poca movilización social y los discursos de no acogida que prevalecen en algunos medios. En cuanto a la publicación de imágenes, Morenatti cree que la mayoría adolecen a veces de un “punto de vista conservador”.

“La crisis está saliendo en los medios, pero falta perspectiva y contexto. Tenemos que hacer un esfuerzo extra, no solo contar los rescates, sino ir al origen del conflicto”, insiste Surinyach. Más allá de las críticas, Palacios se declara optimista: “Hay un error a la hora de analizar este trabajo, no hay que pensar que cambiará algo de un día para otro, pero sí tiene un gran valor a medio y largo plazo. Con el tiempo, nuestras imágenes acabarán generando un mayor impacto, son documentos con valor histórico”, concluye.