Ir a contenido

LA NUEVA ADMINISTRACIÓN DE EEUU

Trump maniobra para alejarse del caos

El presidente espera que Kelly ayude a imponer disciplina tras 193 días tumultuosos en la Casa Blanca

La persistencia de la sombra del 'Rusiagate' y la volatilidad del mandatario republicano plantean dudas

Idoya Noain

Donald Trump a las puertas de la Casa Blanca.

Donald Trump a las puertas de la Casa Blanca. / AFP / YURI GRIPAS

La presidencia de Donald Trump no es la primera en la historia de Estados Unidos marcada por convulsiones y turbulencias. El nivel de caos y conflicto que ha emanado de la Casa Blanca en los 193 primeros días de mandato del antiguo magnate inmobiliario y estrella del 'reality show', no obstante, tiene escaso parangón.

Los poco más de seis meses de la era Trump se han desarrollado ante los ojos de los ciudadanos de EEUU y del mundo como una auténtica pieza de teatro del absurdo, con un frenético baile de personajes en el Ala Oeste y en la Administración, piezas de un guión en perpetuo cambio donde lo único que persiste es, para desesperación de Trump, la oscura nube del ‘Rusiagate’. Con el reciente nombramiento del general retirado John Kelly como jefe de Gabinete arranca el segundo acto. Y aunque sobre el papel hay esperanzas de una normalización, de que en el 1600 de la Avenida Pensilvania se instalen por fin disciplina, orden y trabajo coordinado, prácticamente nadie osa apostar por ello. El impredecible e incontrolable Trump sigue siendo presidente.

Equipo de 'outsiders'

Varios factores ayudan a entender el esperpéntico arranque de la era Trump y uno es que la experiencia ejecutiva o legislativa no cotizaba al alza en la bolsa de valores para entrar en el equipo más cercano de un presidente que como candidato presumía justamente de su condición de ‘outsider’.

Con él llegaron a la Casa Blanca como asesores su hija Ivanka y el marido de esta, Jared Kushner, tan ambiciosos como neófitos en asuntos de Washington y tan cercanos al presidente como inefectivos, al menos hasta ahora, en influir con su supuesta moderación progresista en sus políticas. Entró también en el Ala Oeste y en el relevante cargo de estratega jefe Steve Bannon, un representante de la derecha más radical del país, comprometido con la destrucción del sistema. Se guardaron las apariencias con el aparato republicano, dando a Reince Priebus la jefatura del Gabinete y a Sean Spicer la portavocía de la Casa Blanca. Y, complicando la maraña, se hizo también espacio en la cúpula para representantes del estamento militar.

Lo insostenible de ese puzle ha quedado claro, especialmente en las dos últimas semanas. Spicer y Priebus han salido de la foto después de que Trump fichara como director de comunicaciones a Anthony Scaramucci, otro inversor sin experiencia política previa que se lanzó a un soez y agresivo asalto de Priebus que le ha acabado costando también a él el cargo, el primer puñetazo sobre la mesa que ha dado Kelly.

Ivanka Trump y Kushner se mantienen, equilibrando victorias y derrotas (porque habrían preferido que el jefe de Gabinete fuera el principal asesor legal de la Casa Blanca, Gary Cohn). Bannon, enfrentado a la facción de lo que llama “los demócratas neoyorquinos” (liderada por Ivanka y Kushner), al menos sobrevive. Y aunque la huella militar se sentirá con fuerza con Kelly, su otro principal representante en el Ala Oeste, el general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional, ha empezado a ser objeto de más críticas por parte de Trump.

El 'Rusiagate', la clave

Las intrigas palaciegas, no obstante, no son el mayor motor del caos. Porque lo que consume a Trump, aparte de su volátil personalidad y de su réplica en la presidencia del cuestionable estilo de liderazgo que desarrolló en el sector privado, son las investigaciones federales y del Congreso de la supuesta trama de confabulación su campaña y Rusia mientras el Kremlin interfería en las elecciones.

Por el ‘Rusiagate’ cayó tras solo 24 días como asesor de seguridad nacional el general Michael Flynn, que mintió sobre el contenido de sus conversaciones con el embajador ruso en Washington. Y aunque Trump fulminó a Sally Yates como Fiscal General en funciones cuando ella se negó a defender su propuesta de veto a refugiados e inmigrantes de varios países de mayorías musulmanas, luego se supo que la jurista había mantenido una reunión con el abogado principal de la Casa Blanca precisamente para alertar sobre Flynn.

La obsesión de Trump con lo que él asegura que es una “caza de brujas” le ha llevado a atacar dura y públicamente a su Fiscal General, Jeff Sessions (que se recusó de cualquier investigación vinculada a Rusia) y le llevó a tomar la decisión más polémica y de potenciales peores consecuencias, por ahora, para él: cesar a James Comey como director del FBI. Y abrió así las puertas a su peor pesadilla: la apertura de la investigación especial que dirige Robert Mueller, que por el cese de Comey incluye ahora pesquisas sobre si hubo obstrucción a la justicia.

Parálisis política

Con "la cosa rusa" dominando una Casa Blanca ya consumida por la inexperiencia y los conflictos internos, el avance político de Trump ha sido prácticamente nulo y los golpes recibidos, duros. Y ninguno fue mayor que la incapacidad de sacar adelante en un Congreso también controlado por los republicanos propuesta alguna para cumplir la promesa mantenida durante siete años: que acabarían con la reforma sanitaria de Barack Obama.

Kelly debería, en principio, ayudar a restablecer los contactos con el Congreso que se veían peligrar tras la salida de Priebus. Los primeros pasos que ha dado y los mensajes que ha lanzado directamente hablan de la apertura de una etapa diferente en la Casa Blanca y en la Administración, más centrada en hacer avanzar la agenda. Pero una anécdota explica las dudas que tiene incluso él mismo. Cuando aún era secretario de Seguridad Interior explicó satisfecho en una reunión privada que creía haber convencido a Trump de que dejara de pensar en la construcción de un “muro” físico con México, planteándole como alternativa una “barrera” que combinara innovaciones de tecnología de supervisión y control. Pero en esa reunión, según ha contado 'The New Yorker', Kelly reconocía también las limitaciones de su optimismo: “Nunca se sabe. Un tuit y todo puede cambiar”.

0 Comentarios
cargando