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La llama del disidente chino Liu Xiaobo se extingue

El Nobel de la Paz no puede comer ni recibir medicación por su extrema debilidad

Pekín acepta que médicos extranjeros examinen su cáncer terminal

Adrián Foncillas

Manifestantes con caretas de Liu Xiaobo en Hong Kong, el 27 de junio.

Manifestantes con caretas de Liu Xiaobo en Hong Kong, el 27 de junio. / AP / VINCENT YU

Liu Xiaobo se apaga. El cáncer de hígado está próximo a derrotar al preso político más célebre de China. Sus amigos y fuentes hospitalarias aseguran que su salud empeora rápidamente. Una fotografía reciente le muestra junto a su esposa ya macilento y enjuto, muy deteriorado respecto a su aspecto en libertad.

Su debilidad le impide ya comer y recibir la medicación, ha informado el medio hongkonés RTHK citando a Yang Jianli, un amigo y disidente que vive en Estados Unidos. El problema más serio, añade, es la acumulación de líquido en su abdomen, un síntoma habitual cuando el hígado falla. El hospital de Shenyang en el que está siendo tratado desde que fuera diagnosticado en junio lo ha corroborado en un comunicado este jueves. Otro amigo y disidente, Ye Du, ha desvelado en Twitter que los médicos han comunicado a la familia que a Liu no le queda mucho tiempo. “Estamos preocupados por si deberíamos empezar a planear qué hacer cuando él nos deje”, ha añadido. El cáncer se ha extendido ya a otros órganos, según informaciones previas.

LIBERTAD CONDICIONAL DUDOSA

Liu fue diagnosticado cuando había cumplido buena parte de los 11 años a los que fue condenado en 2009 por subversión contra el Estado y salió de la cárcel. China lo vendió como la concesión de la libertad condicional por razones medicas cuando pareció más un simple traslado de la cárcel al hospital. Policías de paisano patrullan el prestigioso centro, las enfermeras y telefonistas niegan que sea tratado ahí y sus amigos no pueden visitarle. Las autoridades han rechazado sus peticiones de ser trasladado a Pekín, donde reside su esposa, y de recibir tratamiento en el extranjero. A cambio, han mandado hacia el hospital de la norteña provincia de Liaoning a los mejores oncólogos del país y aceptado que médicos de Estados Unidos y Alemania visiten a Liu.

Las concesiones de Pekín, extrañas con el que ha sido etiquetado de “enemigo del Estado”, han sido desdeñadas como una operación de relaciones públicas por las organizaciones de derechos humanos. El empeoramiento de Liu llega en el peor momento para China. Este fin de semana empieza en Hamburgo la cumbre del G-20, donde Xi Jinping tiene previsto sellar su liderazgo global en materia medioambiental y de libre comercio. La muerte durante la cumbre del terco luchador prodemocrático sería una tragedia para la reputación nacional.

AUTOR DE LA CARTA 08

“Contar con expertos extranjeros en el equipo médico no sustituye el derecho de Liu y su familia de elegir cómo y dónde debe ser tratado. Ni siquiera podemos hablar con familiares, que están presionados para mantenerse alejados de nosotros”, ha denunciado su amigo Wen Kejian a la agencia AP. También Amnistía Internacional ha exigido a Pekín que respete la voluntad de Liu. “No es demasiado tarde para que las autoridades terminen esta cruel farsa”, ha pedido Salil Shetty, secretaria general de la organización.

Liu es escritor, profesor de literatura y una piedra en el zapato de China desde las protestas estudiantiles de Tiananmén en 1989. Su liderazgo durante aquellos días convulsos, en los que rebajó la factura sangrienta al pactar una salida ordenada de la plaza, le valieron su primera condena. La segunda llegó en 1996 y la tercera en el 2009. Fue por elaborar la Carta 08, un manifiesto prodemocrático que fue firmado por 300 intelectuales y miles de ciudadanos anónimos. Un año después le fue concedido el Nobel de la Paz en una ceremonia en Oslo con una silla vacía que aún hoy simboliza la ignominia.