una economía devastada
Los jubilados griegos ya suman 13 recortes de pensiones y se preparan para más
"No me puedo morir; tengo que cobrar la pensión para alimentar a mis nietos", explica un octogenario

Pobreza en Grecia / periodico
“¿Llego a tiempo para comer?”, pregunta Yiánnis a un grupo de voluntarios de Steps, una asociación sin ánimo de lucro que trabaja con personas sin recursos en el centro de Atenas. Cada miércoles por la tarde, en pleno casco histórico, la entidad organiza un encuentro delante del mercado central de la ciudad en que da de comer a la gente más desfavorecida del barrio. Yiánnis, soltero, de 70 años, asiste siempre que puede para cenar. Cobra una pensión que no alcanza los 700 euros mensuales. Con esta retribución, entre el alquiler de su piso y otros gastos, apenas llega a fin de mes. Explica su situación mientras fuma un cigarrillo de contrabando. “No me puedo permitir comprar tabaco normal, sale demasiado caro”, dice, y señala el paquete de producción paquistaní que ha adquirido en el mercado negro.
Desde que se jubiló, Yánnis ha visto como el Gobierno griego reducía el importe de su subsidio en varias ocasiones. En solo siete años, el Ejecutivo ha aplicado 13 recortes en las prestaciones de los jubilados griegos. Aun así, se prevé que en un futuro próximo habrá más cercenaduras. Desde el 2010, Grecia está sumida en una marea tempestuosa sin previsiones de amainar. El país, inmerso en una profunda crisis económica y ahogado por las deudas, navega a la deriva. En mayo, después de arduas negociaciones con los acreedores internacionales –la denominada troika–, el Parlamento griego aprobó un conjunto de reformas que implicará más medidas de austeridad. La ley que sacó adelante el Gobierno liderado por la coalición de izquierda Syriza del primer ministro Alexis Tsipras pretendía desbloquear la entrega de 8.500 millones de euros del nuevo tramo del rescate en el que Grecia está envuelta. A dia de hoy, el Ejecutivo ha recibido tres salvamentos financieros por una cantidad total de 334.000 millones de préstamo que tiene muchas dificultades en devolver. Sin embargo, la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los integrantes de la troika, no dan tregua a las instituciones griegas.
Sujeta a las presiones de sus prestamistas, Grecia se encuentra acorralada en el círculo vicioso del débito. Actualmente, està sumida en el tercer programa de ajuste macroeconómico. El memorando, que supuso el establecimiento de duras políticas de austeridad, prevé el desembolso progresivo de 86.000 millones de euros. En primavera, no obstante, las arcas públicas de Atenas estaban vacías y el Gobierno necesitaba la entrega de una nueva parte de los fondos del tercer rescate para pagar 7.500 millones de deuda que vencían en julio. Entre otras medidas, como condición para entregar 8.500 millones más de ayuda financiera, la troika pactó con el Gobierno griego un nuevo tijeretazo en las pensiones que se aplicará en los próximos años. A partir del 2018, el recorte de las prestaciones de los jubilados será equivalente al 1% del PIB. En el 2019, los ajustes incluirán una mutilación del 18% sobre el valor de las pensiones que afectará por lo menos a 900.000 jubilados.
PENSIONES QUE MANTIENEN A FAMILIAS ENTERAS
Dimitris Vasilópulos tiene 85 años y trabajó gran parte de su vida como alto ejecutivo de Hellenic Petroleum, la mayor compañía de refinación de hidrocarburos de Grecia. En un principio, el anciano cobraba una pensión de 1.850 euros mensuales, que ha quedado reducida a poco más de 1.100. Sin embargo, en comparación con la mayoría de jubilados griegos, el octogenario es consciente de que es afortunado. “Solo el 8% de los pensionistas reciben más de 1.000 euros al mes”, explica Koburis Dimos, presidente de la federación de jubilados del PAME, un sindicato vinculado al Partido Comunista (KKE) que aglutina a más de 260.000 pensionistas en su sección. Para Dimos, la situación económica de la gente mayor griega es trágica. “Hay 1,2 millones de jubilados que no llegan a cobrar más de 500 euros mensuales”, lamenta.
Para mantenerse en forma, Dimitris pasea cada día por las calles de Zografou, un barrio de clase media en el este de Atenas. Cuando se nota cansado, se acomoda en los asientos públicos de alguna plaza y charla con otros vecinos de su misma generación. Desde que murió su mujer, Dimitris tiene la sensación de que envejece más rápido, pero se obliga a sí mismo a vivir de manera saludable. “No me puedo morir: tengo que cobrar la pensión para alimentar a mis nietos”, comenta en un tono que mezcla ironía y seriedad. Hace un año, después de estar en el paro durante mucho tiempo, el hijo mayor del pensionista griego emigró al norte de Europa para buscar trabajo. Sin embargo, solo encuentra empleos temporales y no puede enviar dinero a su familia. En estas condiciones, Dimitris destina gran parte de su pensión a ayudar económicamente a su nuera, que está desempleada y tiene que criar sola a dos niños de 10 y 12 años.
SITUACIÓN INSOSTENIBLE
Según los datos de un estudio hecho en el 2015 por Dianeosis, un organización independiente que publica informes académicos e investigaciones periodísticas sobre la realidad política y social de Grecia, alrededor del 52% de las familias griegas sobreviven únicamente de las pensiones que cobran los abuelos. En esta situación de precariedad, para el sindicalista Koubouris Dimos, “los recortes en las prestaciones de los próximos años van a ser un nuevo ataque contra la línea de flotación de muchos hogares”.
En opinión de Theodoris Georgakópulos, director y editor de Dianeosis, “en Grecia se vive el mundo al revés: la gente mayor mantiene a los más jóvenes, que no encuentran trabajo y están en riesgo permanente de exclusión”. Para el investigador, se trata de un sistema que no es sostenible a largo plazo. “Actualmente, el Estado griego tiene problemas para pagar las prestaciones de 2,7 millones de pensionistas”. Y Grecia está envejeciendo. Según las estimaciones de Dianeosis, en el 2050 el 33% de la población griega estará por encima de los 65 años. “No podemos seguir así: hay que generar empleo para que las personas en edad activa trabajen y los pensionistas no se los tengan que cargar a sus espaldas”, considera Georgakópulos.
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