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Libia se convierte en el infierno para los refugiados

El pacto UE-Turquía del 2016 reduce el flujo migratorio pero desplaza la ruta a la peligrosa vía del Mediterráneo central

Montse Martínez

Imagen de la oenegé Jugen Rettet donde se ve a unos guardacostas libios apuntando a unos refugiados. 

Imagen de la oenegé Jugen Rettet donde se ve a unos guardacostas libios apuntando a unos refugiados.  / JUGEND RETTET

Algunos llegan con números tatuados en la piel, como los esclavos de antaño. Pero no hablamos de otra época. Está ocurriendo ahora en Libia, que se ha convertido de un año a esta parte en un país donde los refugiados que pretenden embarcarse desde sus costas hasta Italia viven situaciones atroces a manos de mafias. Cuando son recogidos en el mar, los inmigrantes relatan todo tipo de torturas, vejaciones y abusos por parte de quienes disponen de las barcazas que, en teoría, les llevarán a Europa. Son secuestrados, retenidos y vendidos en las plazas públicas libias como esclavos. El 90% de las mujeres que han pasado por el país norteafricano reportan haber sido violadas. El Estado fallido en el que se ha convertido Libia desde la caída de Gadafi es terreno abonado para delincuentes que campan con total impunidad y se ceban con los más vulnerables.

"Quiero destacar el altísimo nivel de violencia que están viviendo los refugiados en Libia", alerta Michele Traitinijefe de misión del 'Prudence', el barco de rescate de inmigrantes que la oenegé Médicos Sin Fronteras (MSF) tiene activo en el Mediterráneo central. Una violencia que, según el experto, se va incrementando a día que pasa porque nadie pone coto a las mafias delincuenciales que actúan en un país sumido en el más absoluto desgobierno

Y es, precisamente, en Libia, donde se concentran más refugiados a la espera de embarcarse desde sus costas camino a Italia. Porque esta ruta, conocida como la ruta del Mediterráneo central, es, a día de hoy, la más transitada después del cierre de la ruta de los Balcanes tras el pacto entre la UE y Turquía firmado en marzo del 2016. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cifra en 20.000 el número de ciudadanos sirios varados en el país norteafricano, sin contar los miles de africanos llegados al embudo libio desde el África subsahariana. Viven hacinados en centros de detención ilegales e improvisados, una situación de la que dan cuenta vídeos en manos de distintas oenegés.

CONSECUENCIAS DEL PACTO TURQUÍA-UE

Si se cierra la ruta de los Balcanes, lo intentan por el Mediterráneo central. Aunque sea más peligroso. La conclusión es que no se pueden poner puertas al flujo migratorio porque en cuanto se cierra una, sistemáticamente, se abre otra. El pacto Turquía-UE -un acuerdo por el que Ankara, a cambio de contraprestaciones económicas, hace las veces de muro de contención para que los refugiados no entren en Europa- si bien es cierto que ha reducido el número de llegadas, en ningún caso ha solucionado la crisis porque únicamente ha desplazado la ruta

inmigrantes muertos en el mediterráneo

El éxodo hacia Europa lleva camino de alcanzar este 2017, un año más, una envergadura desorbitada atendiendo al número de personas que intentan poner un pie en el viejo continente huyendo de la guerra y la miseria y las que se dejan la vida en el intento. En lo que va de año, las cifras de refugiados llegados Europa por mar han disminuido con respecto al 2016 en el mismo periodo, fruto del citado acuerdo, pero todavía estamos hablando de miles de personas y cientos de muertos. La ruta que tiene su origen en Libia con destino a Italia es la principal vía de entrada a Europa con un incremento de afluencia rayana en el 40%.

Estas son las cifras que baraja la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas, integrada por 165 países, con la que avalan sus conclusiones. En lo que va de año, entre enero y junio del 2017, han llegado por mar a Europa 73.190 refugiados, frente a los 211.400 durante el mismo periodo del 2016. Un descenso sustancial, a la espera del segundo semestre, más caluroso y, por lo tanto, de mayor afluencia. Con respecto a las muertes en el mar, han bajado en cifras absolutas pero el flujo también es menor. Si en el primer semestre del 2016 fallecieron 2.899 en el mar Mediterráneo, en lo que va del 2017 han sido 1.808. Al hablar de muertes no hay que perder de vista que la realidad suele superar con creces las cifras oficiales en tanto que no todos los fallecimientos son contabilizados.

TRAVESÍAS MORTÍFERAS

Frontex, la agencia europea encargada de ayudar a los Estados miembros de la UE a gestionar sus fronteras exteriores, alerta de que el negocio del contrabando de personas cada vez adquiere más volada. En Libia, especialmente, las redes de contrabandistas están más arraigadas, perfeccionando un 'negocio' extremadamente rentable. Un inmigrante puede llegar a pagar, en total, una media de 3.000 euros para llegar hasta Italia.

En su ánimo de rentabilizar al máximo su actividad, según constata la agencia europea de control de fronteras, las barcazas, cada vez de menor calidad, son cargadas cada vez con más gente -un promedio de 120 a 130 personas en botes de goma de 10 metros que hasta hace un par de años no llevaba a más de 90-. Las bandas criminales involucradas en el contrabando de personas usan amenazas y violencia para obligar a los inmigrantes a subir en los botes sobresaturados y son lanzados al agua con poca comida, agua potable y combustible con el argumento de que pronto serán rescatados. Las travesías, en estas condiciones, son cada vez son más mortíferas.

El jefe de misión de la oenegé Proactiva Open Arms, Guillermo Cañardo, saca a colación un fenómeno relativamente nuevo en aguas del Mediterráneo central. "Una de las cosas que más me ha llamado la atención en las últimas misiones es la actividad de los guardacostas libios que, entrenados y equipados por Europa, interceptan las barcazas cargadas de inmigrantes para devolverlas a Libia", explica el cooperante para añadir: "Estas personas son luego encarceladas en prisiones libias". Estas intervenciones están enmarcadas en acuerdos entre algunos países europeos, especialmente Italia, y Libia para, sin demasiado éxito, intentar detener unos flujos migratorios que se revelan imparables.

El miembro de esta oenegé, una de las más activas en estos momentos en los rescates en el Mediterráneo central, también constata la cada vez menor presencia de barcos de rescate oficiales en detrimento de las oenegés que, por primera vez, ya han asistido a más personas que los militares italianos y otras instituciones oficiales.