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ADIÓS A UN ESTADISTA EUROPEO

Muere Helmut Kohl, el artífice de la reunificación de Alemania

El excanciller alemán, que tenía 87 años, fue también el motor de la creación del euro

MONTSERRAT RADIGALES / BARCELONA

Helmut Kohl, en mayo de 2013.

Helmut Kohl, en mayo de 2013. / REUTERS / MICHAEL DALDER

El excanciller de Alemania, Helmut Kohl, que ha fallecido este viernes a los 87 años de edad, era un gigante de la política que marcó como pocos la historia de su país y la de Europa. Perteneciente a la última generación que vivió los estragos de la segunda guerra mundial –tenía solo 9 años cuando estalló la contienda y luchó con la Wehrmach al final de la guerra siendo aún adolescente- fue un europeísta convencido.

La biografía de Kohl es extensa pero su figura estará para siempre intrínsecamente ligada a dos acontecimientos históricos fundamentales y, aunque aparentemente distintos, relacionados entre sí: la reunificación de Alemania, de la que Kohl fue el principal arquitecto tras la caída del muro de Berlín en 1989, y la creación del euro.

El exmandatario alemán, que ha fallecido en su casa, en Ludwigshafen del Rin, su localidad natal, pertenecía a la Unión Cristianodemócrata (CDU), liderada actualmente por Angela Merkel. Fue canciller entre 1982 y 1998, lo que le convierte en el dirigente alemán que permaneció más tiempo en el poder desde la segunda guerra mundial. Históricamente solo lo superó, en la segunda mitad del siglo XIX, Otto von Bismarck, que gobernó durante 19 años.

El proceso de reunificación de Alemania concluyó el 3 de octubre de 1990. El 1987, dos años antes de la caída del Muro de Berlín y en el marco de la Ostpolitik (la política de distensión con el este), Kohl visitó al líder de la comunista República Democrática Alemana, Erich Honecker, primer encuentro de este tipo desde el fin de la segunda guerra mundial y la división de Alemania.

EL PACTO

Kohl fue también el motor de la creación de la moneda única europea, o sea el euro. De hecho, la reunificación alemana y la creación del euro fueron el producto de un pacto. Alemania se la jugaba bastante al renunciar al marco alemán, la divisa más fuerte de Europa, y no era fácil convencer a la ciudadanía alemana de la necesidad de dar este paso en aras de la integración europea. El pacto consistió, básicamente, en que Berlín aceptó renunciar al marco a cambio de la reunificación del país.

Para ello contó con el firme apoyo del presidente francés, François Mitterrand, con quien había forjado una estrecha relación. El eje franco-alemán fue durante años a venir el pilar más sólido que impulsaba el proceso de integración europea. Pero ninguno de aquellos dos acontecimientos históricos, la reunificación de Alemania y la creación del euro, resultó nada fácil.

La reunificación de Alemania se enfrentaba a la resistencia de algunos socios, especialmente la de la primera ministra británica, Margaret Thatcher, y también la del líder soviético Mijail Gorbachov. El proceso no estuvo exento de tensiones. La posición de Thatcher era de abierta hostilidad, una hostilidad que la ‘dama de hierro’ ni siquiera se molestaba en disimular y que llevó a más de un enfrentamiento diplomático. Thatcher estaba convencida de que una Alemania unificada sería demasiado poderosa, temía que en algún momento pudieran resurgir los fantasmas del pasado y en más de una ocasión hizo públicamente comparaciones poco afortunadas con el pasado nazi del país. Décadas después trascendió que, en marzo de 1989, Thatcher convocó en su residencia de descanso de Chequers un encuentro secreto con historiadores británicos en el que algunos expresaron su creencia de que Alemania no había superado el pasado nazi, aunque otros subrayaron que la República Federal Alemana era un régimen democrático consolidado y totalmente fiable. También se supo que en septiembre de 1989, dos meses antes de la caída del muro de Berlín, Thatcher comunicó a Gorbachov durante un almuerzo en el Kremlin que “digan lo que digan los comunicados de la OTAN, no queremos la reunificación de Alemania”.

Kohl logró finalmente vencer esta hostilidad. Además de Mitterrand, recibió desde el principio el apoyo del presidente del Gobierno español, Felipe González, algo que el dignatario alemán siempre reconoció y recompensó con una relación privilegiada, también en el marco europeo. Culminada la reunificación, la cumbre europea de Maastricht, en diciembre de 1991, estableció los fundamentos de la futura moneda única y del Banco Central Europeo.      

SALUD FRÁGIL

Kohl era un hombre con una constitución física muy corpulenta. Esta periodista recuerda cómo, en la primera mitad de la década de los 90, el entonces portavoz y jefe de comunicación de la OTAN, Jamie Shea, explicó que en la logística de la preparación de una cumbre de la Alianza se había tenido en cuenta este factor en la elección de las sillas. Pero el exmandatario alemán tenía una salud frágil desde que en 2008 sufrió una mala caída, que le dejó confinado a una silla de ruedas.

Fue también el mentor de Angela Merkel, cuando la actual cancillera alemana iniciaba su carrera política. Fue Kohl quien le ofreció su primer puesto ministerial. Después de abandonar la cancillería, la reputación de Kohl se vio manchada por un escándalo financiero en la CDU. Pero nada podrá borrar la profunda huella y el legado que transmitió a Alemania y a Europa.  

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