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ADIÓS A UN ESTADISTA EUROPEO

Helmut Kohl: La UE y el euro como legado

El dirigente alemán consideraba que la moneda común haría irreversibles la paz y la integración europea

Avisó a Mitterrand de que era el último canciller que antepondría los intereses europeos a los alemanes

Eliseo Oliveras

Kohl, con Miterrand, en una visita a los campos de batalla de Verdún, el 22 de septiembre de 1984.

Kohl, con Miterrand, en una visita a los campos de batalla de Verdún, el 22 de septiembre de 1984. / REUTERS

Helmut Kohl, en los 16 años que estuvo al frente de Alemania (1982-1998), contribuyó diseñar la actual Unión Europea (UE), tanto en el salto cualitativo político que supuso el Tratado de Maastricht y la creación del euro como en las carencias estructurales de la eurozona, que quedaron de manifiesto al estallar la crisis financiera en el 2008. Kohl, que siempre tuvo muy presente las lecciones de la reciente historia europea, se distinguió por su objetivo político de promover una Alemania europea y no una Europa alemana, a diferencia de su heredera política, la actual cancillera, Angela Merkel. "Las naciones con una moneda común nunca van a la guerra entre ellas. Una moneda común es mucho más que el billete con el que se paga", destacó Kohl en una entrevista en el 2002.

En su primer encuentro con el presidente francés, François Mitterrand, en octubre de 1982, Kohl le explicó premonitoriamente de que era "el último canciller proeuropeo". Con su sucesor, Gerhard Schröder, Alemania dejó de primar los intereses europeos por encima de los alemanes, como había ocurrido desde la posguerra. Con Merkel, Alemania ha pasado a imponer los intereses alemanes a los demás países, presentándolos como si fueran intereses comunes europeos.

EL PLAN WERNER 

El proyecto de creación del euro se remontaba al Plan Werner de 1970, pero tras la crisis de 1973 quedó aparcado y se sustituyó en 1979 por el sistema monetario europeo para limitar las fluctuaciones de los tipos de cambio de las divisas. Tras la entrada en vigor del Acta Única Europea en 1987 para crear el actual mercado único europeo, el presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, reactivó en abril de 1989 el proyecto. La caída del muro de Berlín y la reunificación alemana sirvieron de catalizador para dar el impulso definitivo a la creación del euro, que se concretó en el Tratado de Maastricht pactado en diciembre de 1991, que creó la UE y estableció la primeras políticas comunes en Asuntos Exteriores, Defensa, Justicia e Interior.

Kohl aceptó una rápida creación del euro como quería Mitterrand (en lugar de la posición alemana de un proceso progresivo de varias décadas) a cambio del respaldo de los demás países de la Comunidad Europea a la reunificación alemana. Mitterrand temía que Alemania, una vez hubiera consolidado su reunificación, perdería interés en el proyecto.

SOBERANISMO FRANCÉS

Kohl impuso como condición a la renuncia al preciado marco que la unión monetaria se regiría por los criterios alemanes (independencia del banco central y estrictos criterios de déficit y deuda pública). Kohl defendió complementar la unión monetaria con una mayor unión política, pero tropezó con la oposición de Mitterrand, que por el tradicional soberanismo francés no quería avanzar más en ese ámbito. La carencia de una unión política y presupuestaria que respaldara la unión monetaria sigue lastrando la eurozona.

"El euro no es un interés nacional alemán, pero necesitamos amigos", reconoció Kohl en diciembre de 1989 al secretario de Estado norteamericano, James Baker. En su libro, Kohl insistió en que "gracias al euro, la unificación europea se ha convertido en irreversible y hemos realizado un importante avance en garantizar la paz en el continente".

LA AMPLIACIÓN DE LA OTAN

Kohl rechazó las presiones para retirarse antes porque temía que si lo hacía el euro nunca se crearía y desestimó la oposición del Bundesbank y su Gobierno para excluir del primer grupo del euro a Italia, España y Portugal, porque consideraba que su participación era indispensable para afianzar el proyecto europeo.

Kohl fue desde la caída del Muro el más firme impulsor de la integración en la UE de los antiguos países comunistas de Europa Oriental, tanto por su ideal de asegurar la paz y la estabilidad como por intereses económicos y de seguridad alemanes. Kohl fue asimismo uno de los líderes que contribuyó a alimentar la desconfianza de Rusia hacia la OTAN, ya que en 1990 en medio del proceso de reunificación alemana aseguró al líder soviético, Mijail Gorbachev, que la OTAN no se ampliaría más al este tras integrar a Alemania Oriental. Pero unos años después Kohl pasó a apoyar el ingreso en la OTAN de Polonia, Hungría y la República Checa.

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