Ir a contenido

'LINEA DIRECTA' CON EL PRESIDENTE DE RUSIA

Putin ataca la credibilidad del exdirector del FBI pero le ofrece asilo

James Comey denunció en el Senado la interferencia rusa en las elecciones presidenciales y acusó a Trump de destituirlo por sus investigaciones

Marc Marginedas

Putin, durante su intervención.

Putin, durante su intervención. / AP / ALEXANDER ZEMLIANICHENKO

Como era de esperar, el nombre de James Comey, exdirector del FBI relevado de su cargo por el presidente Donald Trump mientras investigaba la posible interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses, ha salido a relucir durante el programa 'Linea Directa', el maratón televisivo que se celebra anualmente en Rusia con preguntas de la audiencia dirigidas al presidente Vladímir Putin.

Putin ha querido mermar la credibilidad del hombre que testificó bajo juramento que Rusia había intentado influir en los comicios de noviembre y que lo volveria a hacer. "No mostró pruebas", ha contraatacado el líder ruso en un momento de su intervención, antes de trasladar a EEUU las acusaciones de las que vienen siendo objeto sus servicios secretos. Comey "habló de que nosotros influímos en las mentes", eso es lo que hace EEUU "en todo el mundo", ha dicho.

FILTRACIONES A LA PRENSA

Pese a que considera "muy extraño" que Comey filtrara a la prensa el contenido de sus conversaciones privadas con Trump, el líder del Kremlin ha trazado un paralelismo entre su caso y el de Edward Snowden, el exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad refugiado en Moscú, llegándole incluso a ofrecerle, casi a modo de provocación, "asilo" en el caso de ser perseguido judicialmente por dichas filtraciones.

Este año, el programa se prolongó alrededor de cuatro horas, con decenas de preguntas de ciudadanos que hacían referencia sobre todo a la situación económica: amas de casa que se quejaban de las condiciones precarias de sus moradas, afectados por inundaciones que no habían recibido sus indemnizaciones. Putin también ha defendido la transferencia de la catedral de San Isaac en San Petersburgo a la Iglesia ortodoxa, un tema ha suscitado una gran polémica en la segunda ciudad rusa.