Condones Trump para los chinos

Pekín aprueba a la carrera otras nueve marcas registradas del presidente estadounidense

 Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

 Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca. / AP / PABLO MARTINEZ MONSIVAIS

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Donald Trump alcanzó la Casa Blanca prometiendo que gestionaría el país con la misma eficacia que sus empresas. Se desconoce aún cómo beneficiarán sus dotes de negociación a Estados Unidos en su relación con China pero hay menos dudas sobre los efectos en sus negocios familiares. Pekín ha aprobado a la carrera nueve marcas registradas con su nombre que multiplicarán las ganancias de su imperio. Medidas como esta no ayudan a disipar las dudas sobre el conflicto de intereses entre la presidencia estadounidense y su red empresarial que han justificado ya tres demandas. La última, presentada ayer por los demócratas en el Congreso, aludía a la prohibición constitucional de recibir regalos de gobiernos extranjeros.

El registro de marcas es una cuestión capital y más aún en un país que sublima la ignorancia de todas las leyes de propiedad intelectual. Alisa la explotación comercial y proporciona la cobertura legal para defenderse de la piratería ubicua. Y en China, donde todos los estamentos están sometidos al Partido Comunista, su aprobación tiene considerables grados de discrecionalidad. La lectura política es insoslayable. 

Pekín había rechazado esas nueve marcas anteriormente. La llegada de Trump a la Casa Blanca, con su sinofobia y los coqueteos con Taiwán, había devastado las relaciones sinoestadounidenses. La reciente reunión en Florida entre Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, aceitó los vínculos. No se conocen las razones por las que fueron rechazadas entonces y han sido aprobadas ahora. El cambio de opinión y la precipitada tramitación apunta a un trato especial, sugieren los expertos.

Pekín ya ha aprobado una cuarentena de marcas registradas de Trump desde que el millonario estadounidense relevó a Obama. Su nombre está ya protegido para cualquier actividad empresarial en China: joyería, calcetines, salones de belleza, reparaciones de relojes, masajes, restaurantes, hoteles, bares, tratamientos de belleza, bares, seguros y condones, por hacer la lista corta. Los registros chinos desmienten a Alan Garten, abogado de Trump, quien en el Congreso insistió en que el presidente nunca ha utilizado su influencia política y que China no había aprobado ninguna marca registrada de Trump desde 2015.

BENEFICIOS A IVANKA

También su hija Ivanka disfruta de la generosidad china en los últimos meses. La empresaria del sector de la moda acumula ya 24 marcas registradas en China. Las últimas cuatro fueron tramitadas esta semana con la similar celeridad. Es paradójico que otras tres fueron aprobadas el 6 de abril, coincidiendo con la cena que mantuvo con Xi en el complejo de Mar-a-Lago.

La actividad de Ivanka en China es potencialmente conflictiva. Primero, con su padre: la rutilante empresaria fabrica sus prendas en el país señalado por Trump como tenaz violador de su economía nacional en flagrante contradicción con el principio de “compra americano, contrata americanos”. Y después, con Pekín: sus fábricas pagan menos de un euro por hora y conculca buena parte de la regulación laboral china en materia de seguridad, vacaciones o seguridad social. El escándalo, descubierto meses atrás, ha pasado desapercibido en China cuando otros empresarios extranjeros pillados en la misma situación han sufrido la ira y el escarnio público en los medios de comunicación. Tres activistas que investigaban nuevas violaciones en las fábricas utilizadas por Ivanka han desaparecido y todos los indicios apuntan a su detención por la policía.

PROYECTOS INMOBILIARIOS

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Las últimas sospechas sobre la ética familiar salpican a su marido, Jared Kushner. Su compañía acudió en mayo a China en busca de inversores para proyectos inmobiliarios en Nueva Jersey. El anzuelo es el permiso de residencia de dos años para los extranjeros que invierten un mínimo de medio millón de dólares. Ese programa nació con la intención de estimular el desarrollo de zonas deprimidas y ha degenerado en una vía de conseguir crédito fácil para lujosos complejos. Es complicado defender que la compañía de Kushner no utiliza la influencia política después de que su hermana Nicole repitiera en Shanghái lo mucho que ese proyecto significaba para su familia o de que una diapositiva mostrara el rostro de Trump cuando se hablaba de quién aprobaría los visados. El escándalo aconsejó que Nicole se ausentara de las siguientes presentaciones en Guangzhou y Shenzhen.

El episodio sugiere que Kushner, después de abandonar formalmente la dirección de su compañía, sigue controlando qué se hace con sus 600 millones de dólares.