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LA INVESTIGACIÓN DEL 'RUSIAGATE'

Comey acusa a Trump de mentir y aviva las dudas sobre un posible abuso de poder

El abogado personal de Trump asegura que el presidente se siente totalmente reivindicado

El exjefe del FBI reconoce que filtró a la prensa los memorandos para incitar el nombramiento de un fiscal especial

Ricardo Mir de Francia

El exdirector del FBI James Comey durante su comparecencia ante el Senado.

El exdirector del FBI James Comey durante su comparecencia ante el Senado. / AARON P. BERNSTEIN / REUTERS

Donald Trump ha encontrado un formidable adversario en la figura de James Comey, el hombre que lideraba la investigación sobre la trama rusa hasta que el presidente lo destituyó fulminantemente en mayo. En una dramática comparecencia en el Senado, que han seguido todos los medios estadounidenses en directo como si se tratase de las audiencias del ‘Watergate’, Comey ha acusado al presidente y su Gobierno de difamarle con las confusas y cambiantes explicaciones que dieron para justificar su despido. Entre ellas, que había perdido la confianza del FBI. “Eran mentiras, simple y llanamente”. El antiguo jefe de la agencia también ha explicado que tomó notas de las nueve conversaciones que mantuvo con Trump porque “honestamente me preocupaba que pudiera mentir”.

Su testimonio ante el Comité de Inteligencia del Senado marcará un antes y un después en el curso de las investigaciones que tratan de determinar si Trump y su entorno cooperaron con el Kremlin, acusado por la inteligencia de Estados Unidos de interferir en la pasada campaña electoral para beneficiar a la candidatura del magnate neoyorkino. Comey no quiso responder a esa pregunta, pasando la pelota al fiscal especial encargado de esclarecer el escándalo, pero sí mostró su convicción de que fue despedido por su empeño en continuar con las pesquisas.

Solo una semana después de llegar a la Casa Blanca, el presidente había pedido “lealtad” tras pedir a sus allegados que abandonaran la sala y empezar la conversación preguntando a Comey si quería seguir al frente del FBI. “Eso me llevó a pensar que quería algo a cambio de reafirmarme en el cargo”, ha declarado el exdirector de la agencia. No quedó ahí la cosa porque un día después de que Michael Flynn fuera forzado a dimitir como asesor de seguridad nacional por mentir sobre sus contactos con el embajador ruso, Trump volvió a reunirse con Comey, esta vez para instarle a que se olvidara de la investigación. “Es un buen tipo y ha pasado por mucho”, le dijo el presidente según el memorando de Comey. “Espero que lo puedas dejar pasar”.

OBSTRUCCIÓN A LA JUSTICIA

En la semántica de esa frase podría estar una de las claves del caso, de si el presidente habría abusado de su poder o incurrido en un delito de obstrucción a la justicia al despedir al jefe del FBI, el mismo que se invocó para iniciar en su día los procesos de destitución de Nixon y Clinton. Comey ha dicho que, si bien no interpretó las palabras de Trump como una orden, no tuvo duda alguna sobre sus verdaderas pretensiones. “Me lo tomé como una directriz, eso es lo que quería que hiciera”. Un senador le preguntó después si conoce de alguien que haya sido procesado por “esperar” algo. “No que yo sepa”, replicó.

Para los miembros demócratas del comité, el matiz no está tan claro. “Creo que el momento elegido para cesarlo apesta”, dijo el senador Ron Wyden. “El hedor a abuso de los poderes presidenciales es muy intenso”. Trump se mantuvo callado en Twitter durante toda la comparecencia, pero en un discurso ante una organización religiosa se presentó como una víctima de “los intereses enquistados y las fallidas voces amargadas en Washington” que querrían destruirle. “Al final, la verdad prevalecerá”.

Bajo la manga, tenía escondida otra carta. Ordenó a su abogado personal, Marc Kasowitz, que ofreciera a una respuesta al testimonio de Comey. “El presidente se siente totalmente reivindicado”, afirmó Kasowitz tras dejar constancia que el jefe del FBI reconoció que Trump no está bajo investigación, o al menos hasta que dejó de dirigir la agencia. En una particular interpretación de sus palabras, también dijo que el testimonio “ha dejado claro que el presidente nunca trató de obstruir las investigaciones” sobre la trama rusa.

FISCAL ESPECIAL

El mero hecho de que Trump haya recurrido a su abogado personal, en lugar de a sus portavoces, denota que es consciente de la gravedad de los problemas que le acechan. Pero no todo en la comparecencia de Comey perjudica a sus intereses porque el ex del FBI reconoció que filtró a la prensa el memorando con los detalles de los tres encuentros personales y seis conversaciones telefónicas que mantuvo con Trump hasta que fue despedido. Lo hizo después de que el neoyorkino sugiriera en Twitter a modo de amenaza, y después de cesarle, que podría tener cintas grabadas de sus conversaciones. Comey lo consultó con un jurista amigo suyo y optó por darle las notas a un reportero “pensando que podría dar pie al nombramiento de un fiscal especial”.

Sus deseos se cumplieron el pasado 17 de mayo, cuando el Departamento de Justicia nombró al veterano fiscal Robert Muller para investigar la trama. Todo hace presagiar que la Administración de Trump utilizará ahora toda su artillería para perseguir judicialmente a Comey por las filtraciones. “Comey ha admitido que unilateralmente y subrepticiamente hizo revelaciones no autorizadas a la prensa de sus comunicaciones privilegiadas con el presidente”, dijo el abogado de Trump antes de amenazarle sutilmente con una investigación.