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La batalla de Marawi

Los yihadistas resisten ya durante once días al asedio del Ejército filipino en una ciudad sureña

El ataque supone un salto cualitativo en la organización y capacidad de lucha del EI en la región

Adrián Foncillas

Un soldado filipino patrulla por un vecindario despues de un bombardeo durante los combates contra el EI.

Un soldado filipino patrulla por un vecindario despues de un bombardeo durante los combates contra el EI. / FRANCIS R MALASIG

No es nuevo el terrorismo islamista en el sudeste asiático, que ha padecido atentados como el que dejó más de 200 muertos en la isla indonesia de Bali en el 2002. Pero es la ciudad filipina de Marawi la que marca el salto cualitativo del terrorismo en la región, acuerdan los expertos. Dejar bombas en lugares turísticos no exige mucho. Resistir 11 días a lo mejor de las fuerzas armadas filipinas, sí.

Varios cientos de militantes en la nebulosa órbita del Estado Islámico (EI) siguen atrincherados en el barrio céntrico de Marawi y librando una encarnizada batalla casa por casa y calle por calle con el Ejército. Rodrigo Duterte, el presidente filipino conocido por su falta de tibieza, ha enviado a sus tropas de élite, vehículos blindados y helicópteros de ataque. Es sintomático que la semana pasada negociara en Moscú la compra de bombas inteligentes contra una amenaza cada día más acentuada. La cuenta de muertos se acerca a los 200, repartidos entre 19 civiles, 120 yihaidistas y 36 militares. Once de estos murieron el jueves por fuego amigo en un ataque aéreo forzado por la urgencia de sofocar la rebelión.

Son días complicados para el ego de Duterte, votado en masa por su reputación de solventar los problemas con más celeridad que modales. El dirigente ha decretado para los dos próximos meses la Ley Marcial en toda la isla meridional de Mindanao, donde viven más de 20 millones de habitantes, y prometido ampliarla a todo el país si es necesario. La Ley Marcial devuelve los peores recuerdos desde que el dictador Ferdinand Marcos la utilizara para su represión impune a cualquiera que lejanamente le pareciera incómodo.

EJECUTARON A LOS QUE NO SABÍAN EL CORÁN

Manila no ha cumplido su promesa de acabar la 'limpieza' este viernes y existe el temor justificado de que algunos militantes puedan retomar su batalla en una ciudad vecina donde se ha refugiado el grueso de los 200.000 habitantes de Marawi. El sitio empezó el 23 de mayo con la llegada de cientos de yihaidistas. Quemaron hospitales, iglesias y colegios, liberaron a cientos de presos de las cárceles y ejecutaron a los civiles que desconocían los versos del Corán mientras sus francotiradores retrasaban la entrada de militares. La operación sugiere una estrategia mucho más elaborada de las conocidas hasta ahora.

El ataque fue la respuesta al intento de las fuerzas armadas de capturar a Isnilon Hapilon, un veterano militante filipino ungido por el EI como su líder en el sudeste asiático y por el que Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares. Hapilon está vinculado a Abu Sayyaf, una organización integrista especializada en el secuestro y en ocasiones ejecución de cualquier extranjero que merodea por la zona. El grupo decapitó a un rehén alemán el pasado año y a dos canadienses el anterior.

ATAQUE EN MASA

Manila sospecha que Hapilon, quien aún aguanta en Marawi,  emitió una llamada de emergencia al grupo islamista Maute. Cientos de yihaidistas llegaron en masa a la ciudad desde buena parte del continente. Casi una decena de nacionalidades han contado ya las fuerzas de seguridad, un signo de que Filipinas lidia con algo más grave que las acostumbradas células locales desorganizadas. “Lo que está ocurriendo en Mindanao ya no es una rebelión de ciudadanos filipinos. Se ha transformado en una invasión de terroristas extranjeros”, ha aclarado Jose Calida, procurador general del país.

Hace tiempo que los expertos señalaban a Mindanao como un nido del terrorismo islamista. La isla, con una mayoría de población musulmana, es una excepción en el país más fervientemente católico de Asia. Durante años ha sido un territorio sin ley donde se juntan movimientos independentistas de extrema izquierda, radicales islamistas, contrabandistas, secuestradores y bandidos de todo pelaje. En ese mejunje, aliñado por la extrema pobreza, amenaza el EI con establecer su base de operaciones asiática.