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Ivanka: no tan 'influencer'

Muchos pensaron que la hija mayor de Trump sería una influencia moderada y hasta progresista en la presidencia, pero hay pocas pruebas para sostener la tesis

Idoya Noain

Ivanka Trump, en una reunión celebrada en la Casa Blanca el pasado 17 de mayo.

Ivanka Trump, en una reunión celebrada en la Casa Blanca el pasado 17 de mayo. / AP / EVAN VUCCI

En el ADN de los Trump está la conciencia de la importancia de la propia marca y la de la hija mayor del presidente de Estados Unidos, Ivanka, acaba de sufrir un duro golpe.

Cuando el mandatario anunció el jueves que EEUU saldrá del Acuerdo de París perdió el país, el planeta y el consenso arduamente alcanzado para luchar globalmente contra el cambio climático, pero también perdió Ivanka, que se había volcado personalmente en intentar convencer a su padre de que se mantuviera en el pacto. Quienes pensaban o incluso ponían sus esperanzas en que la joven neoyorquina puediera influir en su padre, moderando sus instintos más populistas y actuando de contrapartida a las voces radicales de otros asesores que también disfrutan de la confianza del mandatario, cada vez tienen menos indicios en los que apoyarse, al menos tras los poco más de cuatro meses de mandato.

Dos personas cercanas a “la primera hija” le han asegurado a Politico que se ha tomado con filosofía” lo sucedido con el acuerdo de París. Sus allegados también cuentan que a Ivanka y a su esposo, el también asesor de la Casa Blanca Jared Kushner, les irrita y frustra que se interpreten como victorias o derrotas las decisiones que Trump toma coincidiendo o discrepando de sus opiniones, posturas o consejos, incluyendo la de París. Ha sido, no obstante, la propia Ivanka la que aceptando un cargo formal de asesora ha entrado en el juego de poder, donde se miden las facciones enfrentadas en la Casa Blanca de Trump.

APRENDIENDO PERO PROACTIVA

Habla de sí misma como una humilde recién llegada que aún está “escuchando y aprendiendo”, las palabras que usó en abril en Alemania en una conferencia de mujeres a la que le invitó Angela Merkel, (donde escuchó abucheos al defender a su padre como “un tremendo defensor de las familias”). Pero también le dijo ese mes a The New York Times que sabe “ya suficiente para ser una voz más proactiva en la Casa Blanca”. Y en la primera gran prueba de esa proactividad, intentar concienciar a su padre de la importancia de combatir el calentamiento global, ha fracasado.

De nada ha servido que organizara cinco semanas de encuentros para que Trump escuchara a voces de referencia en el terreno medioambiental y de la ciencia ni que implicara personalmente a directivos de grandes empresas como Apple o Dow Chemichal en la campaña para tratar de convencerle de los beneficios económicos de mantenerse en el pacto. Tampoco le sirvió sentarse con el negacionista al frente de la EPA, Scott Pruitt, que aliado con el estratega jefe de la Casa Blanca, Steve Bannon, alimentó los instintos populistas del presidente e inclinó con datos, informes y estadísticas de dudosa o nula credibilidad científica la ilógica balanza que ha culminado con la salida de París.

Ivanka ha salido magullada del esfuerzo y las marcas son visibles, por más que sus allegados se esfuercen en asegurar que, con su foco puesto en temas de mujer, la cuestión del clima nunca fue su prioridad. Y aunque esos allegados les retratan a ella y a Kushner como una pareja volcada en conseguir que la presidencia de Trump sea exitosa, con los dos planteándose su asesoría como un maratón y con la vista puesta en esa meta de éxito, a Ivanka y a su marca como influencer presidencial no le vendría mal ganar alguna etapa en la carrera.

Para los más progresistas, además, esa supuesta influencia de moderación de Ivanka siempre ha sido un mito. Le afean su silencio tras la decisión adoptada el jueves por su padre (no asistió a la ceremonia porque estaba observando una fiesta judía, pero tampoco ha dicho nada en las redes sociales). Y recuerdan que, aunque tenga el foco puesto en temas de igualdad, tampoco ha logrado grandes avances en ese terreno.

Ivanka sí ha conseguido que por primera vez se incluya una partida para la baja de maternidad y paternidad en una propuesta de presupuestos. Las cuentas de Trump, no obstante, también incluyen medidas como dejar sin financiación federal a Planned Parenthood, una organización que presta atención sanitaria a mujeres de ingresos bajos y medios. El día que su padre celebró en la rosaleda de la Casa Blanca el avance en una de las cámaras del Congreso de la propuesta de ley para deshacer Obamacare, Ivanka estaba allí para aplaudir. Y aunque también ha hecho alarde de su defensa de los derechos de la comunidad LGTBQ, a la que este mismo viernes expresaba su apoyo en Twitter y alababa por “inmensas contribuciones a nuestra sociedad y economía”, esa misma comunidad le ha criticado por seguir apoyando a un presidente que ha dado ya pasos para eliminar las protecciones a las personas transgénero.


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