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SECUELAS DE LA GUERRA DE SIRIA

Atrapados en el desierto del Sáhara

Marruecos y Argelia bloquean la ayuda humanitaria a 41 refugiados sirios abandonados en tierra de nadie desde hace más de 40 días

Martí Benach

Mujeres y niños sirios en las afueras de Figuig (Marruecos), en el Sáhara, en una especie de tierra de nadie en la frontera con Argelia.

Mujeres y niños sirios en las afueras de Figuig (Marruecos), en el Sáhara, en una especie de tierra de nadie en la frontera con Argelia. / FACEBOOK / FIGUIG PHOTOGRAPHIE

En tierra de nadie, a la intemperie, bajo temperaturas extremas y sin apenas agua y comida. Así sobreviven, casi milagrosamente, un grupo de 41 refugiados sirios, la mayoría mujeres y niños, en las afueras de Figuig (Marruecos), junto a la frontera sudoeste de Argelia, donde llegaron hace más de un mes huyendo de la guerra de Siria. Lo que no sospechaban es que, tras su larga odisea, acabarían atrapados en pleno desierto, bloqueados por la disputa política entre los dos países del Magreb, cuya frontera terrestre está cerrada y militarizada desde 1994. Ambos gobiernos han rechazado hacerse cargo de ellos, e incluso impiden su acceso a la ayuda humanitaria.

“No podemos aguantar más. Hoy se cumple el día 38 que llevamos en el Sáhara y no vemos ninguna solución en el horizonte”. Abu Zohair, portavoz del grupo, imploraba el 23 de mayo en un vídeo colgado en Facebook al rey de Marruecos, Mohamed VI, que les abriera la frontera y les permitiera al menos cobijarse en Figuig, cuyos habitantes se han manifestado en varias ocasiones, la última este viernes, en solidaridad con los refugiados. Las autoridades marroquís, sin embargo, siguen haciendo oídos sordos a estas peticiones, y han prohibido a la población local cualquier contacto con ellos.

La kafkiana historia comenzó el 18 de abril, cuando un grupo de 60 refugiados sirios cruzaron la frontera de Argelia hacia Marruecos cerca de Figuig, remota población de 15.000 habitantes en el nordeste, según publicó el Middle East Eye. El mismo día, según EuroMed Droit -red de onegés de la región euromediterránea- 11 fueron expulsados a Argelia, mientras que una cincuentena quedaron bloqueados en las afueras de la localidad. Marruecos acusó entonces a las autoridades argelinas de haber “autorizado” a los sirios a esperar en la zona fronteriza repartidos “en varios grupos” para luego “rodearles” y forzarles a dejar el territorio de Argelia con el propósito de “causar problemas” en la frontera y “generar un flujo migratorio incontrolable”.

Ese mismo día, Rabat convocó al embajador argelino en Marruecos y le expresó su “profunda preocupación” por los hechos, considerando “inmoral y contrario a la ética manipular la angustia moral y física de estas personas”. Al día siguiente, Argel respondió llamando a su vez al embajador marroquí para manifestarle su “rechazo categórico” por las “falsas acusaciones” de las autoridades marroquís, “que solo buscan dañar a Argelia”. El propio ministro de Exteriores argelino, Ramtane Lamamra, replicó a Rabat estimando que se trataba de un ”asunto sensible y delicado”. “No debemos hacer de la tragedia de los refugiados y hermanos sirios una cuestión de comercio”, señaló.

NIÑOS SIN ASISTENCIA

La guerra diplomática no fue más allá, pero sirvió a Rabat y Argel para despojarse de responsabilidades. Ninguno de los dos gobiernos admite ahora que los refugiados estén en su territorio. El 27 de abril, EuroMed Droit advirtió de la presencia, entre ellos, de una veintena de niños, obligados también a permanecer en el desierto sin asistencia alguna, y alertó de la necesidad urgente de la ayuda humanitaria y del “acceso incondicional a la acogida y del respeto a los derechos de estas personas”. Sin embargo, pese a la insistencia de oenegés como Human Rights Watch (HRW) y del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), tanto la ayuda humanitaria como el acceso a estos refugiados continúan estando vetados.

“Argelia y Marruecos incumplen todas sus obligaciones, y la situación es cada vez más dramática. Ni les ayudan ni les permiten entrar o salir. Al principio, dejaban que los vecinos de Figuig les trajeran agua y alimentos, luego lo prohibieron. Ahora la poca ayuda que reciben se la proporcionan en secreto, infiltrándose de noche, para que no les descubran”, denuncia Mohammad Alolaiwy, presidente de Syria Charity, una oenegé con sede en París que está en contacto permanente con los afectados.

SITUACIÓN "CATASTRÓFICA"

Si en pocos días la situación ya era crítica, las oenegés locales la consideran ahora “catastrófica”. Las presiones externas lograron que Marruecos concediera visados a nueve refugiados con familiares en su territorio, y el grupo quedó reducido a 41 personas, pero entre ellas hay al menos 15 mujeres y 16 niños, de entre dos y 14 años. Una dio a la luz en el desierto y otra, Khaldia, de 20 años, está embarazada de nueve meses. “Es una situación catastrófica”, insiste Mohammed Jebbari, integrante del comité local Figuig de apoyo a los refugiados. “No tienen tiendas [donde dormir], comida ni agua suficiente, y algunos requieren una intervención médica urgente, como la mujer embarazada o un hombre que sufre una enfermedad cardiaca”, explica Jebbari. También hay un niño con cáncer, y se han dado casos de diarrea y sarna. Junto a la escasez de comida y agua potable, están sometidos a “durísimas condiciones” ambientales, soportando desde tórridas temperaturas y peligrosas tormentas de arena hasta la persistente amenaza de las serpientes y los escorpiones.

Aun sin conseguir resultados, la movilización social por estos refugiados no ha dejado de crecer, así como las súplicas al rey Mohamed VI para que intervenga. Las han expuesto públicamente el Frente de Salvación Nacional, un grupo opositor sirio, la propia Syria Charity y numerosos vídeos ‘clandestinos’ subidos a la red. “Es incomprensible y realmente vergonzoso que esta crisis humanitaria tenga lugar entre dos países árabes”, afirma Alolaiwy. “Confío que el rey la solucione, es el único que puede hacerlo”, concluye.