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EL ESCÁNDALO DEL 'RUSIAGATE'

El FBI pone en el punto de mira al yerno de Trump por sus nexos con Rusia

Jared Kushner se reunió durante el periodo de transición con el embajador ruso en Washington y con el banquero Serguei Gorkov

Ricardo Mir de Francia

 Kushner, en el centro, junto a Trump durante una reunión en Riad, el pasado 20 de mayo.

 Kushner, en el centro, junto a Trump durante una reunión en Riad, el pasado 20 de mayo. / REUTERS / JONATHAN ERNST

Debía de haber sido una semana para reasegurar a los aliados en el exterior y dejar que se calmaran las tempestades en Washington, pero ninguna de las dos premisas se ha cumplido. Donald Trump volverá a casa dejando un reguero de inquietud entre sus socios de la OTAN, con gestos y salidas de tono que poco ayudan a mejorar las relaciones interpersonales con los líderes europeos, y con las relaciones de inteligencia con Gran Bretaña deterioradas a raíz de las filtraciones sobre la investigación forense del atentado de Manchester. En Washington no le espera un panorama mucho mejor. Los investigadores de la trama rusa han puesto en el punto de mira a su yerno, Jared Kushner, uno de sus principales asesores en la Casa Blanca.

Kushner es la oreja derecha de Trump, el príncipe blanco de su Administración, un magnate inmobiliario de 36 años y sin experiencia política sobre el que ha puesto unas responsabilidades inabarcables para cualquier mortal. Está encargado de las relaciones con México y Canadá, de la paz en Oriente Próximo, de modernizar la Administración federal o de la crisis de fármacos opioides que sacude al país. Kushner está en todas las fotos, pero habla poco y proyecta un perfil enigmático. Inicialmente se dijo que, junto a sus amigotes de Wall Street, ayudaría a moderar a Trump, ejerciendo de contrapeso frente a las fuerzas populistas de su Administración, encarnadas por Bannon y Miller.

UN TIPO DURO

Pero las apariencias engañan. Fue Kushner quien animó al presidente a despedir al jefe del FBI, James Comey, según 'Politico', y quien planeó el contrataque contra el fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, después de que anunciara la designación de un investigador especial para indagar en el ‘Rusiagate’. Sus allegados lo definen como un hombre extremadamente educado, pero también muy duro. Su padre es un tiburón. Promotor del ladrillo como él, acabó en la cárcel por evasión fiscal, chantaje y financiación ilegal de campañas.

Ahora el marido de Ivanka está también en el punto de mira de la investigación del FBI, una circunstancia que lo convierte en el único de los asesores de Trump con cargo en la Casa Blanca que estaría siendo escrutado. La noticia la han levantado NBC News y el Washington Post, después de que este último adelantara la semana pasada que un alto cargo del gobierno era ‘persona de interés’ en la investigación. En términos legales, esa expresión no significa nada, y como reconocen ambos medios no hay constancia todavía de que Kushner esté bajo investigación o se le haya acusado de nada.

DESCUIDO U OCULTACIÓN

Lo que sí se sabe es que el FBI está indagando en los contactos que tuvo con personalidades rusas. En diciembre, antes de que Trump jurara el cargo, se reunió con el embajador ruso Sergey Kislyak en un encuentro en el que también participó el general Michael Flynn, el defenestrado asesor de seguridad nacional y hombre en el centro de la trama. Aquel mismo mes también se vio con Sergey Gorkov, el presidente de Vnesheconombank, un banco ruso al que EE UU sancionó después de que Moscú se anexionara la península de Crimea.

No es delito reunirse con empresarios y diplomáticos. De hecho, suele ser habitual que lo hagan los gobiernos de transición para establecer contactos y explicar sus prioridades a sus interlocutores extranjeros. El problema es que Kushner omitió esas reuniones en los formularios que rellenó para obtener el salvoconducto de seguridad que da acceso a los secretos de Estado de EEUU. No está claro si lo hizo por descuido o con afán de ocultación.

VUELTA DE TUERCA

A diferencia de otros miembros del entorno de Trump salpicados por la trama, el yerno se ha ofrecido a cooperar con las autoridades políticas y policiales que investigan la posible colusión entre la campaña del presidente y el Kremlin. “Kushner ya se ofreció como voluntario para compartir con el Congreso lo que sabe de esas reuniones”, ha dicho uno de sus abogados. “Hará lo mismo si se le contacta en conexión con otra investigación”.

Por el momento no hay nada punible, pero esta nueva vuelta de tuerca servirá para empantanar un poco más la investigación. Para Trump son malas noticias porque en Washington casi nada se habla de su agenda de gobierno; casi todo el interés mediático está centrado en el tufo humeante de las pesquisas sobre la trama. Ni siquiera sus tuits consiguen ya desviar la atención.

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