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ESCÁNDALO EN ALEMANIA

Crisis en el Ejército alemán por la detención de un soldado ultraderechista que simuló ser refugiado para preparar un atentado

El teniente Franco A. fue detenido a final de abril tras hacerse pasar por inmigrante sirio y planear el asesinato del ministro de justicia y el expresidente del país

El escandaloso caso ha abierto la división entre el ministerio de justicia y la cúpula militar y ha vuelto a evidenciar la presencia de actitudes radicales en el ejército

Carles Planas Bou

La ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, y el general alemán Volker Wieker , máximo responsable de las fuerzas armadas germanas  atienden a los medios el 10 de mayo en Berlín.

La ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, y el general alemán Volker Wieker , máximo responsable de las fuerzas armadas germanas  atienden a los medios el 10 de mayo en Berlín. / EFE / CLEMENS BILAN

Escándalo monumental en Alemania. El Bundeswehr, el Ejército federal, vive uno de los momentos más críticos de los últimos años después de una semana en el que se ha visto azotado por revelaciones polémicas. Esta gran bola de nieve que ha llevado a la institución a una aguda crisis interna empezó el pasado 27 de abril cuando la policía detuvo a un militar sospechoso de planear un atentado terrorista “instigado por el odio racial”. Ese sospechoso ha resultado ser Franco A., teniente que servía en la brigada francoalemana de Illkirch, y el “crimen de Estado” que quería perpetrar tenía como objetivo a personalidades políticas como el ministro de Justicia Heiko Maas o el expresidente alemán Joachim Gauck.

A este plan frustrado de magnicidio político se le suma el esperpéntico método utilizado por el detenido. Desde enero de 2016, Franco A. inició una doble vida y se hizo pasar por un refugiado cristiano procedente de Siria bajo el nombre falso de David Benjamin. La fiscalía alemana aseguró que tras esa doble vida se esconden "convicciones xenófobas", algo que se desprende de las conversaciones de tono racista que el militar mantuvo con su cómplice, el joven Matthias F. de 24 años, al que también se ha detenido. De esa manera, con un atentado de gran alcance contra el Estado alemán se habría propuesto criminalizar a los solicitantes de asilo que llegan al corazón europeo.

La fiscalía detuvo en la localidad sureña de Kehl al teniente Maximilian T., otro militar alemán de 27 años y amigo próximo de Franco A., a quien se acusa de ser cómplice de ese plan terrorista, de escribir la carta con los nombres de Maas y Gauck y de ayudarle a mantener en secreto su doble vida. “Estaban dispuestos a matar por su causa”, han asegurado los investigadores de este complejo caso.

Por si eso fuera poco, la tardía reacción de Berlín ante el periplo del teniente inquieta a los ciudadanos. El pasado enero Franco A. voló hacia Viena, donde compró una pistola ilegal y posteriormente la escondió en un lavabo del aeropuerto de la capital austríaca. También robó hasta 1.000 cartuchos de munición para prácticas de tiro del Ejército, como aseguró el inspector general militar Volker Wieker. La policía vienesa fue alertada del hallazgo de la pistola y tras pararle una trampa detuvo al sujeto pero la falta de antecedentes y pruebas suficientes le llevaron de nuevo a la calle. Las autoridades alemanas vieron que esas huellas dactilares pertenecían al refugiado sirio. Primero pensaron en una estafa al Estado para poder cobrar subsidios por dos bandos, pero el descubrimiento de las charlas racistas con su cómplice llevaron a la detención final.

TENSIÓN ENTRE BERLÍN Y LA CÚPULA MILITAR

La detención de Franco A. fue seguida por la de al menos otros cinco militares vinculados a una célula militar de extrema derecha, un sonado golpe público al Ejército que forzó a la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, a aplazar una visita oficial a los Estados Unidos y a emitir un duro comunicado que ha levantado ampollas en la cúpula militar teutona. En este mensaje, la máxima responsable del Bundeswehr denunció la “falta de actitud” y la “debilidad de mando en varios niveles”, unas palabras que han puesto a plana mayor en su contra.

Más allá de esas tensiones, Von der Leyen ha sido duramente criticada por los “varios errores” que el Ejecutivo alemán ha cometido. El hecho de que un militar pudiese hacerse pasar como refugiado durante hasta 16 meses para planear ese atentado hace que muchos ciudadanos se pregunten cómo Berlín es incapaz de destapar una estafa tan grotesca.

Por si esto fuera poco, las autoridades también han sido reprobadas después que las primeras investigaciones sobre el sospechoso en 2014 desestimasen como prueba las advertencias del colegio militar en el que asistió de que su tesis final ya presentaba conceptos nacionalistas y xenófobos como el de la "pureza racial". El caso fue archivado y pudo convertirse en soldado profesional. En medio del escándalo, Von der Leyen propuso reformar el Decreto de Tradiciones del año 1982 que permite la exhibición objetos de la era nazi con su "contexto histórico" así como agilizar el proceso interno de denuncias.

HERENCIA DEL NAZISMO

La falta de actuación de las autoridades ante esos conocidos coqueteos con la extrema derecha del teniente atizaron aún más el fuego de la crisis interna del Ejército y abrieron de nuevo al debate público a existencia de grupos radicales organizados entre sus filas, un espinoso tema que no es nuevo en Alemania. Las últimas investigaciones apuntan que los detenidos basaban su amistad en su ideología ultraderechista y que podría incluso tratarse de una célula terrorista.

“El Ejército alemán tiene un problema estructural con ultraderechistas en sus filas”, denunció el portavoz de Defensa socialdemócrata, Rainer Arnold. Una herencia que, como apunta el periodista Rafael Poch en ‘La quinta Alemania’, se debe a que “el Bundeswehr estuvo fundado y compuesto por criminales de guerra” del Ejército nazi y las SS.

Como recuerda el diario ‘Die Zeit’, otros casos parecidos como el de Uwe Mundlos ya inquietaron a Alemania. Durante los años 90 este fanático de Adolf Hitler no tuvo ningún problema en formar parte del Ejército. Una década después, fue una de las caras visibles de la organización terrorista neonazi NSU, responsable del asesinato de seis inmigrantes y una mujer policía. Actualmente, los servicios de inteligencia del Ejército investiga hasta 280 casos sospechosos de racismo y antisemitismo. Entre 2012 y 2016 se expulsó a 18 soldados ultraderechistas.

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