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La apuesta de Trump por armar a los kurdos de Siria sacude Turquía

La posibilidad de que el armamento prometido por EEUU a los kurdosirios para luchar contra los yihadistas termine en manos de los kurdos de Turquía irrita a Ankara

Javier Triana

Convoy de fuerzas kurdas y de EEUU en Darbasiya, junto a la frontera entre Siria y Turquía.

Convoy de fuerzas kurdas y de EEUU en Darbasiya, junto a la frontera entre Siria y Turquía. / REUTERS / RODI SAID

La madeja siria se enreda más si cabe. El reciente anuncio de Washington de proveer de armamento a las milicias kurdosirias de las Unidades de Protección Popular (YPG) como parte de la estrategia en la lucha contra el Estado Islámico (EI) ha irritado fuertemente a Turquía, socio regional de Estados Unidos y que considera a las YPG un grupo terrorista afiliado al grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que combate al Estado turco desde los años 80.

El anuncio de la Administración Trump no sorprende, ya que el secretario de Estado de EEUURex Tillerson, se mostró ambiguo a más no poder durante la visita que efectuó a suelo turco a finales de marzo: “Debatimos las opciones que tenemos disponibles”, dijo entonces Tillerson tras reunirse con varios miembros del Gobierno turco. “Son opciones difíciles. Déjenme ser franco: no es fácil. Habrá que tomar decisiones complicadas”, agregó, en un malabarismo dialéctico que dejó entrever que la opción de las YPG no se descartaba en absoluto.

Aunque por el momento no ha trascendido el tipo de armamento que EEUU tiene en mente enviar al norte de Siria (zona que controlan las YPG, excepto un tramo que la oposición siria ha recuperado gracias al apoyo militar de la vecina Turquía), el diario turco 'Hürriyet' habla de “armamento pesado”. Pesado o no, Ankara no quiere oír hablar de unas YPG reforzadas, por un posible impacto beneficioso para el PKK. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha pedido a EEUU que "rectifique inmediatamente este error". “Cualquier iniciativa para armar, directa o indirectamente, al PKK es inaceptable para nosotros”, ha dicho el primer ministro, Binali Yildirim. “El resultado de una decisión negativa no solo afectará de manera negativa a Turquía, sino también a EEUU”, ha apostillado.

EL ASALTO A RAQQA

El ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Mevlut Çavusoglu, ha recalcado la ecuación, solo que ha limitado el daño al territorio turco: “Tanto el YPG como el PKK son organizaciones terroristas. No hay diferencia, solo el nombre es diferente. Cada arma que obtienen es una amenaza para Turquía”. Además, Çavusoglu ha sugerido que sean las facciones árabes de las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias las que entren en Raqqa y no los kurdosirios del YPG, que lideran esa coalición y han demostrado ser los más eficientes en el combate contra el EI.

Por su parte, el portavoz de la YPG, Redur Xelil, ha celebrado que, a partir de esta “histórica decisión”, sus milicianos “jugarán un papel más importante en la lucha contra el terrorismo y a un ritmo mayor”.

El equilibrio de alianzas es complicado, máxime cuando se trata de los últimos retoques para el asalto a la ciudad siria de Raqqa, autodesignada capital de los yihadistas, una operación que el bando aliado cree clave para hacer que el EI se desmorone y en la que ningún partícipe quiere dejar de colgarse una medalla.

VIAJE DE ERDOGAN

Pero la posibilidad de que una carambola se traduzca en más armas para el PKK ha logrado que hasta el opositor Partido Republicano Popular (CHP, socialdemócrata laico) dé su apoyo al Gobierno turco. Varios diputados de este grupo han criticado el anuncio de EEUU e incluso uno de ellos, Bülent Tezcan, ha sugerido que Erdogan debería cancelar su visita a EEUU, donde se reunirá con Donald Trump.

Para tratar de apaciguar los ánimos, el secretario estadounidense de Defensa, Jim Mattis, ha dicho que Washington “trabajará muy de cerca con Turquía para apoyar su seguridad en la frontera sur”. “Es la frontera sur de Europa, estaremos muy conectados”, ha apuntado.