ESTADOS UNIDOS

Los senadores republicanos rechazan la reforma sanitaria de Trump

'Trumpcare' fractura a los conservadores y queda en el aire ante la intención del Senado de reescribir la ley

Trump y el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, tras la aprobación de la reforma sanitaria, este jueves.

Trump y el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, tras la aprobación de la reforma sanitaria, este jueves. / AP / EVAN VUCCI

Se lee en minutos

Poco después de que el plan republicano para reformar la sanidad se aprobara en la Cámara baja del Congreso, los congresistas conservadores se subieron al autobús para celebrar la proeza con el presidente en la Casa Blanca. Donald Trump les dio la mano y los abrazó. “Vaya grupo de gente”, dijo eufórico después de que sus correligionarios le jalearan. Para buena parte del país, incluidos muchos senadores republicanos, no había casi nada que celebrar. En plena epidemia de opioides, 'Trumpcare' dejará de cubrir los tratamientos de drogodependencia; pacientes con cáncer y niños con enfermedades crónicas verán como los precios de sus pólizas se disparan; y millones de personas perderán posiblemente el acceso a la sanidad. Todo un drama.

Esos son algunos de los elementos de la ley que preocupan a los republicanos del Senado, la cámara donde se decidirá la suerte de la reforma que aspira a reemplazar a 'Obamacare'. Los senadores tienden a ser más moderados que los congresistas porque no representan a pequeñas regiones (distritos electorales) sino a toda la población del estado al que pertenecen. Y ya han dejado claro que no les convence nada la ley elaborada por sus colegas de la Cámara de Representantes. De hecho, en lugar de enmendarla con algunos cambios, han anunciado que pretenden reescribir la reforma. “Vamos a redactar una ley en el Senado, en lugar de aprobar la de la Cámara de Representantes”, ha dicho el senador Lamar Alexander. “Cogeremos las buenas ideas que encontremos para conseguir nuestros objetivos”.

SIN ALTERNATIVA

El anuncio pone pausa a las intenciones de Trump y sus correligionarios de la Cámara baja, ansiosos por obtener alguna victoria legislativa y demostrar que están capacitados para gobernar tras ocho años de presidencia demócrata. Lo cierto, sin embargo, es que tras pasarse el mandato de Obama criticando hasta la extenuación la reforma sanitaria han demostrado que no tenían nada clara la alternativa. Su primer intento fracasó, y este segundo ni siquiera ha generado consenso en su partido. “Ya he dejado claro que no apoyo la ley tal y como está construida”, ha dicho el senador por Ohio, Rob Portman, uno de los estados más golpeados por la crisis de fármacos opioides, que está matando a miles de estadounidenses. Portman añadió que no la apoyará hasta que la ley garantice que los ciudadanos afectados por la epidemia siguen recibiendo tratamientos.

Te puede interesar

Hay otros argumentos esgrimidos por sus colegas. Como los planes para dejar sin financiación a Planned Parenthood, las clínicas de planificación familiar que atienden especialmente a mujeres de bajos ingresos, y que los republicanos quieren cerrar porque también realizan abortos. O la cláusula para recortar un cuarto del presupuesto de Medicaid, el programa público de asistencia sanitaria a los pobres y discapacitados, del que dependen más de 70 millones de estadounidenses. O el hecho de que nadie sepa el impacto que tendrá la ley porque los conservadores no han esperado a la evaluación de la Oficina de Presupuestos del Congreso, que al analizar la versión previa de 'Trumpcare', estimó que 24 millones perderían la cobertura durante la próxima década. Algunos congresistas han reconocido que respaldaron la ley sin haberla leído si quiera. 

“Como todos vosotros, voy a esperar a ver si es niño o niña”, ha ironizado Lindsey Graham. Para que la ley de la Cámara baja pase el Senado, se necesita el apoyo de 50 de los 52 senadores republicanos, un umbral que a estas alturas se antoja inalcanzable.