CONFLICTO EN EL DONBASS

La guerra olvidada de Europa

Pese al alto el fuego, la población que vive junto al frente bélico en el este de Ucrania afronta a diario los bombardeos y los problemas humanitarios derivados del conflicto

Tres soldados ucranianos prorrusos caminan por el aeropuerto de Donetsk, destruido por la guerra en el 2015.

Tres soldados ucranianos prorrusos caminan por el aeropuerto de Donetsk, destruido por la guerra en el 2015. / AFP / ALEKSEY FILIPPOV

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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Los raíles están intactos, no así la catenaria, que presenta tramos con el hilo eléctrico cortado y pendiendo despreocupadamente desde sus ménsulas (soportes) sobre la vía y los lujuriosos prados del este de Avdiivka, en Ucrania oriental. Al fondo, emergiendo por el horizonte de esta linea férrea ahora en desuso, se divisan algunas construcciones elevadas: son los arrabales de Donetsk, la otrora capital regional, en manos de las fuerzas rebeldes prorrusas y, en consecuencia, al otro lado de la línea de frente

"Esto es de esta pasada noche, y esto también", indica un soldado ucraniano, señalando, primero un boquete en una abandonada carretera paralela, y después un enorme charco ennegrecido, con agua manando de una tubería rota. Son los daños provocados durante las horas de oscuridad por dos cohetes Grad, imprecisos proyectiles que una vez disparados pueden aterrizar en un rectángulo de 54.000 metros cuadrados.

Denis, quien regenta un colmado escasamente abastecido a unos centenares de metros del lugar de impacto, oyó todo lo sucedido durante la noche previa, una más de tantas vigilias sin pegar ojo desde que estalló, hace ya tres años, la guerra en el este de Ucrania.

En teoría, un alto el fuego en la zona se halla vigente desde hace más de dos años, en concreto desde la firma de los Acuerdos de Minsk en febrero del 2015. En la práctica, se ha reducido la intensidad de las hostilidades pero continúan los bombardeos diarios, lo que provoca un incesante goteo de muertos, y de paso destroza los nervios de los muchos lugareños que se han tenido que quedar porque carecen de recursos para instalarse en zonas más seguras.  

"PRÁCTICAMENTE LA TREGUA NO EXISTE"

"Prácticamente la tregua no existe, en febrero fue muy durofebreromuy duro; durante 18 días no cesaron los bombardeos", explica el tendero, quien se niega a mencionar su apellido. Su negocio se ha visto muy afectado por la guerra, ya que normalmente se aprovisionaba de productos en la cercana Donetsk. Las circunstancias actuales le obligan a recorrer 60 kilómetros para comprar lo que luego acaba vendiendo a los vecinos del barrio.

Valentina Redko ha perdido a su marido precisamente durante este teórico cese de hostilidades violado hasta la saciedad desde su proclamación. Fue en enero pasado, durante uno de esos picos de violencia que sacuden periódicamente a la línea de frente; un proyectil cayo en las inmediaciones de la parada de trolebús donde ambos esperaban, matando a algunos locales, provocando una apatarosa herida en el brazo de su esposo Viktor y contusiones a ella misma.

Sumida en un llanto desgarrador, Valentina apenas consigue hacerse entender. "Fue el 7 de enero; lo tuve que cuidar en casa porque no había ningún hospital al que pudiera llevarlo, murió en su cama, por el frío; hacía -17 grados y no había calefacción", explica una y otra vez, salvando a duras penas su cojera con la ayuda un bastón y secándose las lágrimas con las manos.

Tres años de continuos bombardeos con armas de escasa precisión han acabado por mermar la salud psicológica de los lugareños. Svetlana Zavgarol, madre soltera de 35 años, ha tenido que llevar a su hijo Egor, de 3, a ser examinado y tratado por un psicólogo de la oenegé estadounidense Adra. "No lo puedo dejar a solas; si se despierta y ve que no estoy cerca, tiene un ataque de pánico". De mirada huidiza, Egor desconfía de los extraños, y se niega a mirar a la cámara fotográfica, pese a los encarecidos ruegos maternos.  

"NIVEL DE VIOLENCIA CONSTANTE"

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC) es una de las organizaciones humanitarias más activas en la guerra de Ucrania. Mantiene tres delegaciones en localidades bajo control del Gobierno de Kiev, y otras dos en territorio de los insurgentes. El coordinador de la subdelegación de Sloviansk, Rory Conway-Moylan, comparte la opinión de que la guerra "continúa", pese al alto el fuego en vigor.

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"Hay un nivel de violencia constante; y existen consecuencias humanitarias derivadas del conflicto: hay civiles que mueren, tiene (la guerra) un impacto significativo en la economía local y afecta los movimientos de la población local", explica. "En el este de Avdiivka", continúa, "la guerra es una realidad diaria".

No obstante, la redución de las hostilidades ha permitido que algunas localidades junto al frente hayan reaparecido los mercados. El CIRC aprovecha la ocasión para suministrar, en lugar de alimentos como antaño, "ayuda económica" a los civiles, "incluyendo dinero en metálico" que permite a los afectados "sufragar sus necesidades básicas". Al tiempo, "apoya a las autoridades de Sanidad", tanto en "situaciones de emergencia cuando se intensifican los combates" como "paliando enfermedades crónicas", explica Conway-Moylan.