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ENTREVISTA

"En las cárceles de Asad han desaparecido cerca de 80.000 detenidos"

Noura Ghazi, abogada siria de derechos humanos, denuncia el sufrimiento de las mujeres que, como ella, han perdido el rastro de sus maridos en las mazmorras del régimen

Martí Benach

Noura Ghazi, durante una visita reciente a Barcelona, invitada por Amnistía Internacional.

Noura Ghazi, durante una visita reciente a Barcelona, invitada por Amnistía Internacional. / FERRAN SENDRA

Noura Ghazi (Damasco, 1981) decidió hacerse abogada cuando el régimen de Hafez el Asad, padre del actual dictador, encarceló a su padre por actividades sindicales no autorizadas. Tenía entonces cinco años. Desde el 2004, con Bashar en el poder, ha dedicado su vida a defender a los detenidos arbitrariamente y a los desaparecidos bajo custodia. Su propio marido, Bassel Khartabil, ingeniero informático y conocido activista por la libertad de expresión, fue arrestado por la policía de Asad al año de estallar la guerra, y desapareció sin dejar rastro el 3 de octubre del 2015, tras recalar en las tenebrosas cárceles sirias. Noura sigue luchando incansablemente por su caso y por el de miles de detenidos, secuestrados o desaparecidos en todos los bandos, uno de los grandes dramas del atroz conflicto de Siria.

-¿Hasta qué punto han aumentado las detenciones, las desapariciones y las muertes en las cárceles de Asad durante la guerra?

-Se han más que duplicado. En la dictadura del padre de Asad, la lucha más dura en el ámbito de los derechos humanos ya era por los detenidos y desaparecidos. La revolución [del 2011] estalló precisamente por los detenidos políticos, cuando exigimos su liberación. Pero empezaron a aumentar día a día, y en los centros de detención se agravaron los malos tratos, las torturas y las muertes. Nadie conoce ahora el número total de desaparecidos, pero se acerca a los 80.000…

-¿Cuántas personas han sido detenidas y han desaparecido bajo el régimen de Asad?

-No puedo darle un número exacto, pero según la documentación recopilada por organizaciones locales e internacionales, hay casi 300.000 detenidos y desaparecidos. Según esta misma documentación, podemos considerar que el 30% han muerto.

-Las atrocidades del Estado Islámico han sido utilizadas para esconder esta situación. ¿Son igualmente responsables el régimen y los grupos rebeldes y yihadistas de las violaciones de derechos humanos contra los civiles?

-Sí, absolutamente. Los grupos armados no han detenido a tantas personas como el régimen de Asad, pero también han ejercido violencia y han cometido muchos crímenes. No hay diferencia entre ellos, y deberían ser perseguidos de la misma manera.

-Su marido está entre estos miles de desaparecidos. ¿Cuándo le vio por última vez?

-En el 2015, en mi cumpleaños, el 30 de septiembre. Tres días después, me llamó desde la prisión y me dijo que le iban a trasladar, pero no sabía adónde. Luego supe que la policía militar lo había llevado ante un tribunal de excepción, y se rumoreó que fue condenado a muerte. El Gobierno no lo negó ni lo admitió. No he vuelto a saber nada más de él.

-Ninguna respuesta pese a que removió cielo y tierra, incluso en contacto con gobiernos occidentales, para obtener alguna información. ¿Teme por la vida de Bassel?

-Sí, por supuesto, pero créame si le digo que no tengo un Bassel en Siria, tengo miles de Bassels. Mi problema no es personal, he perdido a la mayoría de mis amigos durante este conflicto. Estoy sufriendo, pero no soy la única. Miles de esposas sufren lo mismo, y necesitan una solución. Por ello hemos establecido un grupo de familias por la libertad en Ginebra, donde hay un tribunal civil dedicado a asuntos legales y humanitarios al que  pedimos tres cosas: averiguar por qué somos castigadas como familias ocultando información sobre nuestros seres queridos, mejorar las condiciones de vida de los prisioneros y abolir los tribunales de excepción. No pedimos la liberación de los detenidos, tan solo justicia.

-Por su activismo le han llamado la “abogada de la oposición”.

-A la oposición, en realidad, no le importa esta lucha. En eso no se diferencia del régimen, así que decidimos llevarla a cabo nosotras. Se trata de nuestros familiares, nuestros seres queridos, y debemos luchar por ellos. Queremos evitar que nadie tenga que vivir este sufrimiento, y por esto nuestro grupo está abierto a todos los bandos. No pertenece a la oposición ni es un grupo opositor.

-¿Cómo ha influido en su labor la desaparición de Bassel?

-De forma positiva. He pasado 23 años de mi vida visitando la prisión central de Damasco, pero desde que Bassel desapareció no he podido ir más porque no puedo imaginar entrar y no verle allí. Pero pertenezco a esta prisión, en realidad es mi mundo... Por otro lado, ha sido muy positivo para mi trabajo porque ahora tengo sentimientos más fuertes y más comprensión por las familias que están sufriendo lo mismo. Eso me permite ayudarlas más. Y he descubierto que tengo una gran capacidad de perdonar…

-¿Y cómo le ha afectado en su vida personal?

-He descubierto que mi caso es Siria, no Bassel. Mi marido es una pequeña parte de Siria, y mi objetivo es Siria. Si lo han matado, estoy dispuesta a perdonar. Todas las partes han hecho muchos sacrificios. Con este tipo de perdón estaríamos juntos, pese a nuestras diferencias, por nuestro país. Estoy dispuesta a ayudar a cualquier mujer, incluso si es seguidora del régimen, para evitarle el mismo dolor. Ahora valoro más cada instante, porque no sé cuándo, dónde ni cómo voy a morir o a perder a seres queridos. Soy más honesta y clara a la hora de expresar mis sentimientos, tengo más capacidad de disculparme y me siento más fuerte. No me importa lo que me pueda suceder. He descubierto que estoy muy arraigada a mi país y que no puedo vivir fuera de Siria.

-Sin embargo, sigue durmiendo mal por las noches.

-A veces no duermo nada. Tengo pesadillas terribles. Me siento sola, no me he acostumbrado a vivir sin Bassel. Especialmente cuando viajo, solía dormir con mi gato, y ahora no están ni Bassel ni el gato [sonrisa]. Otras veces siento que Bassel está junto a mí, en la misma cama. Para mí, no está ausente, sigue vivo, me inspira y comparte nuestros sueños sobre Siria y sobre nosotros. Tengo que salir adelante y hacer realidad sus sueños, y eso me hace sentir mejor. También sé que debo ayudar a otras familias que no tienen la misma visión. Por eso escribí un libro, Waiting (Esperando), para ayudar a otras mujeres a administrar la espera de sus seres queridos. Bassel lo tradujo al inglés desde la prisión y lo publiqué dos meses después de su desaparición.

-¿Es posible conseguir resultados como abogada de derechos humanos en las cárceles en medio de una guerra tan sangrienta?

-Por supuesto. Los que nos dedicamos a esto hemos defendido a más de un millar de personas, y la mitad han sido liberadas, aunque no siempre fuera por nuestra causa, sino por acuerdos del régimen con otros grupos. Pero no se trata solo de la liberación de presos. Intentamos que se sientan mejor y puedan sacar algún provecho de la dura experiencia en la cárcel. En las prisiones civiles, Bassel y yo hicimos muchas cosas por ellos. Bassel enseñaba a muchos a leer y escribir, y también inglés. Algunos publicaron sus propias historias, otros aprendieron a pintar...

-Después de seis años de guerra, pese a la propaganda oficial, el conflicto sirio parece estancado. ¿Cuáles son sus sentimientos al respecto? ¿Cuándo se acabará?

-No se acabará, porque nadie quiere acabarlo... Es triste ver lo que está sucediendo. Nos han robado la revolución. Queríamos libertad de expresión, una auténtica sociedad civil,  una verdadera democracia. Avisamos del peligro de las armas, del extremismo y de la división religiosa, pero desafortunadamente fue lo que ocurrió. Ahora los príncipes de la guerra (el régimen, grupos armados y parte de la oposición) están negociando en Ginebra, y sabemos que habrá un Gobierno de unidad, rechazado por el pueblo sirio, en el que se eludirá la cuestión de los derechos humanos. Es decepcionante. Quizá se consiga una paz parcial en la mayoría de Siria, pero nuestra revolución no era para eso. Queremos justicia, y no la vemos por ninguna parte.

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