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Francia: 'Tout est possible'

Los franceses acuden a la primera vuelta de las elecciones presidenciales más abiertas que se recuerdan

Los electores votarán bajo unas medidas extraordinarias de seguridad por la amenaza terrorista

Marta López

Los franceses están llamados a votar este domingo en unas elecciones presidenciales que servirán para pasar página a los cinco años de gobierno socialista. Cuatro candidatos parten con opciones de acceder a la segunda vuelta, si bien pocos se atreven a pronosticar un resultado que podría estar marcado por los indecisos y el miedo al terrorismo. / VIDEO EUROPA PRESS

Incierta, inaudita, imprevisible. Así se presenta la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, en la que con un suspense absoluto, 47 millones de electores deben elegir a los dos candidatos que el próximo 7 de mayo se disputarán la jefatura del Estado en sustitución del impopular François Hollande. Por primera vez, cuatro candidatos están en la 'pole position' de esta carrera hacia el Elíseo y todo es posible al término de una jornada electoral también anómala porque se celebra bajo extraordinarias medidas de seguridad tras el atentado terrorista en los campos Elíseos el jueves, el último invitado en añadir incertidumbre y tensión.

Nada hasta ahora ha seguido el guion previsto en una elección presidencial: un presidente que no se presenta a la reelección para un segundo mandato, un legado que nadie defiende, unos candidatos votados en primarias –François Fillon en la derecha y Benoît Hamon en los socialistas- que no eran los que quería la dirección de los partidos, y un gran desconocido hasta hace dos años –Emmanuel Macron- convertido en favorito.

Todo puede pasar ahora desde que la izquierda quede eliminada para la segunda vuelta –como en el 2002 cuando Lionel Jospin fue desbancado por Jean Marie Le Pen- que ninguna de las familias -la republicana y la socialista- que se han alternado en el poder en la V República quede clasificada y, en la mayor de las transgresiones posibles, que los franceses deban elegir entre los dos extremos populistas: el de la extrema derecha que encarna Marine Le Pen y el de la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon. Un escenario de surrealista pero no imposible y que sería la victoria del voto de la ira y contra las élites políticas, el mismo que dio la victoria a los partidarios del ‘brexit’ en el Reino Unido o a Donald Trump en EEUU.

INDECISOS Y ABSTENCIONISTAS

Los cuatro candidatos llegan la cita con las urnas situados en una horquilla de seis puntos según los últimos sondeos, con Macron en cabeza. Muy por detrás sigue a este pequeño pelotón el socialista Benoît Hamon. Pero la encuesta recoge también un inédito nivel de indecisos –entre el 27% y el 28%- y un porcentaje similar de abstencionistas.

Indecisión que es mayor entre el electorado de la izquierdacomo ha podido comprobar este diario en la calle, dividida entre Hamon –abandonado por la dirección de Partido Socialista- el ‘insumiso’ Mélenchon y Macron, “ni derechas ni de izquierdas”. El fantasma de una segunda vuelta entre Fillon y Le Pen puede llevar a Macron a ser el gran beneficiado del voto progresista, a la vez que atraer a conservadores en desacuerdo con la línea dura de Fillon, imputado además por desvío de fondos públicos.

Mucho menos volátil es el electorado de Le Pen, que aspira a entrar en la segunda vuelta por la puerta grande, no como su padre en el 2002, que lo hizo por un puñado de votos. La historia, la geografía y la lógica electorales van en contra de su victoria pero los tiempos han cambiado y con ellos la percepción de buena parte de los electores de un partido, el Frente Nacional, que Marine Le Pen ha dulcificado. “Le hado una imagen más atractiva, menos sexista y sobretodo lo ha alejado de la línea roja del antisemitismo pero es un cambio retórico porque las ideas son las mismas”, dice en una entrevista a EL PERIÓDICO Nonna Mayer, conocida investigadora y politóloga francesa del Instituto Sciences Po

Ideas que combinan la defensa de la ley y el orden con el rechazo a la inmigración y mano dura contra el terrorismo. Un discurso reactivado con el atentado de los campos Elíseos en el que murió un policía. El último mazazo en un país que suma más de 230 muertos en dos años y vive desde noviembre del 2015 bajo el estado de emergencia.

Los franceses votarán bajo medidas de seguridad excepcionales –vigilados por 50.000 policías y 7.000 militares- azotados por el terrorismo que no cesa, castigados por una crisis económica que el quinquenio de un Hollande en el que pusieron tantas esperanzas no ha reparado, y pedidos entre la división de la izquierda y espantados ante la corrupción de la derecha. La tormenta perfecta. Solo hay que ver donde descargará.

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