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LA CARRERA AL ELÍSEO

El socialismo francés, en vías de descomposición

La probable derrota de Hamon en las presidenciales augura una gran crisis en el partido tras el impopular mandato de Hollande

Eva Cantón

Hamon sujeta un balón de rugbi durante una visita de campaña a Aignan, el 17 de abril.

Hamon sujeta un balón de rugbi durante una visita de campaña a Aignan, el 17 de abril. / REUTERS / REGIS DUVIGNAU

Sea cual sea el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas que se celebran el próximo domingo, el socialismo francés saldrá herido de muerte. Vapuleado por el impopular mandato de François Hollande y fracturado en corrientes irreconciliables, el partido que François Mitterrand forjó en 1971 se dirige a pasos agigantados hacia la descomposición.

En las primarias celebradas el pasado mes de enero, los militantes le dieron la espalda a la línea reformista e institucional encarnada por el exprimer ministro Manuel Valls y auparon a Benoît Hamon al rango de candidato oficial.

Sin embargo, el ‘rebelde’ ministro de Educación, representante del ala izquierda del partido y muy crítico con la deriva liberal del presidente, no ha logrado durante una campaña cuando menos errática convencer a los electores para garantizarse su pase a la final. Los últimos sondeos le sitúan quinto con una intención de voto que ronda el 8%.

El candidato que ha hecho bandera de la renta única universal no ha tenido el apoyo del aparato del partido y ha sido víctima de la hemorragia hacia el campo del centrista Emmanuel Macron y del ascenso de Jean Luc Mélenchon.

Al frente de su movimiento La Francia Insumisa, el antiguo troskista y exministro de Lionel Jospin ha logrado atraerse el voto útil de la izquierda y aspira a colocarse como su principal referente en un tablero político en plena recomposición.

DESEO DE RENOVACIÓN

El joven exministro de Economía, por su parte, ha interpretado bien el deseo de renovación de la sociedad francesa y las ventajas de alejar su plataforma En Marcha de la tradicional división ideológica entre izquierda y derecha.

También ha captado el voto útil de una parte del electorado socialista, además de contar con el apoyo de pesos pesados del Ejecutivo y tácitamente, del propio Hollande. El respaldo de Manuel Valls, evidenciando la ruptura definitiva con Hamon, sumió al partido en el caos y precipitó el camino hacia la escisión. En las elecciones legislativas de mediados de junio se verá la nueva relación de fuerzas, aunque la suerte del PS se decidirá en el Congreso de septiembre.

“Habrá una recomposición después de las presidenciales. Hay que abrir el debate del Partido Socialista, un debate en el que se tiene que decidir sobre temas de fondo”, admitía el diputado Malek Boutih, próximo al exprimer ministro, que acusa a Benoît Hamon de “firmar el fin del PS” al hundirse en los sondeos.

Más allá de las luchas fratricidas, lo que está en juego es el futuro del partido. Desde que Hollande alcanzó el Elíseo en mayo del 2012, no ha dejado de perder peso en cada cita con las urnas. Los militantes están desorientados y los electores, decepcionados. Muchos se sienten traicionados.

EL FINAL DE UN CICLO

“Hay razones para decir que la situación de la izquierda en este principio del siglo XXI no es precisamente brillante. El Partido Socialista, que desde los años 80 se convirtió en el partido dominante, está minado por contradicciones internas que la anunciada derrota electoral no hace más que reforzar”, sostiene en ‘La Gauche à la agonie’ el sociólogo Jean-Pierre Le Goff.

En su opinión, culmina un ciclo histórico en medio de la división y el caos. “La izquierda agoniza y son los fundamentos de su doctrina los que están en cuestión”, agrega.

El sociólogo apunta algunas razones que explican esta agonía. En primer lugar, la falta de respuestas ante la globalización, el paro y la deshumanización del trabajo. En segundo lugar, su incapacidad para abordar el malestar ligado a la identidad y la inseguridad cultural frente al desafío del islamismo y la inmigración.

La crisis es general en la socialdemocracia europea. Pero la singularidad francesa es que el Partido Socialista está aprisionado entre Mélenchon a su izquierda y Emmanuel Macron a su derecha.

Como Podemos en España, Syriza en Grecia o Die Linke en Alemania, La Francia Insumisa prospera gracias a las críticas de la socialdemocracia tradicional, acusando a los partidos que la representan de hacer las mismas políticas que la derecha y de formar parte del sistema, analiza en 'Le Monde' Marc Lazar, director del Centro de Historia de Sciences Po.