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Crece la tensión entre Rusia y EEUU tras el ataque estadounidense a Siria

Washington coloca la salida de Asad entre sus prioridades pero con mensajes contradictorios mientras que Rusia e Irán prometen responder "con fuerza" a "agresiones" y elevar su apoyo a Damasco

Idoya Noain

Combatientes de las Fuerzas Democráticas de Sirias posan este domingo subidos a un avión de combate desmantelado tras tomar el control del aeropuerto militar de Tabqa, que estaba en manos del Estado Islámico.

Combatientes de las Fuerzas Democráticas de Sirias posan este domingo subidos a un avión de combate desmantelado tras tomar el control del aeropuerto militar de Tabqa, que estaba en manos del Estado Islámico. / REUTERS / RODI SAID

Desde que Estados Unidos atacó en la madrugada del viernes una base aérea de las fuerzas de Bashar el Asad en Siria Donald Trump y su Administración han insistido en que se trató de una operación “medida” que lanzaba al régimen de Damasco el mensaje de que Washington no tolerará ataques con armas químicas. En esos 59 misiles Tomahawk, no obstante, había más mensajes, incluyendo uno de presión a Moscú, y ese no ha dado en la diana. Al contrario, la intervención ha provocado una escalada de tensión que se ha plasmado este domingo en una advertencia del mando conjunto de fuerzas extranjeras que apoyan a Damasco, lideradas por Rusia e Irán, de que responderán “con fuerza” si se producen nuevas acciones militares.

“Lo que EEUU ha perpetrado es una agresión a Siria que cruza líneas rojas. A partir de ahora responderemos con fuerza a cualquier agresor o a cualquier cruce de líneas rojas de quien quiera que sea”, reza un comunicado de ese mando militar, del que junto a Moscú y Teherán forman parte también milicias chiíes como Hezbolá. “América conoce bien nuestra capacidad de responder”, dice el texto, publicado en 'Ilam al Harbi' y recogido por Reuters.

También este domingo el Kremlin ha anunciado que el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo iraní, Hassan Rohani, han mantenido una conversación telefónica en la que han coincidido en calificar las “agresivas acciones” de EEUU como “inadmisibles” y en “violación de las normas de derecho internacional” y se han mostrado “preparados para profundizar su cooperación” en apoyo a Asad en el conflicto.

MENSAJES DIVERGENTES SOBRE ASAD

Esos mensajes, y particularmente los de Moscú, confirman la arriesgada apuesta que Trump ha realizado con la acción, ya no solo militarmente sino por su efecto en las complejas y delicadas relaciones con Rusia. Y a la creciente tensión con Moscú se le suma el problema de la falta de un mensaje coherente de la Administración estadounidense sobre su doctrina para Siria y, en particular, sobre el futuro de Asad.

En apariciones en varios programas políticos este domingo tres altos cargos del gobierno han hablado con distinta intensidad del papel de Asad y de un cambio de régimen. La más contundente ha sido la embajadora de EEUU ante Naciones Unidas, Nikki Haley, que aunque en declaraciones a CNN ha dicho que EEUU tiene “múltiples prioridades” y ha reconocido que “sacar a Asad no es la única”, ha asegurado también que EEUU “no ve una Siria en paz con Asad” en el poder. “El cambio de régimen es algo que creemos que va a pasar porque todas las partes van a ver que Asad no es el líder que Siria necesita”, ha declarado. En otra entrevista a la NBC ha ido aún más lejos y ha afirmado que EEUU quiere asegurarse de “impulsar” el proceso de transición política.

Mucho más matizado ha sonado en dos apariciones en CBS y ABC el secretario de Estado, Rex Tillerson, que insiste en que la prioridad de EEUU “realmente no ha cambiado” y sigue siendo “primero y ante todo” la derrota del Estado Islámico. “Creo que el tema de cómo se sostiene el liderazgo de Bashar el Asad o cómo se marcha es algo que trabajaremos con aliados y otros en la coalición”, ha dicho el exdirectivo de Exxon Mobil.

Tillerson también ha mostrado su apuesta porque “a través del proceso político la gente de Siria podrá decidir legalmente el destino de Asad” y ha alejado la idea de impulsar su derrocamiento. “En Libia vimos qué pasa cuando se emprende un cambio de régimen violento y creo que debemos aprender las lecciones del pasado y de qué salió mal en Libia cuando elegimos el camino de cambio de régimen”

Ha sido el asesor de seguridad nacional de Trump, el general H. R. McMaster, quien en una entrevista en Fox ha tratado de unificar el mensaje, negando que existan contradicciones. “Es muy difícil entender cómo la continuación del régimen de Asad es una solución política”, ha declarado. “No decimos que nosotros seamos quienes van a efectuar ese cambio”.

PRESIÓN SOBRE MOSCÚ

McMaster y Haley se han encargado igualmente de elevar la presión sobre Rusia por su apoyo al régimen de Asad, y lo han hecho también con distintos niveles de intensidad. El militar, más suave, ha asegurado que “Rusia podría ser parte de la solución” y ha instado a Moscú a hacerse las “preguntas difíciles” sobre su apoyo a un “régimen asesino que está cometiendo asesinatos en masa de su propia población y usando las más odiosas armas disponibles”. Haley, en NBC, ha usado un tono más amenazante al decir que EEUU va “a dejar a Rusia saber que no vamos a permitir que protejan más al régimen” de Asad.

La embajadora ante la ONU ha llegado incluso a sugerir que Rusia pudo tener que ver en el ataque con armas químicas del martes en la provincia de Idleb, el ataque que Trump y su Administración han atribuido directamente a Asad y en cuyo castigo lanzaron su acción militar. Tillerson, que esa semana viaja a Moscú, ha negado ese extremo. “No he visto pruebas contundentes que conecten a Rusia directamente a la planificación o ejecución de este ataque con armas químicas concreto”, ha dicho.

La disonancia del mensaje puede tener explicaciones diplomáticas. Mientras Haley actúa como la voz más feroz de la Administración de Trump, con el altavoz de Naciones Unidas, Tillerson tiene que sentarse a negociar con su homólogo ruso, Sergei Lavrov. Y pretende hacerlo, ha dicho, con espíritu “constructivo”.