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DECLARACIONES POLÉMICAS

La lideresa birmana y premio Nobel de la Paz Suu Kyi niega la limpieza étnica de los rohingya

La ministra de Exteriores y presidenta de facto de Myanmar admite tan solo "problemas" con esta comumidad, una de las más castigadas y reprimidas del mundo

Adrián Foncillas

Campo de desplazados rohingya destruido tras ser incendiado.

Campo de desplazados rohingya destruido tras ser incendiado. / REUTERS / SOE ZEYA TUN

En Myanmar no existe la limpieza étnica sobre la minoría étnica de los rohingya, ha aclarado hoy la lideresa birmana Aung San Suu Kyi. Puede haber “problemas”, ha admitido la Nobel de la Paz, pero lo de limpieza étnica es un término “demasiado duro para describir lo que está pasando”, ha añadido en una entrevista en la cadena británica BBC.

El problema en el Estado birmano de Rakhine donde se concentra el grueso de los rohingya es que “hay demasiada hostilidad”, juzga la ministra de Exteriores y presidenta de facto de Myanmar. “También hay musulmanes matando a musulmanes si creen que colaboran con las autoridades”, señala. “Hay mucha gente en bandos enfrentados y esa división es la que estamos intentado cerrar”, prosigue Suu Kyi.

El paso de símbolo a política ha arrasado la reputación de la líder birmana, ensalzada durante sus años de encierro como un faro democrático por Hillary Clinton o Bono y hoy tercamente criticada por su silencio sobre el drama de los rohingya. También el mundo ha percibido equivocadamente su actitud, juzga Suu Kyi en una de sus escasísimas entrevistas. Sostiene que ha respondido a la pregunta sobre los rohingyas desde que los problemas arreciaran en Rakhine en 2013. “Los periodistas me preguntan, yo respondo y la gente dice que no digo nada. Sólo porque no hago las declaraciones que la gente quiere escuchar, condenando a una comunidad o a otra”.

CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

La situación de los rohingyas, probablemente la etnia más castigada del mundo, se agravó aún más después de la muerte de nueve policías el pasado año en un puesto fronterizo con Bangladesh. La venganza del Ejército birmano ha provocado la huída de 75.000 rohingyas para evitar lo que organizaciones de derechos humanos han descrito como una persecución en toda regla. Los supervivientes han denunciado ejecuciones, violaciones y quemas de poblados en un clima de impunidad que sugiere directrices políticas. Suu Kyi ha negado hoy que los militares tengan libertad “para violar, saquear o torturar”.

Zeid Raad al Hussein, Alto Comisionado para los Derecos Humanos de la ONU, acusó a principios de año al Ejército birmano de todo tipo de atrocidades que constituyen “con casi toda probablilidad” un crimen contra la Humanidad. El Gobierno birmano se ha opuesto a la comisión de la ONU y defendido la operación de sus militares.

Alrededor de un millón de rohingya vive en Myanmar desde hace siglos, pero las autoridades no les reconocen la ciudadanía birmana y les etiqueta como inmigrantes bengalíes. Muchos de ellos permanecen en campos de desplazados y sufren políticas discriminatorias como la privación de viajar. Su desesperación les empuja a menudo a subirse a precarios barcos gestionados por traficantes a la espera de que algún país los acepte.