10 ago 2020

Ir a contenido

LA GUERRA EN IRAK

A las puertas de Mosul

Decenas de miles de civiles huyen de la ciudad iraqui mientras el Ejército avanza pueblo a pueblo hacia los barrios de la urbe que todavía controla el Estado Islámico

RICARD GARCÍA VILANOVA / MOSUL

Un grupo de niños refugiados tras huir de la ciudad de Mosul. / RICARD GARCÍA VILANOVA

Un grupo de niños refugiados tras huir de la ciudad de Mosul.
Refugiados que han huido de la ciudad de Mosul

/

La escena es dantesca. Bajo estelas de humo marrón aparecen camiones que atraviesan pequeñas montañas en pleno desierto. Van repletos de niños, mujeres y hombres que llegan sin cesar procedentes  de la pequeña población de Qaryat Tall ar Rayyan, a las puertas de Mosul. Los gritos y los llantos se dibujan en sus caras de dolor empolvadas de arena. En el horizonte, largas colas de puntos se aproximan. Más civiles. Vienen escoltados por los característicos Humvees negros adornados con calaveras de la Golden Division. Esta unidad va en busca de las familias a medio camino. Los acercan a un pequeño campamento improvisado donde les ofrecen agua y comida. Ya se acumulan más de dos mil personas.

A lo largo de estos últimos días de ofensiva del Ejercito iraquí y la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, más de 200.000 personas han huido de Mosul. En su avance, las tropas gubernamentales se encuentraban este lunes muy cerca de un puente sobre el río Tigris que conecta el este de la ciudad con la parte oeste que controla los yihadistas del Estado Islámico.

Los hombres que acaban de bajar de los camiones que han llegado de Qaryat Tall ar Rayyan son separados del resto de civiles y colocados en fila. Muchos lucen barbas sin bigote. Acaban de escapar de Mosul, bajo control del Estado Islámico en los últimos meses, y aún no han tenido tiempo de afeitarse. Algunos saborean ahora el primer cigarrillo, cosa impensable dentro del califato. Estaba penado con multas y hasta con amputación de la mano. Esperan que les identifiquen, mientras los registran para ver si llevan armas o cinturones explosivos. “La situación con el Estado Islámico era terrible. Nos han destruido”, dice uno de ellos. Tres de ellos son apartados del grupo por ser sospechosos de pertenecer o colaborar con el grupo yihadista. Uno de ellos no para de llorar.

En otra cola están las mujeres y niños. Una anciana explica: "yo no vi nada, me quedé todo este tiempo encerrada en mi casa". Poco a poco se van reuniendo de nuevo las familias para partir todos juntos a su nuevo hogar. Unos autocares los trasladan a campos de refugiados. Según nos dice el General Amir, encargado de esta operación, los huidos de Mosul serán trasladados al campo de Hamma Malid, que es el único con capacidad para acogerles. 

CERRAR EL CERCO

Llegan civiles de muchas aldeas como Qaryat Tall ar Rayyan. La Golden Division tiene la misión de tomar esta población a fin de cerrar el cerco a los yihadistas que se encuentran en el interior de Mosul. Al mando está el Teniente General iraquí Abdul-Wahab al-Saad, un tipo atípico que da ejemplo a sus hombres, y a diferencia de muchos, participa sobre el terreno en la toma del pueblo. Deben entrar en todas las casas, para evitar que quede un solo yihadista. En el primer habitáculo, que era del Estado Islámico hace solo un rato, descubren una posición de francotirador. Una alfombra en el suelo y un agujero en la pared suficientemente grande para que entre el cañón del Dragonov (fusil ruso de largo alcance). Han quedado olvidados varios casquillos de balas y restos de comida.

Quedan pocos cuerpos de yihadistas en la población. Uno yace en la misma entrada de esta casa, abatido por un mortero. La mayoría de los que salieron vivos, huyeron a la parte norte de la ciudad, donde continúan asediados. A lo lejos se ven largas columnas de humo y el ruido de los morteros y ametralladoras es constante. Los civiles explican que pudieron escapar de sus garras porque justo cuando se vieron rodeados, huyeron sin mirar atrás. Las familias se quedaron encerradas en sus casas, y ahora reciben a los soldados con banderas blancas

Aún no están a salvo. El pueblo es un lugar peligroso. Cae un mortero justo en el momento que una familia atraviesa la vía principal. Solo la mitad sobrevive. El padre, cuando recupera el conocimiento, chilla de dolor. Otros compatriotas miran de consolarlo. Los entierran allí mismo. Rápidamente. Antes de que vuelvan a caer más morteros. Cavan un hoyo en un cementerio improvisado rodeado de una verja metálica en el centro del pueblo y los dejan reposar en paz. Cuando pensaban que lo habían dejado atrás, el  Estado Islámico aún los pudo alcanzar.